¿Corres o entrenas?

Seguro que has sentido la diferencia. Correr y entrenar puede no ser lo mismo.
Mónica Martínez -
¿Corres o entrenas?
¿Corres o entrenas?

Esta pregunta puede parecer una tontería pero para mí a día de hoy no lo es porque correr y entrenar no es exactamente lo mismo. O no lo es hasta que sales a correr a la velocidad que entrenas o entrenas a la velocidad a la que sales a correr... Os explico lo que quiero decir con esto.

Cuando hace más de tres años empecé a correr a la hora de la comida, salía a eso: a correr. A sentir la libertad en estado máximo, a hacer caso a mis piernas que tras horas frente al ordenador me pedían a gritos moverse, a revolver mis ideas y temas pendientes en un “brainstorming personal e intransferible” al compás del aire puro y el silencio de una dehesa. Salía a desconectar y disfrutar mientras corría.

Muy poco después me preparé para mi primera Media Maratón y ya salía a correr con la idea de hacer cierto número de kilómetros, aún no me importaba mi ritmo porque mi único objetivo era probarme y saber si mis piernas, esas que habían pedaleado horas de spinning, que habían bailado horas de zumba y habían soportado la carga de alguna que otra máquina de pesas ocasionalmente, podían llevarme a cruzar la meta tras recorrer esos 21,097km. Por circunstancias, esa primera Media Maratón la disfruté mucho, no sólo por ser la primera y porque tenía lugar en un país exótico, ni tampoco porque la corrí con una compañera del trabajo sino porque no tenía una marca a batir, mi único objetivo era llegar a la meta. Mi compañera dijo en el kilómetro 15 que no podía más y yo me negué a aceptarlo y me transformé en una animadora incansable durante los últimos 5 km para que nos convirtíeramos en finisher juntas.

Quizá por esa razón, por no haber ido a tope en esa primera carrera, sólo tres meses después ya estaba en la linea de salida de mi segunda Medio Maratón y después llegaría una en la montaña pero en ninguno de los casos me preocupaba mi ritmo. Seguía saliendo a correr. Sólo entrenaba en el gimnasio porque quería tener mis piernas y mis tobillos fuertes y bien cuidados para no lesionarme y poder seguir disfrutando de este deporte que me ha cambiado la vida. 


Pero como os conté hace dos meses decidí que quería aprender a correr. Quería que mi postura fuese la correcta incluso en las interminables cuestas de mi pueblo. Quería que mis talones no apoyasen en el suelo más de lo que es necesario. Quería correr bien o al menos, correr mejor.

Así que busqué ayuda. Sí, hasta ese momento no había entrenado con nadie. Es decir, había salido a correr con los compañeros de trabajo primero y después con alguna amiga pero nunca me había dejado asesorar por un entrenador o entrenadora. Siempre buscaba en Runners.es los planes para entrenar adaptados a mis necesidades y cómo soy muy disciplinada los seguía prácticamente a rajatabla. Pero vaya cambio! 

Tras pasar dos meses entrenando con Nerea Ruano ( dejaré claro que no es entrenadora y ni si quiera quiere que la llame atleta, porque aunque lo ha sido desde muy chiquitita y sigue corriendo muy bien ya no compite a nivel profesional, pero de verdad que sabe tanto y le sale tan fácil que no te das cuenta de que estas trabajando duro) me he dado cuenta de que antes yo salía siempre a correr. Ahora varias veces a la semana salgo a entrenar.  Sí a probar mis límites en las series de 500m , de 1000m y de 2000m, a terminar la sesión subiendo varias cuestas con todas mis fuerzas, a hacer técnica de carrera aunque mi coordinación no responda como yo quiero…A volver agotada sabiendo que lo has dado todo.  A que al día siguiente te duelan las piernas del esfuerzo y la acumulación del ácido láctico. Salgo a mejorar mi condición física y a intentar correr mejor. Salgo a entrenar. Y de paso, corro más rápido.

Se puede decir que como runner yo tenía mucha moral y fuerza de voluntad pero velocidad de tortuga ( mi hijo dice que eso que yo hacía era jogging y no running…quién le habrá enseñado la diferencia..:-) y no penséis que ahora vuelo. No. Ya me gustaría. Los milagros son en Lourdes y no en una pista de atletismo. Aquí sólo sirve un buen entrenador y mucho trabajo para aprender a correr sufriendo. Una vez lo logras, cuando tu cuerpo consigue hacer varios kilómetros (cada vez más) a esa otra velocidad que antes no te era cómoda, cuando tu postura se mantiene a pesar de ese nuevo ritmo, a pesar de la inclinación del terreno y del estado de tus fuerzas, entonces empiezas a correr bien. Será ahí, en ese momento en el que saldrás a correr pero en realidad estarás entrenando. 

 

Con estas líneas sólo pretendo animaros a mejorar, a buscar asesoramiento o simplemente a salir de vuestra zona de confort si aún no lo habéis hecho. O no. Porque cuando nos calzamos las zapatillas cada uno elige para qué lo hace. Supongo que hay etapas en la vida del runner para todo y que cuando no tienes un objetivo en mente lo ideal es salir a correr sin más. No importa si utilizas o no pulsómetro porque cuando sales a correr a la velocidad que entrenas y entrenas a la velocidad que sales a correr, ahí es cuando puedes sentir que has mejorado. 

Y tú ,¿sales a correr o a entrenar? 

 

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