Corremontañero, ¿te haces pruebas de esfuerzo?

Te explicamos en qué consiste y para qué sirve.
Ezequiel Bellido -
Corremontañero, ¿te haces pruebas de esfuerzo?
Corremontañero, ¿te haces pruebas de esfuerzo?

Superdotados y conocidos corredores de montaña como Kilian Jornet o Manuel Merillas (reciente Campeón de España), han sido capaces de llegar encima de un tapiz rodante a cifras bastante sobrehumanas y al alcance de muy pocos: 12km/h y 20% o 11km/h y 25% de pendiente positiva respectivamente. Al igual que ellos, si eres amante de las carreras por montaña bien sabes lo preparado que debes estar para afrontar estos retos y para que las buenas sensaciones te acompañen montaña arriba y montaña abajo. Esfuerzo, sudor y en algunas ocasiones hasta lágrimas te esperan monte arriba y montaña abajo.

Esforzarte como corremontañero conlleva una implicación constante de tu organismo para que tus  piernas funcionen a las mil maravillas y puedan avanzar a la velocidad deseada por el perfil de la prueba. Así, tu sistema cardiovascular -tu motor – debe estar en perfectas condiciones para enviar toda la energía y oxígeno a todos tus músculos y que estos respondan como queremos.

Aunque no negamos que tu motor pueda estar en perfectas condiciones, ante tanta demanda de “caña” y revoluciones no es de extrañar que te aconsejemos lo revises. Al igual que haces con tu coche al pasar la ITV, la idea es pasar por una prueba de esfuerzo una vez cada 1-2 años. Si no conoces muy bien de qué va este test, tranquilo, te lo explicamos...

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¿Qué es y qué se busca en una prueba de esfuerzo?

El término prueba de esfuerzo es bastante conocido entre los practicantes al deporte, aunque mucho más entre los que se dedican a las modalidades aeróbicas y someten a sus cuerpos a largos y/o intensos momentos de sudor.

En este sentido, podríamos definirla como un procedimiento utilizado en medicina deportiva que consiste en valorar la respuesta del organismo durante el ejercicio. El objetivo principal de este proceso sería el de diagnosticar la salud del deportista, descartando principalmente anomalías en su sistema cardiovascular y prevenir así la temida muerte súbita. También habría otros objetivos secundarios, como valorar la capacidad funcional (estado de forma en ese momento) o potencial fisiológico del deportista, así como saber de qué valores se parten a la hora de iniciar un programa de entrenamiento personalizado.

Tras esta prueba de fuego sabríamos si el sujeto en cuestión está sano (es apto) para poderse someter a esfuerzos exigentes y en qué parámetros se mueve en ese momento: velocidad, frecuencia cardiaca y carga de trabajo.

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¿En qué consiste este procedimiento?

Una buena y profesional prueba de esfuerzo puede llegar a durar al menos una hora (o más) pero no todo será llegar y comenzar a correr y resoplar. Antes que nada el médico deportivo te entrevistará en lo que se llama una anamnesis, donde el facultativo se pondrá el día sobre tu la historia clínica.

Luego será hora de medirte, pesarte y calcular tu porcentaje de masa grasa y muscular. Esto le dará una idea del IMC (índice de masa corporal), dato que servirá para saber si estás en un peso saludable o ideal.

Lo anterior dará paso a un electrocardiograma en reposo donde comprobará la actividad eléctrica de tu corazón así como los primeros indicios de descarte de posibles cardiopatías. Tras esta medición procederá a la toma de la tensión arterial en reposo, otro importante parámetro dentro de la salud, así como a la de una espirometría, cálculo de tu capacidad y volumen pulmonar. Para ello tendrás que soplar dentro de una especie de boquilla todo lo fuerte y continuado que puedas.

Tras todo lo anterior será entonces hora de subirte al tapiz rodante, también llamado, cinta ergométrica o sin fin. Esta es la herramienta más utilizada a la hora de proceder con esta prueba aunque también es apta una bicicleta estática, la cual suelen utilizar más los amantes del ciclismo.

Una vez encima del tapiz estarás a pocos minutos de dar el máximo de tu capacidad fisiológica. Los protocolos de esta prueba suelen ser variados aunque el más extendido para un fanáticos de la carrera a pie es el que le somete a una carga de velocidad creciente con una pendiente constante de 1%. Se empieza a una velocidad relativamente baja, por ejemplo 8km/h, para ir aumentándola cada 2 o 3 minutos. En tu caso, como corremontes que eres, el test que mejor te podría venir es el de Bruce, donde además de aumentar la velocidad, también se aumenta la pendiente. En general, la duración máxima de estos procedimientos se suele estimar entre los 10-12 minutos aunque los límites fisiológicos del deportista (pulso máximo) o bien el criterio del médico deportivo serán los que dictaminen el final de los mismos.

Si como debe de ser la prueba de esfuerzo es rigurosa, hay un par de parámetros y mediciones que la caracterizan, a saber:

-El análisis directo de gases (oxígeno consumido y el dióxido de carbono eliminado) que permitirá una exacta medición del consumo máximo de oxígeno (parámetro de rendimiento y potencial fisiológico del corredor de gran valor) y la determinación los umbrales aeróbico y anaeróbico (fundamentales a la hora de entrenar con pulsómetro las diferentes vías energéticas).

- Electrocardiograma y la toma de tensión arterial, aunque está vez en pleno esfuerzo así como en la fase de recuperación.

Todo esto servirá al profesional de la medicina deportiva para evaluar si tu salud cardiovascular es óptima y si te adaptas perfectamente a un ejercicio exhaustivo y prolongado. Además de este importante punto, saber tu capacidad fisiológica o estado de forma en ese momento, tu potencial como atleta, tu margen de mejora o los umbrales que te permitirán entrenar de forma más óptima son más cosas que sabremos gracias a una prueba de esfuerzo. Todo un chollazo, ¿verdad?

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¿Cuánto cuesta una prueba de este tipo?

Los precios que se suelen barajar son bastante dispares. Podemos ponernos a prueba por menos de 100€ o por más de 200€. Existen lugares con procedimientos muy completos (incluida la medición de gases) por menos 90€ y otros no tan profesionales que cuestan más de 200€. Por tanto el profesional más caro no tiene que ser el mejor.

Lo realmente importante es tener claro que para que este tipo de prueba sea considerada profesional y competente, deben de llevarse a cabo (como mínimo) todas las mediciones de los parámetros comentados con anterioridad. Incluso en algunas ocasiones se riza el rizo y nada más finalizar la misma se  toma una muestra de sangre para ver el lactato máximo al que se ha llegado, así como recogida de orina para ver la composición de la misma tras el esfuerzo.

Un importante consejo: Aunque la más conocida es la prueba de esfuerzo, que nos sirve para evaluar el comportamiento de nuestro corazón -su actividad eléctrica- con el esfuerzo, se ha visto que lo suyo sería complementarla con la realización de una ecocardiografía –ecografía del corazón-. Con esta  se garantizaría una revisión completa de tu aparato cardiovascular. Piensa que aunque aparentemente parezca que tu “motor” funciona perfectamente, no se sabe cómo está en estructura, por dentro y al detalle. Válvulas que cierran mal, hipertrofias o algunas cardiopatías que podrían ser incluso mortales, son sólo susceptibles de ser detectadas con este método.

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