La anemia del corredor

Su diagnóstico y tratamiento.
Alberto Sacristán -
La anemia del corredor
La anemia del corredor

El diagnóstico de las distintas anemias surgirá en primer lugar tras pensar en ellas al valorar los síntomas y signos ya descritos previamente. La confirmación se realizará mediante un análisis de sangre con un hemograma completo y la determinación de los parámetros ya descritos en el inicio del artículo del mes pasado. En la tabla-2 se observa el valor de los distintos parámetros para llegar al diagnóstico de estas anemias

Una vez que se tiene la seguridad de presentar una anemia hay que valorar de qué tipo (ferropénica, megaloblástica…) y sobre todo hacer el estudio pertinente para llegar a la causa (aumento del volumen e intensidad de los entrenamientos y consecuente aumento de la demanda de hierro, aumento del sangrado menstrual en la mujer…). En cuanto llegamos al diagnóstico de anemia, sin que exista una causa orgánica vital que la justifique, como problemas renales, hepáticos, cánceres… y que puede ser como consecuencia de causas banales como reglas abundantes en las mujeres, alimentación inadecuada, aumento de volumen y/o intensidad del entrenamiento… hay que poner las medidas pertinentes para subsanar los déficits descritos anteriormente (Fe, vit-B12, ácido fólico). 

En estos casos, salvo que sean situaciones importantes, lo ideal es que aumentemos los alimentos ricos en los elementos deficitarios. En las tablas 3, 4 y 5 aparecen esos alimentos que son ricos en hierro, vit-B12 y ácido fólico. Por lo tanto en los casos en los que tengamos por ejemplo una anemia ferropénica (hemoglobina baja por falta de hierro) será necesario aumentar la ingesta de los alimentos ricos en hierro. Si en primer lugar nos centramos en las anemias ferropénicas, habitualmente esto suele ser suficiente, pero en ocasiones es necesaria una suplementación para conseguir corregir las cifras de la hemoglobina en sangre y reponer los niveles de hierro, así como del almacén del hierro (ferritina). Con respecto a los fármacos que se utilizan para tratar las anemias ferropénicas es necesario aclarar que son muchos los preparados que hay en el mercado y con distintas preparaciones (cápsulas, sobres, viales,…) y tenemos no sólo posibilidades por vía oral, también por vía parenteral (intravenosa o intramuscular). 

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En la tabla-6 se valoran los distintos preparados de hierro para la suplementación. Desde nuestro punto de vista el tratamiento de elección es la administración de sales ferrosas por vía oral. El aporte de hierro debe variar entre 50 y 100 mg por dosis, ya que mayores dosis suponen mayores efectos secundarios. Los efectos secundarios más frecuentes son las molestias gastrointestinales, como diarrea, nauseas, estreñimiento… hay elementos que pueden mejorar la biodisponibilidad del hierro como la vitamina C, los aminoácidos de la carne, pescado, vino y por el contrario, otros pueden dificultar esa biodisponibilidad como: huevos, alimentos ricos en fi tatos (cereales, legumbres), café, té, salvado, fibras vegetales, alimentos ricos en calcio. Habitualmente se recomienda la toma de los preparados de hierro fuera de las comidas y con un zumo de naranja natural (nunca zumo industrial), pero esta recomendación puede ser una dificultad en el mismo tratamiento de la anemia ferropénica. En los últimos años han tomado especial relevancia los preparados a base de hierro-2 (FE2+) como Ferbisol®, en forma de ferroglicina (sulfato de liberación duodenal rápida) presentando ciertos beneficios frente al resto de preparados.

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La absorción de hierro se realiza en el duodeno, la mayoría de preparados de hierro se liberan en el estómago y para que se absorban mejor se ha de estar con el estómago vacío, lo que causa efectos secundarios gastrointestinales debido a la alta concentración de sales de hierro en el estómago por lo que a veces es conveniente tomarlos con algo de alimento. En este caso el alimento interfiere en la absorción del hierro por lo que el tratamiento tendrá que ser más largo. En el caso de los preparados a base de hierro-2, al liberarse en el duodeno y no en el estómago, podemos administrarlo antes o después de las comidas, protege la mucosa del estómago de los posibles daños provocados por la sales de hierro y se evita el mal sabor del hierro. En casos excepcionales (no tolerancia de ningún preparado por vía oral, será necesaria la administración por vía parenteral de hierro. 

Con respecto al tratamiento de las menos frecuentes anemias por déficit de vitamina- B12 y ácido fólico, será necesario aumentar el consumo de aquellos alimentos que contienen mayor proporción de estos elementos. Aún así en ocasiones es necesaria la suplementación farmacológica, siendo esta más limitada ya que no encontramos tanta variedad de productos.

 

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La pauta recomendada para la suplementación con vitamina-B12 es 50 mg/ día. En las personas vegetarianas, esta dosis debería mantenerse de forma habitual, puesto que son personas de riesgo por su tipo de alimentación. Las principales fuentes alimentarias de folatos son las verduras, hortalizas, legumbres, frutos secos…En el caso de la suplementación en la anemia por déficit de ácido fólico la pauta recomendada es de 1-5 mg/día. 

Existe algún preparado como Folidoce ® que está formado por ambos elementos, ácido fólico y vitamina-B12, ofreciendo grandes ventajas ya que es de una toma única diaria. Existen plantas medicinales que también pueden ayudar e incluso pueden servir para prevenir o tratar al rechazar un tratamiento químico. Las plantas que se recomiendan en caso de anemia y que su pauta deberá ser recomendada por un médico o farmacéutico con formación en plantas medicinales son: ortiga verde, levadura de cerveza, alfalfa, romero, ginseng…  

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SEGUIMIENTO  

La duración del tratamiento debe ser de unos 2 a 3 meses, siendo necesario un análisis sanguíneo a los 20 días de finalizar el tratamiento como control para confirmar la recuperación de los distintos parámetros. Si no se hubiera dado la normalización será preciso continuar con el tratamiento según la indicación médica. En casos en los que se presenta con relativa frecuencia anemia y principalmente en la anemia ferropénica, se podría hacer un tratamiento preventivo con la toma periódica y episódica de hierro (1 mes cada 2-3 meses).  Igualmente será necesario confirmar que los síntomas han desaparecido y que el deportista vuelve a presentar buenas sensaciones durante los entrenamientos y/o pruebas. Es recomendable en el atleta de fondo, que se realice al menos un análisis entre 1 y 2 meses previos a la prueba importante del año.

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