Protégete de la ciática del corredor

¿Estás harto de las molestias en la zona de la espalda? Este artículo te aporta las soluciones.
Hernán Silván | FOTO: Beth Bischoff -
Protégete de la ciática del corredor
La ciática del corredor

Se puede definir como el dolor pierna a abajo de la raíz nerviosa del ciático (de ahí su nombre) y que, con origen lumbar o lumbosacro, revela un conflicto disco-radicular, de estenosis del canal raquídeo o puramente vertebral interesando a los niveles L4-L5 ó L5-S1. Es una entidad rara en niños y adolescentes, siendo excepcional después de los 60 años. Suele venir precedida de episodios de lumbalgia común o lumbagos. Según la raíz afectada puede presentar síntomas de parestesias o adormecimiento de pierna, talón, antepié y dedos, siempre en la extremidad inferior. El dolor es muy variable, desde hiperálgico muy limitante a menor, localizado y punzante. En casos muy graves el dolor es sustituido por paresia (no sentir totalmente la pierna) e incluso parálisis del territorio correspondiente a la rama afectada; recordaremos que el nervio ciático comprende las ramas L4, L5, S1, S2 y S3. El dolor ciático es lacerante, punzante, urente y agudo. Puede ir acompañado de espasmo muscular en muslo y pantorrilla, y mejora con el reposo aunque dependerá de la naturaleza de la compresión.

Así, el dolor ciático de origen discal aumenta con las posiciones de compresión discal por la gravedad, como lo son estar sentado o conducir largo rato. Y no se diferencia en sus características del dolor por estrechamiento de canal raquídeo. El Royal College of General Practitioners de Londres en su última guía para tratar el dolor lumbar dice que cataloguemos como puramente “radicular” a aquel dolor unilateral irradiado a pierna y precedido o acompañado de dolor lumbar bajo, con parestesias y falta de fuerza y Lassègue (que es un test de elevación de pierna recta) positivo.

También hay que aclarar que el tratamiento conservador, no quirúrgico, resuelve el 96% de las ciáticas.

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TRATAMIENTO FUNCIONAL

Una vez determinadas las características del cuadro lumbar y emitido un juicio clínico por el médico (es necesaria ayuda especializada), procede comenzar a tratar sin demora a nuestro deportista. Además de la ayuda farmacológica con anti-inflamatorios y vitamina B se debe pensar en el tratamiento funcional siempre que, a criterio del médico que conozca estas técnicas, no haya contraindicación para empezarlo. Si el cuadro es agudo y estamos en los tres primeros días de lesión aplicaremos hielo en la fuerte contractura lumbar o lumbosacra, como primera medida de urgencia.

Hay mucho reparo en aplicar frío en cuadros que se sospechan eminentemente musculares, pero la posible inflamación indica la crioterapia como primera medida de urgencia. Si vemos al mismo deportista pasados cinco o seis días la termoterapia indicada será el calor en sus diversas formas. Tres son los pilares en que se fundamenta el tratamiento funcional manual de la espalda baja:

1. Las técnicas de tejidos blandos.

2. La manipulación vertebral propiamente dicha.

3. La educación postural.

Cuando observamos una lumbalgia por esfuerzo deportivo, ya sea violento o repetitivo, siempre encontramos una fuerte contractura muscular, por ello se suele ver en radiografía una rectificación de las curvas fisiológicas. Ante este hipertono muscular comenzaremos el tratamiento con una secuencia de técnicas de tejidos blandos como el masaje terapéutico de descarga, con maniobras de fricción superficial y profunda, presiones deslizadas y contrariadas, amasamientos y vaciados venosos.

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La técnica neuromuscular, a trazos cortos sobre los espacios paravertebrales, es un conjunto de maniobras que trabaja especialmente las fuertes contracturas de los músculos cortos intervertebrales y grandes músculos glúteos que no abarca el masaje “propiamente dicho.” Las técnicas desfibrosantes, dentro de las que destaca la clásica fricción transversa profunda de Cyriax y las actuales técnicas “ortopáticas” de Steven Typaldos, son una excelente aplicación sobre músculos y ligamentos inmersos en el proceso lumbálgico y suelen complementar a las dos técnicas anteriores. Las técnicas inhibitorias, son el “slap” vibratorio de Moneyron o las vibraciones punteadas sobre los “trigger points” descritos por la doctora Janet Travell son muy efectivos para disminuir el dolor y por tanto la inicial contractura con que nos llega el deportista. 

Los bombeos miofasciales son una técnica que se dirige principalmente a preparar las aponeurosis y los ligamentos, liberando tensiones. Se realizan por una alternancia de tracciones y relajaciones, hasta sentir menos tensión y menos dolor. Si utilizadas las técnicas descritas seguimos descubriendo importante dolor ligamentosos o muscular es conveniente realizar suaves estiramientos musculares con técnicas post-isométricas, testando de continuo para que el paciente no experimente ningún tipo de dolor que pudiera desencadenar reflejo miotático. A este “stretching terapéutico’ pensado para la mejora de la elasticidad muscular podríamos añadir las técnicas de liberación por posicionamiento de Jones, que disminuirán la hiperalgesia ligamentosa.

Cuando nuestro deportista presenta un estado adecuado de relajación muscular y ligamentosa podemos aplicar enseguida las maniobras de manipulación vertebral propiamente dicha, si es que están indicadas en la primera sesión o consulta. Se consideran manipulaciones vertebrales “per se” las técnicas de “energía muscular,” las técnicas funcionales osteopáticas y por último, las más conocidas técnicas con impulso de alta velocidad y baja amplitud.

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El recurso de las manipulaciones vertebrales se muestra como un método extremadamente eficaz ante el problema que plantean las recidivantes lumbalgias de nuestros deportistas, siempre y cuando la indicación de su uso sea correcta, tras un diagnóstico realizado por un clínico competente, y la maniobra esté bien ejecutada, con unas manos adiestradas para ello. Este método terapéutico no está exento de riesgo debido a su naturaleza especial y a los elementos sobre los que se aplica. Por esta razón la utilización de las manipulaciones vertebrales debe hacerse con un diagnóstico etiológico perfecto, verificándolo antes y después de la maniobra y con un control inmediato del resultado a fin de descubrir contraindicaciones técnicas, así como posibles reacciones en el curso de las sesiones del tratamiento. Los trastornos menores de las vértebras son responsables del 80% de los dolores comunes de espalda, y por ello se han estudiado distintas formas de terapia. En dichos estudios la manipulación vertebral se revela como un exitoso método a la hora de controlar e incluso extinguir los dolores comunes de espalda.

Tímidamente introducida en el campo de la Atención Primaria, la manipulación vertebral viene siendo norma de tratamiento en la Medicina Deportiva más actual, con ello nuestros deportistas se benefician de unas técnicas que bien aplicadas son de rápidos y consistentes resultados.

Afortunadamente van aumentando los trabajos e investigaciones científicas publicadas que justifican su uso, y aunque haya bastantes lagunas en los modelos que intentan explicar lo que sucede al manipular una articulación intervertebral y hasta dónde puede llegar su poder curativo, lo cierto es que cada día nos resuelve más situaciones de compromiso espinal y dolor de espalda en los deportistas, aficionados o de elite.

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La educación postural supone la “guinda al pastel” en el tratamiento final de lumbalgias y ciáticas. La base fundamental de cualquier método de gimnasia correctiva o educación ergonómica pasa por la individualización y por ello mis recomendaciones no se dirigen a un método concreto (yoga, Pilates, yoguilates, reeducación postural global, tai-chi) sino más bien a la individualización o al menos a clases de tres o cuatro personas donde el monitor estará pendiente de uno y le hará trabajar convenientemente estos ejercicios explicándole aquellos hábitos que en su situación particular sean los más o los menos saludables.

LAS FALSAS CIÁTICAS

El excesivo tono o “contractura” del músculo piramidal puede rozar, presionar e incluso comprimir la salida del nervio ciático por el agujero obturador de la pelvis y esto ocasiona una “falsa ciática”. Lo que se nota es molestia en nalga y muslo posterior que puede llegar a la zona trasera de la rodilla, nunca pasando pierna abajo, lo que distingue este cuadro del de una verdadera lumbociática. Las sensaciones de acorchamiento o ligero dolorimiento a lo largo del muslo nos deben poner sobre la pista, así como el aumento de los síntomas al sentarnos largo rato o al ir en el coche, pues comprimimos aún más la salida del nervio.

Si la afectación lumbar atañe al disco intervertebral o al pinzamiento articular de las vértebras o síndrome de las facetas se suelen extender estos síntomas hasta, incluso, el pie y los dedos o el talón, lo cual nos hace pensar en una verdadera ciática. Cuando corremos y se está iniciando una contractura del piramidal se percibe una molestia, más frecuente con el músculo en frío, que se agrava cuando recogemos mucho la pierna, esto es, cuando hacemos trabajo de ritmo o interval- training o cualquier otro entrenamiento que aumente la zancada de repente por fuerte cambio de ritmo.

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Se nota como una punzada en el centro del glúteo con o sin afectación de la espalda baja lumbar. Cuando pasan los días esa molestia se fija en las nalgas con carácter quemante o punzante y de forma más diferida en los músculos paravertebrales lumbares de ese lado.

A los pocos días ya no sólo duele al principio sino durante el entrenamiento también. A veces queda ese dolor sordo en el glúteo durante meses y una competición o entrenamiento exigente lo hace precipitar en verdadero cuadro de dolor y limitación funcional que impide siquiera trotar unos minutos. Debemos preocuparnos cuando el dolor entre la zona central y baja de las lumbares y hasta la cabeza del fémur en la cadera se instaura de forma continua y se agrava con el coche o  tras estar largo rato sentados, así como con los entrenos fuertes, sin pasar del muslo posterior y con carácter quemante o punzante.

Los últimos estudios sugieren tratamiento médico-manual con manipulación del sacro, ejercicios de estiramiento específicos e inyecciones del fármaco biológico Traumeel en los extremos del piramidal (articulación sacroilíaca y trocánter mayor del fémur). 

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