Jim Walmsley y la Western States 100 ¿a la 3ª irá la vencida?

Analizamos la carrera del bravísimo corredor americano en la que se impusieron Ryan Sandes y Cat Bradley
Ezequiel Bellido / Foto: HOKA ONE ONE -
Jim Walmsley y la Western States 100 ¿a la 3ª irá la vencida?
Jim Walmsley y la Western States 100 ¿quizás a la 3ª irá la vencida?

Uno de los eventos más importantes del año a nivel mundial en lo que al trail running de larga distancia se refiere se ha disputado este fin de semana en California, nos referimos a la mítica, Western States 100 Mile Endurance Run, más conocida como Western States –WS100- , la prueba ultra por montaña más longeva de la historia -su primera edición data de 1974-.Y es que hoy día y junto al Ultra Trail del Mont Blanc, son las consideradas como las ultratrails más prestigiosas del planeta.

Sus 100 millas -casi 161km- y sus 12.000 metros de desnivel acumulado –unos 5.000 en subida- que se extienden entre Squaw Valley y Auburn, cruzando el Emigrant Pass y el Granite Chief Wilderness, los cañones de la California aurífera, la travesía de las aguas heladas del río América, para terminar en las pistas marrones y rojizas que recorrían los peregrinos y los buscadores de oro para llegar a Auburn, la han hecho una de las citas obligadas para los mejores ultra trail runners americanos, así como para otros tantos ultrafondistas montañeros de caché mundial, por poner dos ejemplos: Kilian Jornet, François d’Haene o el mismísimo Tòfol Castanyer.

Esta es una carrera por montaña de larga distancia donde la superficie por la que se corre permite correr a buen ritmo, aunque el calor que siempre está presente –normalmente con temperaturas entre los 35-40ºC- es una de las variables decisivas con la que tienen que lidiar los participantes y que por tanto decide al final su rendimiento así como el porcentaje final de finishers. En este sentido, si el año pasado el 80% de los que salieron llegaron a meta, este año esta cifra ha bajado al 67% -cifra baja pero no tanto como el 52% que se totalizó en la edición de 2006, hace ahora 11 años-.

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Si nos centramos ahora en los protagonistas de esta edición, es obligatorio referirnos a Jim Walmsley, el corredor que ha acaparado toda la atención en las semanas y días previos a la prueba, por las altas expectativas que teníamos la mayoría de los aficionados a la hora de erigirse como ganador de esta prueba. ¿Que por qué? Porque el de Flagstaff ya demostró en la pasada edición de lo que era capaz. Su personalidad competitiva y arrolladora y su calidad como corredor, le llevó el año pasado a hacer una memorable carrera hasta que se perdió a 10 millas de la meta. Sus tiempos de paso eran de escándalo y por poner un ejemplo, a su paso por Rucky Chucky -milla 78, aprox km 125’5km- su tiempo era de 10:59 horas, exactamente 33 minutos menos que lo que marcó Tim Olson en 2012, año en el que estableció el record vigente de la prueba de 14:46 horas. Walmsley volaba a velocidad media aproximada de 5’15’’/km, aproximadamente. Lástima que su percance no le dejó demostrar lo que valía, pero pese a todo, retomó el camino y pasó la línea de meta en la posición 20 y con más de 4 horas más de las que le correspondían.

Jim tenía este año otra oportunidad, había entrenado concienzudamente, estaba muy mentalizado y no sólo a ganar, sino a rebajar el record e intentar por todos los medios bajar de la barrera de las 14 horas, algo impresionante. En esta gesta contaría en la última sección del recorrido con su amigo Tim Frieriks – el flamante vencedor de la pasada Transvulcania, en la imagen, le haría de pacer-. Fiel a su manera de ser, así lo anunciaba días antes a los medios especializados:

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“Quien quiera seguirme lo tendrá difícil, nadie podrá si me sale la carrera que espero”.

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Y es que Walmsley es un pura sangre, un corredor de una gran calidad que además no tiene miedo y que apuesta el todo por el todo.

Tras la salida y pese al calor que se pronosticaba, Jim impuso un frenético ritmo que nadie se atrevió a seguir. Su ventaja respecto a sus adversarios se ampliaba a medida que pasaban los kilómetros y por poner un ejemplo a mitad de carrera su renta sobre el segundo clasificado se acercaba a la hora de ventaja. Pero si comparamos sus parciales de 2016 con los de este año, estos fueron muy similares, 4 minutos mejor este año en Dusty Corners –milla 38- y tan sólo 2 minutos mejor en Devils Thumb –milla 48 aprox-. Pero fue desde este emplazamiento al de Michigan Bluff – 8 millas más allá- donde Jim comenzó a flojear y su paso por este punto ya fue 3 minutos más lento que el del año pasado, aunque con una renta de 23 minutos sobre el record de Olson. 15 millas más tarde, en Peach Stone -70’7- todavía era líder de la prueba pero su tiempo ya era 7 minutos más lento que el de Olson en 2012 y añadía nada más ni nada menos que 37 minutos a las 10:00 horas justas con las que pasó por este punto en 2016. Jim estaba tocado y su periplo hasta Rucky Chucky –lugar donde abandonó- fue muy largo.

Parece ser que un poco más allá de mitad de carrera, comenzó a tener problemas estomacales con angustia y vómitos incluidos que no le dejaron ingerir ni retener ningún alimento. Esta es una dolencia muy común en carreras de larga distancia donde el calor unido a la intensidad a la que se corre, hacen que el cuerpo se estrese muchísimo. La sangre no da abasto para llegar a todas la partes del cuerpo y prescinde de llegar al estómago porque está ocupada nutriendo e intentando refrigerar el resto del cuerpo.

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Una gran gesta de este ‘cowboy’ que hizo una carrera que valía mucho pero que al final, y tal como le pasó el año pasado, no materializó en victoria. En este sentido, cierto es que iba con mucho adelanto respecto al tiempo de record de Olson y que de seguir así lo hubiera mejorado –unos 26 minutos de renta a mitad de carrera- pero la realidad es que incluso el año pasado que iba bastante mejor –con 33 minutos de adelanto en la milla 78- le hubiera sido muy difícil bajar de las 14 horas –objetivo principal de este guerrero del ultratrail-.

Sí, Walmsley no usó la cabeza, se podía haber parado, relajado, recuperado, tenía una renta muy amplia para hacerlo, pero eso no le valía, quería el record y además bajar de las 14 horas.

A quien sí que le valía ganar era a Ryan Sandes. El sudafricano ya sabía que era ser 2º en la WS100, lo hizo justo en la edición 2012, el año del record. Aquella vez quiso correr pegado a los talones de Olson, algo que al final le pasó factura. Esta vez fue diferente y fue cauto hasta la milla 16 que pasó en 4ª posición. A partir de aquí, y tras 5 horas de carrera se puso segundo, esperando el fallo de Walmsley. Con más de 12 horas en las piernas, este llegó,  y a falta de 22 millas para meta, el de Salomon se puso como líder, puesto que conservó hasta llegar a meta como flamante vencedor y tras 16:19:37. Un crono discreto pero que le valió escribir su nombre en la historia de esta mítica prueba.

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El americano Alex Nichols hizo una carrera similar y su constancia y paciencia le llevaron a ser segundo en meta tras 16:48 horas de esfuerzo. El podio masculino lo completó Mark Hammond, otro atleta americano que se fue metiendo la pomada poco a poco y que al final obtuvo su recompensa.

Entre las chicas, y tras una carrera que fue liderada por diferentes corredoras, la que al final se llevó el gato al agua fue Cat Bradley. Pese a su juventud, 23 años, esta americana hizo una carrera de libro y tras remontar 39 plazas desde la milla 10 hasta meta –llegó en el puesto 15º de la clasificación general absoluta- se plantó primera en meta tras 19:31 horas. Magdalena Boulet y Sabrina Stanley, fueron las que escoltaron por este orden a la vencedora.

Mención especial  a Tòfol Castanyer, quien en su segundo año en la WS100, llegó a estar en el top 5 de carrera pero un despiste le llevó a perderse y a perder toda opción a podio. Aún así, el mallorquín hizo gala del pundonor que le caracteriza y supo reponerse y llegar a meta en la posición 11.

 

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