Sin tomar la salida

Algunos corredores nunca se ponen un dorsal. Analizamos cómo mantienen su motivación para correr duro y a menudo.
Debra Witt -
Sin tomar la salida
Sin tomar la salida

Si pidieras ayuda a un entrenador, a un psicólogo deportivo y al director de una revista de running para superar un bajón emocional, es probable que los tres te dieran exactamente el mismo consejo: ¡Inscríbete en una carrera! Es una táctica inteligente; anotar un evento en tu agenda puede proporcionar a tus carreras un sentido de propósito, un fin que perseguir y el ímpetu para pensártelo dos veces antes de saltarte un entrenamiento.

Pero, ¿qué pasa si no disfrutas corriendo? ¿Qué pasa si no te gusta competir, abonar la inscripción o la logística de compaginar un plan estructurado de entrenamientos con una vida ya sobreprogramada de por sí? No te preocupes. Muchos corredores hallan toda la inspiración que necesitan para engancharse al running sin ni siquiera haberse puesto un dorsal en su vida. “Ciertamente, un programa de entrenamiento competitivo nos da razones para salir y correr incluso cuando tenemos la tentación de tomarnos el día libre” –dice Duncam Simpson, profesor asistente de Psicología de Rendimiento Deportivo en la Escuela de Rendimiento Humano y Ciencias del Ocio en la Barry University de Miami. “Pero también están los que dicen que corren por amor al arte. Y su motivación podría ser diferente” –afirma. Para averiguar cómo se halla la motivación de correr sin tener una línea de meta a la vista, hemos hablado con personas que corren desde hace mucho tiempo y que nunca –o muy rara vez– se apuntan a carreras. Sus secretos pueden ayudar a todos los runners a disfrutar del trayecto, tanto si participan en carreras como si no.

EL SECRETO: LES GUSTA CORRER

Caty Kim, una física de 46 años de edad e investigadora en el Departamento de Salud de la Universidad de Michigan en Ann Arbor, corrió una medio maratón cuando era una veinteañera. Acabó la prueba y pensó: nunca más. Y lo pensaba en serio. “Fue horrible –dice– Centrarme en la marca y la velocidad, hizo que correr se convirtiera en una experiencia completamente diferente para mí”. Su etapa como competidora llegó a su fin, pero su etapa como corredora duró dos décadas. Seis días a la semana, Kim se levanta a las seis de la mañana y recorre durante unas 5 o 6 millas alguno de sus barrios favoritos. Es un ritual matutino que comenzó en la facultad de Medicina y que todavía hoy le reporta tranquilidad de espíritu. “Empecé a correr como un modo de aliviar mi stress y salir al aire libre –dice– Pero ahora ha evolucionado y se ha convertido en un rato en el que puedo pensar y planificar mi día sin interrupciones. Es algo meditativo. Así que, saltarme mi sesión de running echaría a  perder mi día”. Tampoco verás en la línea de salida a Garret Main, un estudiante de 24 años ayudante de cátedra en la universidad State Bakersfield de California. “Dejé de inscribirme en carreras porque mis tiempos nunca parecían reflejar mi amor por el running –dice Main, quien todavía corre entre 60 y 90 kilómetros por semana– Todo el mundo parecía estar sólo interesado en la marca, no en cómo era la experiencia”. Main cuenta que lo que mantiene su gusto por correr es la consideración de sus carreras como una oportunidad para pasar un rato divertido y de aventura. Le gusta vérselas con terrenos difíciles, charlar con sus compañeros de running y explorar nuevas rutas. El centro de su rutina lo confecciona a partir de estas cosas.

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Lo que Kim y Main están describiendo es la ’motivación intrínseca’ afirma Cindra Kamphoff, catedrática y directora del Centro de Psicología Deportiva y de Rendimiento en la Minnesota State University. “Corren para ellos mismos y lo que les mueve es el goce de la tarea en sí”. Ciertamente, perseguir premios por edades y récords personales puede otorgar a tus carreras un propósito a corto plazo. Pero Simpson dice que para que eso tenga un poder real de permanencia, es importante determinar lo que valoras de verdad del running, más allá de la ostentación y las fanfarronadas. ¿Son el alivio del estrés, el control del peso, la forma física, el tiempo que pasas solo o con otras personas una oportunidad para disfrutar de la naturaleza? Saber qué es lo que te motiva puede ayudarte a reconocer la importancia de correr y el valor que aporta a tu vida, no se requiere ninguna fecha de carrera.

EL SECRETO: ENTRENANDO PARA ENTRENAR

Al contrario de la opinión popular, desdeñar el hábito de correr no te convierte automáticamente en un trabajador torpe e ineficaz que luego deambule por la calle sin ton ni son. “Compito contra mi misma” – dice Sissy Jahn, camarera en Naples, Florida. Jahn empezó a correr en 2012, participando en doce eventos ese primer año antes de resolver definitivamente que correr no era para ella: “Me gusta la idea de entrenar para una carrera. Justo ahora estoy en mi undécima semana de planificación de una media maratón. Disfruto siguiendo un esquema, aumentando mis distancias y viendo mis progresos. Pero siento que no necesito ni la formalidad ni el lío de una carrera”. Matthew Voss, un cocinero de 51 años de St. Louis, también se desafía a sí mismo a salir al asfalto Hace sesiones de velocidad y largas tiradas, aunque nunca lo hace con miras a competir. “El coste de las carreras supera mi presupuesto y siento que es tirar el dinero, toda vez que puedo salir a correr gratis –dice– Puedo ampliar mis límites y ver cómo mejoro durante las sesiones sin la dificultad que supone una carrera grande”.

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Incluso en el caso de que no haya una carrera en perspectiva, todavía puedes hacer que tus entrenamientos tengan sentido. Simpson sugiere dar un fin concreto a cada sesión: un día puede ser de carrera larga a ritmo lento, donde tratas de recorrer una milla más de lo que hiciste la semana anterior; otro día puedes dedicarlo a repeticiones en cuesta, donde el objetivo es mantener la forma y acabar la última serie en un tiempo lo más cercano posible a la primera; un tercer día puedes correr de manera informal con amigos para socializarte, pasar un rato divertido y recuperarte bien, etc. “La idea es tener un objetivo concreto para cada sesión y tener presente los beneficios que vas a obtener. De modo que te motivas para no perderte esos beneficios” –comenta Simpson, quien también recomienda establecer objetivos de referencia, como pueden ser ambiciones clásicas tales como trabajar la resistencia o la velocidad. Pero también puedes ser creativo y ponerte metas, por ejemplo, mantener la racha con la que corres al menos una milla al día durante un mes, dos o todo el verano. O ver si puedes cubrir más millas en julio que en junio. “Llegar a línea de meta en un tiempo concreto no es el único tipo de objetivo que puede motivarte” –opina Simpson.

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EL SECRETO: REDUCIR EL RITMO

El agotamiento y las lesiones pueden atormentar a los corredores que compiten regularmente. Los runners que siempre tienen una carrera en el horizonte pueden pasarlo mal cuando se toman un día extra de descanso o reducen su gran volumen de entrenamiento. “Lo pasan mal aun cuando sus músculos les están pidiendo un descanso” –remata Kamphoff. Pero enfocar los entrenamientos de forma tan maximalista puede dejarte dolorido y obligarte a que te tomes un molesto periodo de inactividad para recuperarte. Como contraste, dice Kamphoff, los runners que no compiten parecen estar más dispuestos a efectuar ajustes en sus rutinas de carrera, pues están centrados en disfrutar del deporte a largo plazo. “Yo solía correr cada fin de semana –dice Gina Kathleen, de 65 años de edad, residente en Ann Arbor, Michigan, y que sale a correr desde hace más de 35 años– Lo encontraba divertido y era muy competitiva; mi objetivo era ganar en mi categoría de edad o al menos lograr un buen puesto. Lo hice durante diez años, pero me lesionaba mucho”. Hace doce años, Gina decidió dejar el circuito de las competiciones. Dio a su cuerpo merecido descanso y, finalmente, se incorporó a un grupo de corredores a quienes les traía sin cuidado ir en un paquete de corredores e incluso ir a la cola del pelotón. Ahora Gina está libre de lesiones, ejerce de entrenadora titulada y, de cuando en cuando, interviene en carreras para animar a los corredores que entrena

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“Aspira a ser el mejor corredor que en potencia puedas llegar a ser, pero no al precio de lesionarte –dice Kamphoff– Reconoce el momento en que hay que aflojar el ritmo, incluso si la fecha de una carrera está próxima” Mantener una tirada fija puede ayudarte a conseguirlo. “A veces hace falta otro corredor que nos diga que tal vez estemos haciendo un exceso y que mejor sería descansar, o que nos recuerde que la competición no lo es todo” –dice.

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