5 cosas que debes tener en cuenta al viajar a un maratón

No van a hacer que batas tu marca, pero pueden evitar que la eches al traste.
Alberto Hernández -
5 cosas que debes tener en cuenta al viajar a un maratón
5 cosas que debes tener en cuenta al viajar a un maratón | runners.es

Este domingo se celebran los 42,195 km más míticos del universo. Miles de sueños se materializarán en las calles de Nueva York, la gran mayoría protagonizados por corredores que deberán que hacer un largo viaje para acudir a su cita con Filípides. Pensando en ellos hemos elaborado este decálogo pre nervios-risas-dudas-cansancio-emoción-éxito…

Has entrenado a saco. Tienes una diplomatura en sacrificios. En privaciones dos masters. Y que no te hablen de gestión del sufrimiento, pues eres Doctor Honoris Causa. Sería una pena que, tras tanta batalla ganada, fueras a perder la guerra cuando silbe la última bala. En el epílogo de tu exigente preparación, cuando todos los kilómetros han sido devorados y no queda si no aguardar paciente a que llegue la hora de quemar suela, debes estar muy atento a las nimiedades, pequeños detalles en apariencia insignificantes que, sin embargo, pueden actuar como alas de mariposa que acaban provocando un tsunami. Sobre todo cuando te enfrentes a la carrera más larga del programa olímpico lejos de tu casa, rodeado de un montón de circunstancias (y lugares, sabores, costumbres…) que asedian tu zona de confort.

Por ejemplo, los españoles que a mediados de semana hagan un Mecano (poner marcha a Nueva York), deberían tener en cuenta cosas como estas:

1. LA REGLA DE ORO

Es un clásico desde tiempos inmemoriales: todo lo que vayas a utilizar durante la competición mételo en el equipaje de mano: zapatillas, calcetines, camiseta, pantalón, geles, tiritas, vaselina… Todo. Que sí, que si lo pierdes tras facturarlo no es el fin del mundo, que lo compras en el destino y ya está, que para algo está el dinero… Lo que tú digas, pero trata de recordar el estado de ‘sensibilidad’ que tiene una persona a pocos días de correr un maratón y lo que supone la más mínima alteración en su hoja de ruta. Y el equipamiento es parte fundamental de ella.

2. VUELO CONFORTABLE

Estás más atractivo (o atractiva) con vaqueros, camisa, blusa… Sin duda. Pero para cruzar el charco (a la Gran Manzana desde la patria 8 horas no te las quita nadie) recurre a esa prenda tan denostada por los enemigos de lo ochentero: el chándal. Recomendamos el de algodón, el de toda la vida (dos piezas, sudadera y pantalón). El efecto ‘pijama’ mitigará la incomodidad de permanecer un rato tan abultado en esa lata de sardinas que algunos llaman asiento de clase turista. Si vas en primera, enhorabuena (y envidia, se sobreentiende), aunque el consejo vale igual a efectos de reproducir al máximo posible lo que harías en la calidez de tu hogar si estuvieras allí en lugar de a tropecientos mil metros de altura.

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Nada más saber cuál es tu sitio descálzate (los pies se hinchan una barbaridad en los aviones) y, cada hora, date un pequeño paseo y haz unos estiramientos sencillos (habrá otros frikis como tú en la aeronave, así que no temas quedar en ridículo). Tampoco te cortes en molestar a las azafatas (o azafatos; hay que ver lo difícil que se hace escribir desde que se instauró en nuestras vidas la extrema corrección política) pidiendo agua; piensa en lo que te costó el pasaje y en que al pasar el control un tipo con pocas ganas de sonreír te arrebató tu botella de litro y medio. Es fundamental mantener un nivel óptimo de hidratación, consejo válido para todos los días, pero que cobra especial importancia en un ambiente tan seco.

Si te vence el sueño (te impedirá dar tu paseo cada sesenta minutos, pero si duermes es porque hay cansancio y descansar todo lo que puedas antes de regalar al organismo una ‘tortura’ de 42 km es sagrado) procura que sea a una hora razonable para echar una cabezada (o dormir como Dios manda) en el lugar de destino. De otro modo repercutirá negativamente en tu adaptación al nuevo huso horario (el famoso jet lag), la cual debes llevar a cabo nada más poner pie en tierra.

Un buen truco al respecto es comer muy ligero durante el viaje y al llegar a destino. El menú en el aire no suele ser de cinco tenedores, así que súper aconsejable llevar mucha fruta y algún que otro bocado saludable. Una vez en tu ciudad de acogida haz ‘lo que toque’, es decir, no modifiques planes en función de la somnolencia; si es de noche genial, vete a la cama, pero si es de día trata de mantenerte en pie a toda costa hasta que llegue el momento de planchar la oreja. A ello ayuda no entregarte con gula a los manjares locales, sigue comiendo muy ligero, espera al próximo desayuno para darte gloria.

En el caso concreto de Nueva York, nadie sabe por qué (o sí, pero les trae sin cuidado), las autoridades tienen a bien obsequiarte con una horita y media larga (en el mejor de los casos) en el divertidísimo proceso de control del pasaporte. Paciencia, estiramientos y ejercicios de movilidad articular: no te queda otra.

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Por último, aprovecha el vuelo para empollarte bien la guía de la carrera. Llegar con la lección aprendida ahorra muchos disgustos. Aunque creas que lo dominas todo, haz un concienzudo repaso.

(Por cierto, ojo a los aires acondicionados de aviones y aeropuertos. Protege la garganta y ten a mano ropa de sobra; aunque te den una manta mejor llevar los ‘riñoncillos’ protegidos).

3. SUELTA PIERNAS

Un paseo nada más dejar las cosas en el hotel está bien. Un trote de 20-30’ está mejor. No solo eliminará la sensación de pesadez en tus piernas, también liberará tu cabeza de ese estado de aturdimiento que suele invadirnos tras un vuelo excesivamente largo. Además es una fantástica manera de explorar la zona en la que te alojas y mimetizarte con el ambiente.

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4. DÉJATE LLEVAR

No que vayas por ahí sin rumbo en plan “la carretera y yo”. Nos referimos a que te transporten. Después de competir ya habrá tiempo de andar (con agujetas, por supuesto), pero antes aprovecha para ir a los sitios en transporte público y realizar las visitas que menos cansancio supongan. Por ejemplo, en Nueva York lo ideal es aprovechar las jornadas previas para el clásico vuelo en helicóptero, visitar la Estatua de la Libertad (que te llevan en barquito, como un señor), subir al Empire State o el Top of the Rock (en ascensor, se entiende), asistir a un musical de Broadway… Y una vez tengas tu medalla de finisher ya cruzas el Puente de Brooklyn, te pierdes por el Soho, exploras Chinatown, coges una bici para rodear Central Park…

5. CONTRÓLATE EN LA FERIA DEL CORREDOR

Las ‘Expo’ de los grandes maratones son al runner lo que Disneyland a sus hijos de seis años. Una fuente inagotable de estímulos. La relación entre la capacidad de tu tarjeta de crédito y tú no nos incumbe. Pero no cometas el error de salir en la carrera con unas zapatillas mágicas que compraste porque estaban a un precio irrechazable.

Lo mismo vale para la ropa y, sobre todo, para las ‘cosas de comer y beber’. Lo suyo es que lleves geles que hayas probado y que los días previos tomes la bebida que sabes que se porta bien con tu estómago; enterarte de cuál es la marca de geles e isotónico que repartirán en los avituallamientos es una gran opción. Si coincide que puedes adquirirlos en tu país aprovecha y téstalos en tus últimas tiradas largas (en la última-última no, esa tómatela muy en serio, sin experimentos). Si te van bien puedes reducir peso sabiendo que, cuando llegue el momento, un desabrido voluntario (o voluntaria) estará esperándote a pie de calle con un producto conocido por tu paladar y aparato digestivo.

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