Las dos orillas de Zaid Ait Malek

La historia del corredor de un corredor de montaña querido a partes iguales en España y en Marruecos.
Lucía Santiago | EFE -
Las dos orillas de Zaid Ait Malek
Zaid Ait Malek en la meta de Ultra Pirineu 2018 | Bárbara Sánchez Palomero

Madrid, 15 nov (EFE).- En la localidad marroquí de Belyounech decenas de niñas y niños revolotean alrededor de Zaid Ait Malek. En los aledaños del colegio tratan de imitar su zancada pero, sobre todo, aciertan a reproducir la característica sonrisa del León del Atlas, uno de los mejores corredores de montaña del mundo.

Él reconoce, tras la última etapa de la Eurafrica Trail, que competir en su país "es especial". Sus compatriotas, no en vano, responden a su llegada con muestras de admiración que se acrecientan cuando le ven pisar el primer cajón del podio y recoger el trofeo de campeón.

Para él es un premio añadido a la felicidad que encuentra en las carreras. El deporte es el camino que eligió tras entrar hace doce años en España, de manera ilegal, en los bajos de un camión.

Con esa decisión dejó atrás su infancia en Oudadi Imilchil, un pueblo de "gente humilde, sencilla y luchadora", subraya.

El deporte es el camino que eligió tras entrar hace doce años en España, de manera ilegal, en los bajos de un camión.

Anna Comet, autora del libro que condensa la vida del marroquí (Zaid Ait Malek, 'La Eterna Sonrisa del Trail' - Lectio Ediciones), se lo imagina de niño "corriendo por las montañas, con sus padres nómadas". "¡Su historia es tan distinta a lo que nosotros vivimos aquí! Pero lo que me transmite es que era feliz con su familia, persiguiendo pájaros y cabras, durmiendo en jaimas y corriendo de un lado para otro", asegura en una conversación telefónica la catalana.

Zaid Ait Malek es el pequeño de seis hermanos. Fue el único que acudió a la escuela hasta que las necesidades económicas de su familia le llevaron a iniciarse en el oficio de albañil.

Las dos orillas de Zaid Ait Malek

Zaid Ait Malek durante el Ultra Pirineu de 2018 | Bárbara Sánchez Palomero
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En los libros descubrió que existía otro mundo y que las realidades de Marruecos y de España están separadas únicamente por 14 kilómetros de mar.

Una conversación con su padre marcó igualmente su perspectiva vital. "El camino", le dijo su progenitor, "está ahí para ti". El suyo le vio recoger aceitunas en Almería y en Córdoba -todavía trabaja de jornalero algunos días del año- antes de presentarse en sociedad con una sobresaliente actuación en Zegama, en 2013. Tras Kilian Jornet, Luis Alberto Hernando y Tadei Pivk cruzó la meta Zaid Ait Malek. A partir de entonces crecieron su fama y sus éxitos.

"Pero no ha perdido al niño que lleva dentro", conviene Anna Comet. "Sigue siendo una persona sonriente y amable. Nunca tiene una mala palabra para nadie", agrega.

Su situación actualmente está lejos de ser idílica. Su permiso de residencia expira a finales de 2018 aunque, mientras espera a que se resuelva su situación, no pierde la sonrisa.

"Las personas tenemos dos formas de afrontar las cosas: poniendo buena cara y aceptando lo que nos ha pasado o volviéndonos amargos y no aceptando lo que tenemos. Entre las dos opciones, él escogió la primera. Seguro que la tristeza y la preocupación existen, pero a mí no me la transmite. ¿Que cómo veo su futuro? Ni idea. Tiene a su mujer y a su hijo allí, sé que ama su pueblo y su tierra, pero sabe la realidad que hay en las dos partes y va a intentar luchar para poder estar aquí y dar lo mejor a su familia", remacha Comet.

En las redes sociales, por iniciativa del atleta asturiano Javier Ordieres, sus amigos, sus compañeros y sus rivales expusieron su deseo. "Zaid se queda" es su anhelo.

Las dos orillas de Zaid Ait Malek

En uno de los avituallamientos de Ultra Pirineu | Bárbara Sánchez Palomero
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