Heroínas Anónimas: Elena Rodríguez

“Correr por una causa solidaria le da la vuelta a este deporte, te hace llegar más lejos, plantearte nuevos retos y llegar mejor a meta, con más orgullo y emoción que con otro tipo de carreras”, dice Elena
Elena Rodríguez -
Heroínas Anónimas: Elena Rodríguez
Heroínas Anónimas: Elena Rodríguez

Cuando empecé a trabajar, supe que quería hacerlo en una organización que promoviera la solidaridad. En 2006 me fichó Oxfam Intermón y en 2012 me encargaron llevar el Trailwalker, una prueba deportiva para recaudar fondos para los proyectos en todo el mundo contra la pobreza. Para mí fue un regalo, pues significaba dedicarme profesionalmente a mis dos grandes pasiones: la solidaridad y el deporte.

 

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Desde pequeña practico mucho deporte. Empecé a nadar a los 12 años por problemas de espalda y acabé compitiendo, y ganando, alguna competición escolar. Al acabar la universidad seguí practicando deporte, sobre todo salía a correr y en bici, a veces con amigos y a veces en solitario. A los 24 años salí sola en bici y al volver a casa tuve un serio accidente: una moto invadió mi carril y la embestí. Me fracturé un brazo, perdí medio riñón y una hemorragia interna casi me mata. Estuve varios días en reanimación, varios en la UCI y todo un mes en planta recuperándome. Me salvé, y la experiencia marcó mi vida, me dejó muchas ganas de vivir, de disfrutar, de ponerle mucha pasión a todo lo que hago, porque es la única manera de vivir una vida, corta o larga, pero auténtica.

Y seguí haciendo deporte. Mi último gran reto ha sido un triatlón olímpico, pero antes corría sólo por mi cuenta. Salía a correr varias veces a la semana hasta la playa, hasta que un día un buen amigo me tentó a hacer la carrera de 5 km que se organiza en Altafulla, donde vivo. De pequeña había hecho un par de carreras, pero lo mío era salir a trotar sin presión, sin gente a mi alrededor, disfrutar del paisaje, del silencio, de la respiración. Aparte de las competiciones escolares, participar en carreras no me llamaba la atención. Pero, como a muchos, esa primera experiencia en la salida, corriendo junto a cientos de personas y cruzar la meta, animada por muchas caras conocidas y desconocidas, fue increíble. Intenté los 10 km y disfruté muchísimo. Mi primera media maratón fue apoteósica. Pasados los 10 km no daba crédito, no me dolía nada, estaba a tope, ¡iba a acabar mi primera media maratón! Hacía solo 2 años que competía en carreras más cortas y me sentí increíblemente bien en los 12, 15, 18… ¡iba a conseguirlo! Y lo hice, fue alucinante.

Algunas medias después (Tarragona, Barcelona, Madrid…) me atreví con la maratón. No era mi intención acabarla, sólo probar. Yo sabía que llegaría más o menos bien hasta los 21 km, y el objetivo era llegar lo más lejos posible, con la tarjeta de metro en el bolsillo por si me quedaba “tirada” en cualquier kilómetro. Ni de lejos imaginé que llegaría a meta. Era imposible. No me había entrenado y nunca fue mi objetivo. Así que corrí tranquila y disfrutando del ambiente y los kilómetros. Pasé los 21 km muy bien, pero a los 30 ya tenía un fuerte dolor de espalda. Mi hermano vivía cerca y podía parar… pero no paré. Pensé que tenía tanto dolor que nunca más volvería a intentar acabar un maratón, así que, con todo el sacrificio del mundo, seguí. ¡Y fue increíble otra vez! Crucé la meta en 4 horas, feliz, alucinada y orgullosísima.

 

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Por aquel entonces ya trabajaba en Oxfam Intermón, una ONG de desarrollo que trabaja para reducir la pobreza en más de 90 países en todo el mundo. Mi trabajo consistía en escribir a los socios y donantes con nuevas campañas solidarias para seguir ayudando a las miles de personas a las que llegan nuestros proyectos. Una de esas campañas es el Trailwalker, una marcha de 100 km en equipo, por un futuro sin pobreza. Los participantes no sólo realizan un reto increíble como es recorrer una distancia ultra (corriendo o caminando, de hecho, la mayoría lo completan caminando), consiguen un reto personal que les llena de alegría al cruzar la meta, que viven junto a amigos o familiares (es una marcha que ser realiza en equipos de 4 personas, con 2 personas más de apoyo). Además, cada año recaudamos juntos más de 1 millón de euros para los proyectos de Oxfam Intermón, con donativos que hacemos llegar a miles de personas que de otro modo morirían de hambre y sed.

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Conseguir ese objetivo y que miles de personas disfruten con el Trailwalker, para mí es una satisfacción enorme. Es muy exigente porque un evento complejo que organizamos en 3 sitios (Girona, Euskadi y Madrid) en muy poco tiempo (abril, mayo y junio). Se lleva mis horas, mis ganas, mi pasión por el deporte y la solidaridad, mi interés de que todos los participantes estén bien atendidos... Trailwalker se lleva lo mejor de mí y no hay horas para que esté todo bien, pero el resultado lo compensa todo.

 

Muchas gracias Elena por compartir tu historia con nosotras, sin duda esa energía y ganas de vivir la transmites y plasmas en tu trabajo diario.

La pasión por la unión del deporte y la solidaridad es algo que compartimos plenamente, ¡a seguir sembrando!

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