¿Cómo el entrenamiento te puede ayudar a gestionar el dolor?

Nuevos estudios estudian cómo las molestias en los entrenamientos no solo te hacen ponerte en forma sino también te hacen más resistente
Alex Hutchinson -
¿Cómo el entrenamiento te puede ayudar a gestionar el dolor?
¿Cómo el entrenamiento te puede ayudar a gestionar el dolor?

Dos estudios presentados en la conferencia del Colegio Americano de Medicina Deportiva de la semana pasada se suman a la creciente literatura sobre los vínculos entre el entrenamiento, la percepción del dolor, y las carreras. Se suman a la creencia de que el entrenamiento puede aumentar tu capacidad para lidiar con el dolor.

 

El primer estudio, de Katrina Maluf y sus compañeros de la Universidad Estatal de San Diego, explora los vínculos entre la actividad física diaria y la sensibilidad al dolor.

Parece claro que los atletas tienen umbral del dolor similar, pero su tolerancia al dolor es mayor que la de la población general. Eso significa que si comienzo a empujar a un grupo de personas con un palo con una presión creciente, los atletas y no atletas va a decir “¡Eh, eso duele!”, aproximadamente en el mismo punto, pero los no atletas dirán “Para, no puedo más!” antes que los atletas.

Esto se cree que es una consecuencia de las molestias que sufren los deportistas como una parte regular de sus entrenamientos. No cambia la forma en que sienten dolor, pero mejoran su capacidad para hacer frente a ese dolor.

 

La pregunta que el nuevo estudio estudia es si patrones similares aparecen cuando nos fijamos en los hábitos de actividad física de los no atletas.

Los investigadores pusieron a los voluntarios un acelerómetro para registrar sus patrones de movimiento durante siete días, clasificando cada minuto de sedentarismo o actividad física moderada o enérgica. El umbral del dolor y tolerancia se midieron con un algómetro, que es básicamente el palo que he mencionado anteriormente.

Los resultados mostraron que el 74% de su tiempo es sedentario, el 23% es actividad física ligera, y % de actividad enérgica. (No hay redondeo, por lo que la suma no llega a 100.)

No hubo relación entre los patrones de actividad física y el umbral de dolor, al igual que en los estudios de los deportistas.

En contraste, la tolerancia al dolor fue mayor en aquellos con menos tiempo sedentario y / o más actividad ligera, como se esperaba a partir de los estudios en los atletas.

Sorprendentemente, no había relación entre la tolerancia al dolor y la actividad física vigorosa. Mis pensamientos son que esto podría ser simplemente porque las personas del estudio hicieron tan poco realmente que no había suficientes datos para que los patrones lo registren.

 

La gran pregunta es si las personas con una mejor tolerancia al dolor son más propensas a tolerar la incomodidad ocasional del ejercicio, o viceversa, si las personas que practican actividad deportiva desarrollan una mejor tolerancia al dolor.

Es una pregunta importante porque, por ejemplo, tiene implicaciones para el tratamiento del dolor crónico a través del ejercicio.

La misma cuestión se plantea con los atletas donde existe una buena evidencia, como ilustra el próximo estudio, de que los atletas realmente aumentan su tolerancia al dolor como una respuesta directa al entrenamiento.

 

El segundo estudio, de Martyn Morris, ex integrante de Oxford Brookes y ahora en la Universidad de Coventry en el Reino Unido.

Básicamente, Morris expuso sus teorías a través de un programa de entrenamiento de ciclismo de seis semanas que consistía en intervalos intensos (6-8 x 5:00 fuertes) o ejercicio continuo moderado (60-80 minutos al 90% del umbral de lactato).

 

Los programas de entrenamiento fueron emparejados para tener el mismo volumen total y se produjeron básicamente mejoras idénticas en los marcadores habituales de la capacidad aeróbica como VO2 max y el umbral de lactato.

 

Pero la resistencia real de rendimiento, medido en un conjunto de pruebas de tiempo hasta el agotamiento, fue dramáticamente diferente.

En un test que se realizó con la misma intensidad absoluta antes y después del entrenamiento, el grupo de los intervalos mejoró en un 148% mientras que el grupo de ritmo continuo mejoró sólo un 38%.

 

Así que si los marcadores deportivos medidos mejoraron de la misma manera en ambos grupos, ¿por qué fue el entrenamiento tan diferente? Los investigadores también midieron la tolerancia al dolor utilizando una “prueba de torniquete”, que básicamente consiste en apretar el puño repetidamente con un torniquete bloqueando el flujo sanguíneo. La tolerancia al dolor del grupo de intervalos aumentó en un 41%, mientras que el grupo de ritmo continuo no vio ningún cambio (una disminución estadísticamente insignificante de un 3%).

 

¿La explicación? El grupo de los intervalos consiguió mejorar en la prueba de resistencia debido al doloroso e intenso entrenamiento de intervalos al que se habían sometido al mejorar con ellos su capacidad para lidiar con el dolor, totalmente independiente de las evoluciones en su capacidad aeróbica. Un análisis separado de los resultados individuales detectó una correlación moderada (pero no estadísticamente significativa) entre la cantidad de sujetos que aumentaron su tolerancia al dolor y lo mucho que mejoraron su desempeño de tiempo hasta el agotamiento.

 

Este estudio es probablemente la evidencia más fuerte hasta ahora de que el entrenamiento realmente hace aumentar la tolerancia al dolor. Y por otra parte, sugiere que probablemente no sea a través de un misterioso flujo de sustancias químicas del cerebro promovidas por la capacidad aeróbica.

La realidad es que “aprender a sufrir” es uno de los beneficios más ampliamente transferibles del entrenamiento, en mi opinión, sólo a través del acto repetido de sufrimiento.

 

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