Evita la tendinitis en el tendón de Aquiles

En terrenos duros tienes que preservar tus tendones del fuerte golpeteo.
Hernán Silván -
Evita la tendinitis en el tendón de Aquiles
Evita la tendinitis en el tendón de Aquiles

La “tendinitis” es la inflamación con engrosamiento de cualquiera de nuestros tendones; éstos son los extremos que emplean los músculos para amarrarse a los huesos y, así, obtener una palanca de fuerza más efectiva. Por tanto, cuando inflamamos estos “amarres” nuestra movilidad se va a resentir y el dolor aparecerá a

partir de cierto grado de esfuerzo físico del músculo y del tendón implicado. 

Hablamos de “tendinitis” cuando hay marcada inflamación de un tendón. Si el tendón afectado es el de Aquiles, aquél que va de los músculos gemelos y sóleo hasta el talón del pie por la parte posterior de la pierna, la palabra “tendinitis” es especialmente temida por el corredor. Ahora se emplea también el término “tendinosis”, que denota un componente de cronicidad y daño anatómico en las fibras. 

¿Por qué se irrita con tanta facilidad esta poderosa palanca de la pierna? ¿Por qué las lesiones de gemelos y su tendón de Aquiles son de las más serias del corredor y si son tratadas tarde o incorrectamente pueden cortar la trayectoria de cualquiera? 

La mayoría de los estudios biomecánicos que han tratado esta mitológica “vulnerabilidad” hablan del pobre riego sanguíneo que posee el tendón propiamente dicho. No hay realmente una fascia o cubierta que proteja el tendón, lo que existe es una zona “peritendinosa” a su alrededor que acapara la mayoría del riego de sangre. También se sabe que al estirar un tendón la tensión aumenta tanto que reduce o estrangula el suministro sanguíneo, recuperando su normalidad al desaparecer dicha tensión. Pero la carrera a pie produce un estrés tendinoso adicional: los múltiples choques que se realizan contra el suelo, debiendo ser obligatoriamente neutralizados por esta fuerte estructura.

LOS MÚSCULOS Y EL TENDÓN

En la parte posterior de la pierna podemos ver dos grandes cuerpos musculares que son los gemelos. Y, más profundo y fácilmente palpable en sus bordes laterales, el músculo sóleo que forma una especie de bandeja a los dos gemelos. Todos ellos unidos forman un músculo triple: el tríceps sural, que es recibido por el fuerte tendón de Aquiles como si fuera una recia cuerda que baja tras el talón, hasta el hueso más posterior del pie, el calcáneo.

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El músculo sóleo nos permite bajar a la posición de puntillas y los gemelos nos ayudan también a levantarnos. La gran palanca que se forma ve aumentada su potencia por esta conexión del tendón hacia el calcáneo o hueso del talón. De fulcro (o punto de apoyo) de la palanca hace el tobillo, transmitiendo la fuerza desde los músculos gemelares hasta el frente del pie. Es una estructura tan robusta y eficaz que permite fuerzas muy superiores al propio peso corporal. Por otra parte, los gemelos actúan también como frenos, controlando el movimiento durante la carrera, estabilizando el tobillo y permitiendo plantar al corredor su otro pie antes de caerse. Pero al tocar el talón en el suelo, se forman microtraumas dentro del tendón, y al estirarse, los gemelos trabajan en sentido inverso para estabilizar igualmente la rodilla.

LOS MÁS PROPENSOS

• Aquellos que tengan los tendones más estrechos y/o más cortos. O los músculos más voluminosos.

• Los pies con pronación excesiva, por arqueo anormal del tendón de Aquiles.

• Padecer un “disbalance” pélvico por pierna corta o por gesto anómalo al correr es otro factor precipitante de esta temida lesión.

• Los corredores mayores de cuarenta años (aproximadamente) tendrán mayor rigidez y menor riego en los tendones, por esta razón deben cuidar aún más su elasticidad.

• Hacer estiramientos incorrectamente (sobreestiramientos, rebotes, etc.) o no hacerlos al acabar el entrenamiento o la competición.

• Correr en terreno desigual o pesado, o hacerlo en cuestas aun notando cierta rigidez o carga en nuestros gemelos.

• Si usamos calzado inadecuado para nuestra corpulencia o nuestro peso. Las tallas más grandes o con poco talón o poca amortiguación.

• Hacer muchos kilómetros demasiado pronto, en el caso de los principiantes, o mucha calidad (entrenamiento rápido) de repente o siendo novato. O en las competiciones en asfalto y las series rápidas en tartán, cuando nuestros gemelos, sóleo y tendón de Aquiles nos lleven “avisando” varios días con su poca flexibilidad o sintiéndolos “más cargados de lo normal”.

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LOS SIGNOS DE ALARMA

La tendinitis aguda no ofrece mucha duda pues presenta un tendón inflamado, doloroso al andar, caliente y quizás enrojecido. El dolor y la rigidez son mayores al levantarse por las mañanas.

La hinchazón permanece alrededor del tendón, coincidiendo con dolor difuso, que aumenta a la palpación (se puede coger el tendón a modo de pinza con el pulgar y el índice, y no conseguimos moverlo a los lados sin producir dolor). La zona con mayor posibilidad de rotura es el tercio medio de la pierna, por debajo de la unión músculo-tendón, por ello debemos bajar el entrenamiento o reposar si observamos dolor o limitación aquí.

Para descartar que el tendón esté roto se sitúa al corredor boca abajo. Presionando suavemente el gemelo hacia arriba el pie se mueve. En caso de rotura importante el pie queda prácticamente quieto.

La zona más afectada por la inflamación y el dolor es la cubierta del tendón (paratendón) y no el tendón propiamente dicho. Si se mantiene muchos días esta afectación se terminan formando adherencias o “callos” en las envolturas tendinosas, que hasta pueden limitar el movimiento del pie. A veces se nota dolor en la base del calcáneo, originando una irritación permanente que se siente incluso al andar despacio o rozar contra el suelo.

PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO

Si excluimos los errores de entrenamiento, esta tendinopatía se asocia principalmente a desequilibrios de la biomecánica del pie y se supone que la normalización de esta última debe ser eficaz también para curar. En este sentido la mejor prevención se realizará con la revisión osteopática de las articulaciones por encima del tobillo (supra-astragalina, entre tibia, peroné y astrágalo) y por abajo (sub-astragalina, entre astrágalo y calcáneo) que suelen quedar tocadas tras esguinces o repetidas torceduras, tan frecuentes en corredores. Es interesante plantearse el uso de algunos “dispositivos ortopédicos” como pueden ser las taloneras de descarga o las plantillas, pero también con el uso de vendajes funcionales (de tipo “taping”, con esparadrapo estático adhesivo, o de tipo adhesivo). Todo ello para reducir la fuerza de tracción y torsión sobre el tendón. Disminuyendo la pronación del antepié en carga y del talón en apoyo. Las zapatillas altas y los dispositivos para elevar el talón reducen la tracción sobre el tendón y su inserción. Si además el material del que están hechos disipa la energía, de forma que atenúe la fuerza procedente de la extremidad durante el paso, una especie de “anti-choque”, protegeremos la estructura muscular y tendinosa, y evitaremos las tendinitis y otras alteraciones degenerativas como las fibrosis por inflamación repetida de la vaina del tendón. Como existen en el mercado numerosos tipos de material iscoelástico, no será difícil encontrar uno que se adapte a nuestra forma personal del tendón y su inserción.

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Para el tratamiento conservador inicial debemos, en primer lugar, reducir el edema y la inflamación, y para ello utilizaremos descanso (que será “activo” con otras actividades como la piscina o bicicleta suave desde el cuarto o quinto día) junto a las clásicas medidas de hielo, elevación, vendaje funcional y masaje de descarga muscular (con técnicas desfibrosantes para el tendón, desde el quinto día). Se suelen aplicar medidas electroterápicas, con ultrasonidos o magnetoterapia para auxiliar a las anteriores.

En los primeros cuatro o cinco días, por tanto, poco o ningún ejercicio. Si acaso ligeros estiramientos de gemelos y sóleo cuando la técnica de realización de estos ejercicios sea finamente dominada.

En la segunda semana, y con un vendaje funcional adecuado, se comienza a trotar suave con zapatillas de buena amortiguación y talón alto y uso de taloneras de descarga. Al cabo de cinco o diez minutos se podrá observar si hay molestias importantes, momento en el cual (si las hubiera) debemos cambiar el trote por un “paseo rápido”.

En la tercera semana podríamos ya correr de forma continua, más de treinta minutos, en terreno llano y no muy duro. Pero mantendremos la precaución hasta dejar de sentir totalmente las molestias. Se aconseja el masaje de descarga cada tres o cuatro días, sobre toda la pierna, corto y drenante, los estiramientos terapéuticos de forma analítica y suaves, las técnicas desfibrosantes y fasciales, y el hielo al acabar los entrenamientos y al finalizar la jornada laboral (el día que no se entrene) durante unos veinte minutos. 

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