Triada de la atleta femenina

“Un seguimiento nutricional y de la historia menstrual de las adolescentes que realizan ejercicio físico ayudaría sin duda a poner el foco en los casos antes de que se desarrollen todas las alteraciones”, afirma la atleta internacional, y médico a su vez, Marta Pérez Miguel
Marta Pérez Miguel -
Triada de la atleta femenina
Triada de la atleta femenina

El término triada de la atleta femenina fue descrito en 1992 y hace referencia a la interrelación entre tres procesos: la disponibilidad de energía con la que cuenta nuestro cuerpo, la función menstrual y la densidad mineral ósea.

Estos tres conceptos están muy relacionados entre sí fisiológicamente. Pero es generalmente una baja disponibilidad energética, como primer proceso y piedra angular, la que desemboca en alteraciones de la menstruación y de la formación ósea.

Es fácil adivinar además que es una alteración propia de mujeres que realizan actividad física. A partir de aquí, ya nada es fácil.

Ni pretendo ni sería capaz de escribir un artículo científico sobre esta alteración. Mi intención es compartir y hacer visible una realidad con la que, tristemente, he visto a varias compañeras toparse. Poner sobre el papel la infinidad de dudas y miedos que aparecen cuando empiezan a verse las consecuencias de tanto desorden; muchas veces, en forma de fractura ósea.

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La realidad es que mucho antes de que algo se rompa, durante su adolescencia, el cuerpo de estas deportistas se ve obligado a trabajar con una energía menor a la que necesita. Es fácil y recurrente pensar aquí en los trastornos de la alimentación, en la anorexia como causa principal de esta tríada. Pero no siempre es así, ni siempre el origen de este trastorno es intencional.

Las dietas restrictivas, pero también el desconocimiento y el desorden en nuestra alimentación, el desequilibrio entre la ingesta y el gasto calórico que se realiza durante el día, un alto volumen de ejercicio, la falta de apetito o alteraciones en la absorción nos pueden llevar, de forma inadvertida, a una dieta deficiente.

Y aunque todos los caminos lleven a Roma, aquí es muy importante saber cuál hemos cogido, para saber cómo salir de él. No se trata de profesionalizar las escuelas de atletismo, sino de darle a la nutrición el papel fundamental que tiene en nuestro desarrollo. Saber qué y cómo comen nuestras pequeñas deportistas cuando su cuerpo aún se está formando, en vez de dar por hecho que sus hábitos son los adecuados hasta que se demuestre lo contrario, cuando igual ya es tarde para cambiarlos.

Meses después, aparecen alteraciones en la menstruación. O llega tarde (más allá de los 16 años) o empieza a llegar mal, con ausencia de ciclos durante meses o irregularidades en los sangrados.

Aquí ya hay un indicador de que algo va mal, pero el problema es que casi siempre reina el silencio. Es un tema tratado con tanto disimulo y vergüenza que muchas veces es omitido o totalmente ignorado. Muchos profesionales del ámbito deportivo no se sienten cómodos en su abordaje, supongo que por desconocimiento del tema o porque sienten que, siendo la mayoría de ellos hombres, es algo que no les atañe. Por otra parte, muchas veces se asume como normal la ausencia de menstruación en el deporte de competición. A veces, incluso se interpreta como una ventaja, debido a la cantidad de connotaciones negativas en torno a la misma que la asocian con un menor rendimiento.

En consecuencia, al final, ni se evalúa, ni se estudia, ni se prioriza la normalidad en el ciclo menstrual. Porque tú, con tus 15 años, tu mínima idea sobre lo que te sucede, tu nula idea sobre las posibles consecuencias y tu reparo para hablar del tema con cualquier adulto que no sea tu madre, si no te preguntan lo más normal es que no digas nada.

Años después, aparece tu primera fractura ósea. Afortunadamente, no hay unos huesos débiles detrás de todas las fracturas. El impacto repetido que supone el deporte puede haber sido capaz de causarla sin necesidad de ninguna ayuda más. Pero en estos casos, la baja disponibilidad de energía y la falta de estrógenos durante la adolescencia han dado como resultado una densidad ósea anormalmente baja.

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Con suerte, echando la vista atrás y con las preguntas adecuadas, alguien verá el puzzle completo. Con menos suerte, pasarán varias fracturas hasta que consigas darte cuenta de que algo no va bien. No se trata de que desconozcamos el proceso, pero nos falta tomar conciencia de su incidencia, su gravedad y la importancia de su reconocimiento precoz. Nuestro principal fallo está en que ignoramos que existe hasta que nos lo topamos de frente.

Un seguimiento nutricional y de la historia menstrual de las adolescentes que realizan ejercicio físico ayudaría sin duda a poner el foco en los casos antes de que se desarrollen todas las alteraciones. Más aún según el deporte va cobrando más importancia.

Por supuesto, una vez llegados a este punto, tu entorno se volcará en intentar buscar soluciones. Si no lo han hecho hasta ahora es simplemente porque las señales de alarma de esta tríada no parpadean en rojo. Y lamentablemente, lo que no se pregunta, no se conoce.

Ahora tienes que comer más o mejor, tienes que aumentar tu porcentaje de grasa, tienes que conseguir que te venga la menstruación, tienes que ganar masa muscular (y quizá también tomar bifosfonatos) para ayudar a tus huesos a “re-formarse”. Tienes que hacer muchas cosas, sin la seguridad de que alguna vaya a funcionar. Y es que los niños son esponjas, pero tú ya no.

Ojalá sí te funcione. Aunque ojalá conozcas el problema y seas capaz de darte cuenta mucho antes de haber llegado aquí. Desde el miedo y la inseguridad de alguien que también vive preocupada por sus huesos, te digo que no te culpes; no es tan fácil. A lo largo de la temporada, los kilómetros acumulados van acallando mis ovarios hasta silenciarlos por completo durante varios meses. Sé que ni es normal ni es bueno, y querría evitarlo, pero aún no he conseguido que mi cuerpo encuentre el equilibrio. Hasta el próximo descanso. Mientras, uso todas las armas que conozco para vigilarme, con la suerte de contar con la certeza de que mis huesos se formaron bien en su momento. Porque te aseguro que la diferencia radica en la edad, y créeme que es una diferencia más que fundamental.

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