Cómo controla los nervios English Gardner velocista de 100m

Cuatro años después de una demoledora final sin subirse al podio en las pruebas nacionales, la velocista de los 100 metros de ahora 24 años detalla las cambiantes emociones que alimentan sus ambiciones para verano.
Redacción Runner´s World Woman -
Cómo controla los nervios English Gardner velocista de 100m
Cómo controla los nervios English Gardner velocista de 100m

Declaraciones de la velocista de 100 metros, English Gardner antes de su competición en Rio2016.

Muchas veces mi miedo se lleva lo mejor de mí; vomito antes de mis competiciones por lo menos cuatro veces. Me resulta realmente difícil controlar mi adrenalina.

Incluso cuando hablo sobre una competición próxima, mi corazón se acelera, me sudan las manos. Me pongo nerviosa. Muchas veces se me duermen las manos y los pies; es como esa reacción de lucha o huida. En la línea de salida me golpeo las piernas, pero no para asustar a mis contrincantes, sino porque no las siento. Procuro estar lo más lejos posible del modo competición, porque una vez que estoy ahí, necesito adrenalina; necesito mis emociones. Necesito mis nervios para ser la corredora que necesito ser.

 

Me pongo nerviosa por no querer decepcionarme a mí misma. Los nervios vienen de un impulso interno. Sé de lo que soy capaz y sé que en la prueba todo puede ir mal. Si no corro como yo sé, no obtendré los resultados que necesito, y eso es muy estresante. Puede ser que no me esforzara lo suficiente en la salida o que fallara en un ángulo por tres grados.

 

Año tras año, he observado a la gente llevarse lo que sentía que yo me merecía. En las pruebas nacionales de 2012, vi a tres mujeres subirse al podio. Todo aquello para lo que siempre he trabajado se me escapó de las manos en 10 segundos. Así que este año, no voy a parar hasta que haga mi trabajo. He dejado de lado todas las lágrimas que he llorado, y nunca más me quiero sentir así.

Todo lo que hago tiene un fin. Los días en los que estoy cansada, los días en los que siento como si no pudiera seguir, esos son los días en los que más necesito concentrarme. Me despierto sabiendo que no me van a regalar nada. Este año no voy a esperar a que llegue mi momento. Voy a ir a por él: esa es la diferencia. No solo voy a ir a por él en las pruebas nacionales. No solo voy a ir a por él este verano. Voy a ir a por él cada mañana cuando me esté poniendo mi equipación de entrenamiento. Voy a ir a por él cuando me esté atando los cordones, cuando esté haciendo cada movimiento complicado de mi programa de pesas y cuando esté en la pista perfeccionando mis destrezas.

 

«No voy a esperar a que llegue mi momento. Voy a ir a por él».

Una cosa es tener un millón y tres células en tu cuerpo que sirven exactamente para hacer lo que necesitas hacer. Pero después está esa otra parte de ti: ese límite que te lleva al punto al que necesitas llegar. Tuve que quedar segunda para aprender cómo quedar primera. Cuando pierdo, sé exactamente lo que tengo que hacer para ser la primera. Todas esas derrotas que he vivido me van a preparar para esta victoria que estoy a punto de conseguir.

El otro día, miré a mi entrenador fijamente a los ojos y le dije: «Entrenador, tu trabajo es poner la mesa. Necesito que coloques los tenedores, las copas, los platos, las cucharas, los cuchillos y las servilletas. Porque cuando me siente a la mesa, te prometo que voy a comer y que me voy a acabar todo. No voy a dejarle nada a nadie. Pero tienes que guardarme un sitio. Yo me ocuparé del resto».

 

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