Quien corre… ¡Ajos come!

Visitamos un alimento muy presente en nuestra gastronomía y con unas propiedades muy interesantes para los amigos de la larga distancia.
Alberto Hernández -
Quien corre… ¡Ajos come!
El ajo es muy positivo para hipertensos y enfermos de arterosclerosis | iStock

Si un tío tan virtuoso como Javier Krahe cantaba que “ni cola de león, ni cabeza de ratón, prefiero ser diente de ajo”, sería por algo. No es que el hombre fuese de hacer mucho deporte, pero está claro que en su vasta cultura este alimento figuraba entre aquellos que poseen interesantes propiedades (aunque no sé si tantas como las que él requería: “Contra los vampiros, ¡diente de ajo!, contra los obispos, ¡diente de ajo!, contra los cenizos, ¡diente de ajo!, contra la Eurovisión, ¡diente de ajo!).

Tras la pista del ajo hemos querido ir hoy, y por aquello de correr solos hemos llamado a nuestro nutricionista de cabecera, Álex Pérez, habitual en las páginas de nuestra revista, página web y, ¿de dónde sacará el tiempo?, autor del delicioso blog, ‘El Piscolabis’. Cuando le pedimos que nos dibuje un panorama sobre el ajo nos cuenta que “es primo hermano de la cebolla, el cebollino y el puerro, aunque tiene unas propiedades nutricionales un pelín diferentes.** El que solemos consumir más habitualmente es el blanco**, aunque también podemos encontrar la versión rosado-morado y el ajete o ajo tierno”.

En 100 gramos de alimento encontraremos unos 23 de carbohidratos, 6 de proteínas y unos 2 de fibra… apenas hay grasa.

Tras lo preliminares entramos en materia: “En 100 gramos de alimento encontraremos unos 23 de carbohidratos, 6 de proteínas y unos 2 de fibra… apenas hay grasa. Abunda el potasio, el magnesio, el calcio y el fósforo, así como una significativa cantidad de vitaminas del grupo B, concretamente la B1 y la B3. El total de aporte energético del ajo está en unas 120 kilocalorías por cada 100 gramos de alimento”.

Sobre las leyenda de que el ajo es bueno para la circulación (¡si hasta hay un chiste de Lepe al respecto! Buscadlo en internet, que no os lo vamos a dar todo hecho) resulta que los tiros van por aquí: “Tiene probadas propiedades antisépticas y se ha visto que ayuda a eliminar del intestino bacterias dañinas. También es diurético, como sus mencionados primos hermanos, y posee efecto vasodilatador, por lo que es muy positivo para hipertensos y enfermos de arterosclerosis. Digamos que, en este sentido, se le pueden atribuir propiedades cardioprotectoras”.

LOS INCONVENIENTES

Pero amigos, la vida no es de color de rosa: “Es un pelín indigesto y conviene comerlo cocinado, no crudo; entonces alguno de sus nutrientes puede perder algo de eficacia, sobre todo las vitaminas. Y no hay que olvidar que el olor que produce en el aliento es de armas tomar, así que si vas a besar a alguien después de comer ajo… Lo mejor es compartir menú, los dos comiendo ajos y así nadie se ofende…”.

Lógicamente más de un as del deporte ya se ha dado cuenta del lujazo que supone el ajo, de hecho el maestro Pérez pone un ejemplo concreto (y qué pedazo de ejemplo): “El gran alpinista, por edad y trayectoria deportiva, Carlos Soria, es un adicto al ajo. Cada día come por lo menos un diente de ajo crudo durante el almuerzo.

Posiblemente busca ese mencionado efecto vasodilatador que en la alta montaña es garantía de que la sangre fluya con más facilidad, dado el espesamiento natural que se produce en ella, fundamentalmente por dos motivos: la deshidratación que suele producir el estar en altura y la mayor concentración de glóbulos rojos que se produce como consecuencia del proceso de aclimatación (ante la falta de oxígeno el cuerpo, de alguna manera, fabrica más glóbulos rojos y eso hace que la sangre se espese un poquito”.

Y esto es todo amigos: ¿No os apetece echarle ajito al menú de hoy? ¡Pues no os cortéis!

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