Conoce a fondo la crioterapia

El hielo, todo un clásico entre las técnicas terapéuticas utilizadas en el deporte.
Daniel Martín -
Conoce a fondo la crioterapia
Conoce a fondo la crioterapia

Domingo por la tarde. El teléfono de cualquier fisio deportivo echa humo recibiendo llamadas de sus atletas: quieren una solución rápida a sus males post-competición, y el consejo más socorrido es “ponte hielo”. Lo cierto es que el tratamiento por medio de frío (Crioterapia), es uno de los métodos más extendidos en medicina deportiva, y aunque sus efectos en el organismo han sido bien estudiados, no existe consenso en cuanto al método, la forma, o el tiempo de aplicación. Por esa razón, en los últimos tiempos han surgido estudios que ponen en duda la efectividad del hielo en algunas de las lesiones que clásicamente se trataban con crioterapia, y que tratan de aclarar para qué es realmente efectivo y de qué manera debemos utilizarlo. 

Efectos de la crioterapia 

La aplicación de crioterapia en el tratamiento de lesiones está tan aceptada que todos sabemos que hay que aplicar hielo después de un golpe o tras un esguince. Su efecto antiinflamatorio y analgésico es de sobra conocido en estos casos, pero las dudas surgen cuando se trata de una tendinitis, una contractura o una sobrecarga muscular. ¿Es mejor frío o calor? ¿Cuánto tiempo se debe tener puesto el hielo? Para dar respuesta a estas preguntas tan frecuentes es importante que entendamos el mecanismo de actuación del hielo en el organismo. 

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Efecto antiinflamatorio 

La inflamación se produce debido a la dilatación de los vasos sanguíneos. El objetivo de esta vasodilatación es aumentar el flujo sanguíneo en la zona de la lesión, ya
que en la sangre se encuentran una serie de células “reparadoras” (macrófagos, plaquetas, leucocitos, etc.) que son necesarias para el proceso de curación. Pero al tratarse de un mecanismo de defensa automático, muchas veces el organismo provoca inflamación de una forma desmesurada, que a la larga resulta perjudicial para la recuperación. Dado que el frío tiene un efecto vasoconstrictor (cierre de los vasos sanguíneos), si aplicamos hielo en esta fase, podemos frenar la llegada de sangre y evitar así el exceso de inflamación.

Efecto analgésico

Paralelo al efecto antiinflamatorio, que ya de por sí contribuye a disminuir el dolor, el hielo actúa sobre las terminaciones sensitivas disminuyendo la velocidad de conducción del impulso nervioso. De alguna manera “adormece” las fibras nerviosas, y esto se traduce en una disminución del dolor. Este efecto se limita únicamente a la región en la que colocamos el hielo y depende en gran medida del tiempo de aplicación: a mayor tiempo, mayor analgesia. Lógicamente este efecto desaparece en cuanto se recupera la temperatura normal, pero resulta de gran ayuda en fases agudas de dolor.

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Formas de aplicación

Existen varios medios de aplicación de crioterapia: geles fríos, hielo picado, masaje con hielo, inmersión en agua fría, etc. Todos pueden ser útiles dependiendo de la zona a tratar y del efecto que queramos conseguir. Diferentes investigaciones demuestran que para enfriar un determinado tejido, debemos tener en cuenta tanto su profundidad respecto a la piel, como el grosor de la capa grasa que se encuentra bajo ésta. Mientras que para enfriar una zona superficial puede ser suficiente con 15 minutos, para conseguir el mismo efecto en musculatura profunda se pueden necesitar hasta 45 minutos. Una aplicación demasiado breve enfriaría sólo la superficie y no provocaría ningún efecto en el músculo, por lo que la crioterapia sería inútil. Para aplicaciones de larga duración se ha demostrado que es más efectivo hacerlo de forma fraccionada (3x15 minutos, por ejemplo, en lugar de una única aplicación de 45 minutos).

En cuanto a los sprays fríos (cloretilo, etc.) frecuentemente utilizados en el mundo del fútbol, debemos tener en cuenta que actúan sólo a nivel superficial, por lo que su efecto es puramente analgésico y no llegan a enfriar más allá de la piel. También existen ciertos geles fríos cuya temperatura es incluso menor que la del hielo, por lo que se debe tener precaución y no aplicarlo directamente sobre la piel, ya que no es infrecuente que se produzcan quemaduras por frío.

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¿Cuándo debemos utilizar el hielo? 

Uno de los falsos mitos del hielo es que se puede utilizar para todo y que no tiene efectos negativos. Y nada más lejos de la realidad. Como cualquier tratamiento, tiene sus ventajas y sus inconvenientes, sólo hace falta conocerlos para sacarle el mayor rendimiento como método de autotratamiento. 

Si tenemos en cuenta su efecto antiinflamatorio, el hielo sólo sería efectivo durante la fase inflamatoria de la lesión (hasta las 48h). Más allá de ese tiempo, el hielo no ejerce ningún efecto e incluso podría dificultar el proceso fisiológico normal. De hecho, las últimas investigaciones demuestran que el efecto antiinflamatorio del frío es mayor en lesiones graves, pero sin embargo resulta inefectivo en lesiones leves en las que no existe inflamación. 

Por lo tanto, deberíamos descartar la crioterapia como método de tratamiento en lesiones en las que no existe una inflamación manifiesta. Es el caso de las mal llamadas tendinitis, que han resultado no ser una verdadera inflamación del tendón, sino una degeneración de éste (tendinosis). Al no existir células inflamatorias, la crioterapia aplicada en una “tendinitis” sería únicamente efectiva contra el dolor, pero no tendría ningún efecto sobre el tendón lesionado, ya que no se trata de un problema inflamatorio.

En cuanto a las lesiones musculares (contracturas, distensiones, pequeñas roturas de fibras), el hielo tampoco tendría ningún efecto antiinflamatorio, aunque sí sería útil para controlar el dolor y mejorar el edema muscular. Para lograr estos efectos es necesario utilizar la crioterapia inmediatamente después de la lesión o tras la actividad (entrenamiento), ya que en fases más tardías el frío dificulta los procesos de regeneración muscular.

Otra forma común de utilizar la crioterapia es para la recuperación muscular. Es bastante frecuente aplicar masaje con hielo o hacer inmersiones en agua helada tras un esfuerzo muscular importante (días de series o tras una competición). En este caso, el hielo ayuda a minimizar el daño muscular post-esfuerzo, previniendo el edema muscular y favoreciendo la eliminación de toxinas. En este aspecto es muy importante el método utilizado: las inmersiones cortas (3x1 minutos, por ejemplo) resultan menos efectivas que las inmersiones de mayor duración (14 minutos ó 3x7 minutos). Aunque a veces dé pereza meterse en agua fría, no dudéis más: ¡al agua, runners!”. 

 

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