Bluetrail Spirit: sumar corazón y alma en una experiencia

Bajo el lema "Trail running para todos", la Cajamar Tenerife Bluetrail se convierte en una experiencia única para corredores de todas las categorías y niveles
Abigail Parra | Fotografía: Oscar by Jordi de la Fuente y Abigail Parra -
Bluetrail Spirit: sumar corazón y alma en una experiencia
Bluetrail Spirit: sumar corazón y alma en una experiencia

El pasado 8 de junio Tenerife se preparaba para celebrar la carrera de la isla, de una belleza incalculable ya que discurre por paisajes y entornos únicos como el Teide y su parque natural. En su octava edición reunió a 2.700 atletas de 33 países, todos con un mismo sentimiento disfrutar de la Cajamar Tenerife Bluetrail.

Bajo el lema trail running para todos, esta carrera se convierte en una experiencia ideal para corredores de todas las categorías y niveles, ofreciendo 5 modalidades diferentes, compartiendo todas ellas una espectacular llegada en la zona del Lago Martiánez en el Puerto de la Cruz.

 

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El reto se disputó el sábado por la tarde ofreciendo 3 distancias diferentes: 8km, 3,7km y 1,2km. Esta modalidad de inclusión que celebra su tercer edición representa uno de los muchos valores que están presentes en todas las modalidades:

La maratón, modalidad considerada mágica, con un recorrido exigente pero de belleza única, ya que recorre sus 43 kilómetros a través de bosques bucólicos distribuidos en: 50% de sendero, un 29% de pista y un 21% de asfalto. Los ganadores de esta edición fueron el catalán Pau Capell 3:40:05 y la islandesa Anna Berglund 4:58:52.

 

- La trail, una modalidad que parte desde 1.387 m de altitud alcanzando los 2.520 en su punto más alto, con un nivel acumulado de 7.886 metros. Sus 67km repartidos con 55% de sendero, 32% de pista y 13% de asfalto recorren diferentes paisajes y es ideal para aquellos que no se atrevan con la ultra. El tinerfeño David Lutzardo con un tiempo de 6:33:39 y la italiana Francesca Scribani con 8:11:22 fueron los vencedores de esta edición.

 

Ultra, que puede presumir de ser la más alta de España, y la segunda de Europa, cruza la isla de Sur a Norte y ascendiendo desde cota cero hasta los 3.555m de altura del ascenso al Teide, con sus 102 km repartidos con 70% por sendero, en un 17% por pista y en un 13% por asfalto. Discurre por muchos paisajes variados y acerca a muchos corredores la magia de correr en el tercer volcán más alto del mundo, algo que la convierte en una prueba mágica. El canario Yeray Duran con 12:57:03 y la cántabra Azara García con 14:21:52 se alzaron con la victoria en la prueba reina.

 

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- La media, con 20 km exigentes repartidos con un 32% de sendero, un 18% de pista y un 50% de asfalto, fue la prueba escogida por Runner’s World Woman para descubrir la Tenerife Bluetrail.

Con salida el sábado 9 en los Realejos, con un cielo de lluvia que no daba tregua, unos 800 corredores tomamos la salida hacia el primer objetivo fijado, el Asomadero. La prueba empieza subiendo por el pueblo, con los aplausos y los ánimos de la gente hasta dejarlos atrás, llegando a la primera subida pronunciada por un sendero verde. Y aunque el estrecho paso haga que vayamos más lentos, el ambiente que se respira en la carrera es de fiesta y de templanza.

 

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La lluvia que estuvo presente durante los casi 7 kilómetros de subida hasta el mirador del Asomadero, ayudó a que las altas temperaturas fueran más llevaderas para los corredores que veníamos de fuera, que junto al paisaje tropical por el que nos abríamos camino hacía la cima, nos hacía estar conscientes en todo momento que la carrera transcurría por un entorno cargado de energía.

La siguiente etapa la recuerdo como la más divertida de todas las carreras que he hecho; la bajada del Asomadero, o la improvisada pista de patinaje por el barro, donde correr se convertiría en el mayor desafío para la media, y para todas las modalidades, cada una con sus respectivos kilómetros acumulados en este punto.

Y en ese punto descubrí algo mágico que me acompañaría toda la media: el Blue Trail Spirit. Todos los corredores empezaron a hacer cadenas humanas, a ayudarse para bajar sin caerse, nadie quería adelantar a nadie, pese a ser una carrera todos nos ayudábamos y nos preocupábamos por los que no tenían recursos para bajar con garantías, y se nos olvidó que competíamos; y los “¡cuidado que paso!” y ansias por adelantar de otras carreras, se convirtieron en risas, en tender la mano y en comentar aquella situación que se gestionó como algo divertido, cuando podía haber sido tensa.

Dejadas las antenas atrás y el barro, la carrera empieza a descender por caminos de tierra y de piedras, algunas en forma de adoquines y otras naturales. Los paisajes van cambiando y las personas de mi alrededor me preguntan de dónde vengo, me explican la carrera, me indican los kilómetros clave y me preguntan si estoy bien o llevo agua suficiente. Coincido con gente de Ohaio, con italianos, con alemanes, todos me cuentan que no es la primera vez que vienen y que a mí me va a pasar igual: una vez que la vives necesitas formar parte año tras año, y estando a media carrera creo que les entiendo.

 

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Y sigo descendiendo, hasta llegar a una carretera donde se divisa el mar en el horizonte, junto a la ciudad, y la vista se pierde en ese momento tan personal, y tan nuestro; comienza la segunda etapa de descenso.

Bajadas de piedras que resbalan, tramos tapados con vegetación verde y otros con el mar de telón, descendiendo sola pero siempre acompañada. Puedo hablar con muchos tinerfeños, que me cuentan que la carrera antes era en otras fechas, que hacen bromas, que me acompañan con sus sonrisas. Hay corredoras que me cuentan que esta es su primera carrera y todo lo que han hecho hasta llegar hasta aquí y siento que esta carrera es importante para la gente de la isla, pero que la gente es importante para la carrera, como los voluntarios, el avituallamiento y todos los detalles de la organización que están presentes en la carrera; eso me gusta.

 

De pronto llegamos al punto de corte, el Tigaiga. Toca hidratarse y escoger algunos de los muchos alimentos que hay en este punto, no nos falta ninguna atención, hasta hay spray para las piernas para seguir corriendo esta última etapa final.

Y comienza un recorrido a través de palmeras y mar; durante un gran recorrido corremos por un caminito estrecho elevado, con el mar a la derecha, como si de un mirador se tratará y la belleza es infinita, el azul intenso nos hipnotiza y se nos pasan los kilómetros, hasta llegar al paseo marítimo. Aquí empieza el asfalto, y pasamos por el Loro Parque y me hace ilusión ¡con la de veces que he oído hablar de él!

 

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Los turistas, los isleños y los voluntarios nos abren paso y nos animan por el paseo, la meta se puede notar; incluso hay unos arcos con música unos kilómetros antes. De pronto la ves al fondo, la meta es azul, está llena de gente en todo su recorrido y es larguísima, lo que te hace disfrutarla como nunca.

Me doy cuenta que no estoy llorando, como siempre que recorro la meta, todo lo contrario, la emoción está vez me desborda llenándome de felicidad, no puedo dejar de sonreír mientras la gente me aplaude, me choca las manos, me felicita; me siento querida, arropada. También es la primera vez que se me olvida que nadie me espera en meta y cruzo el espectacular arco, con una batucada que nos da la enhorabuena.

 

Me siento inmensamente feliz con mi medalla, miro a mi alrededor y no paro de encontrarme caras conocidas, compañeros de carrera ¡No me siento sola! Una ducha refrescante, una paella en una zona de restauración, toda la fruta e hidratación que puedas imaginar.

De vuelta a casa me vienen a la mente muchos instantes, pero hay uno que me tiene especialmente atrapada: me encuentro en una camilla en el Puerto de la Cruz, a pie de meta, recibiendo un largo y gustoso masaje con vistas al mar, que a las manos de la fisioterapeuta se le suman las caricias de la brisa.

Me siento feliz, me siento inmesamente feliz, me ríen los huesos, el alma, la vida y vuelvo a sentir que eso es por el Blue Trail Spirit, esta vez se lo que significa: corazones y almas que comparten la afición por el trail running y disfrutar corriendo; la magia del paisaje y la energía del Teide, sentir que corres y que formas parte de la tierra, respirar el azul del cielo y del mar, el clima que invita a correr; la calma, la alegría y el cariño de los tinerfeños; el entusiasmo y las ganas de contarle al mundo lo que hemos vivido los que venimos de fuera;  la hospitalidad y la dedicación de Turismo de Tenerife; el mimo, el detalle y el cuidado de la organización, pero especialmente el valor del compañerismo que tanto echo de menos en muchas carreras.

 

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