Las lesiones que hieren el corazón del guerrero

La clave de recuperación, tu salvavidas, tu power bank... está más cerca de lo que puedes pensar.
Cesc Gallardo -
Las lesiones que hieren el corazón del guerrero
Las lesiones que hieren el corazón del guerrero

Eres un corredor, un atleta que combina su vida laboral y familiar con los kilómetros en sus bambas. Te sientes fuerte, tienes corazón de guerrero, ese guerrero que lucha por arrancar unos segundos a las series, que comparte sufrimiento, risas y sensación de libertad con sus amigos. Que prepara las carreras con la ilusión del que va a ganar una gran batalla. Eres invencible, correr te da esa energía mágica que hace que tires con todo adelante, nada te puede detener. Correr es tan inherente a tu alma que no concibes la vida sin ello. ¡Tienes alma de atleta!

Y de pronto llega esa maldita lesión. No hablo de una lesión que te aparta dos semanas de correr. Hablo de la lesión larga, con la que no ves el final, la que cuando ya parece que lo tienes, vuelve la recaída. Esa lesión daña tus músculos, pero el dolor más fuerte lo imprime en tu alma de guerrero.

Poco a poco tu corazón se va apagando, las fuerzas se acaban y llega un día en el que te miras al espejo y te ves desdibujado, no reconoces aquel luchador que nunca abandonaba. Sin darte cuenta, te has convertido en otra persona.

Entonces sucede la magia. Cual donante que se acerca al hospital para ceder su sangre a quien la necesita, aparecen tus donantes de energía. Tu gran amigo y compañero fiel de entrenos, que te dice "tete, recupérate que yo estaré esperándote" y siempre está cuidándote. Tu entrenador, que te llama cada 3 días, más que para saber cómo estás, para que tú sepas que él está ahí contigo. Tu pareja, que paciente escucha tus inquietudes y te agarra de la mano diciéndote "seguro que pasará". Tu fisio, que busca con ahinco tocar esa tecla que libere tus músculos y te lance a devorar kilómetros. Tu hija, que te regala un amuleto que te dará suerte cuando salgas a rodar. Tus amigos que te llaman cuando más lo necesitas y te dicen "recuperáte que te hechamos de menos". Tu club de atletismo, que no quiere que olvides que tu hueco sigue estando allí. Son tu corazón artificial, los que bombean cuando el tuyo no tiene fuerzas para hacerlo. Tu salvavidas, tu power bank.

Todos ellos te regalan parte de su energía, de sus corazones al tuyo, una transfusión de vitalidad que cura cualquier lesión, el mejor regalo que pueden hacerte. Y es con esa fuerza con la que te levantas, con la que tu alma de guerrero, que siempre ha estado en tu pecho, se llena, recobra las fuerzas, la alegría, la ilusión y vuelve a latir con la misma alegría de siempre. Y te recuperas siendo más fuerte, porque llevas dentro la energía de los tuyos, de los que te aprecian, de los que no te abandonan cuando más lo necesitas.

Amigo guerrero lesionado, si notas vacío tu corazón, acércate a los que te quieren, porque ellos son la clave de tu recuperación.

Este texto va dedicado para todos aquellos que me acompañan en el camino de la recuperación, mi fuente de energía.

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