Begoña Beristain: “Nunca pensé que podría llegar a ser corredora, y lo soy. Tú también puedes”

Hoy contamos con la historia de inspiración de esta periodista y maratoniana vasca
Begoña Beristain -
Begoña Beristain: “Nunca pensé que podría llegar a ser corredora, y lo soy. Tú también puedes”
Begoña Beristain: “Nunca pensé que podría llegar a ser corredora, y lo soy. Tú también puedes”

 

Infinididad de carreras de ruta, montaña y 9 maratones son, hasta el momento, las increíbles cifras atléticas de la periodista vasca, a quien podéis escuchar en Onda Vasca, Begoña Beristain.

Y digo hasta el momento porque este número no hace más que crecer, este 2017 ya tiene un gran objetivo marcado en su calendario, el maratón de Nueva York como auto regalo por su 50 cumpleaños, ¡no se me ocurre mejor plan de celebración!

Experiencia no le falta y por eso la semana pasada publicada su primer libro “Tú también puedes ser runner” donde nos cuenta su experiencia vital como corredora más allá de los los 40 años con muchos consejos de colaboradores para evitar caer en los errores que ella cometió al comenzar esta andadura que inicialmente nunca habría imaginado.

Hoy nos relata su podio más especial el pasado mes de febrero en la Maratón del Sáhara.

Hay un antes y un después de la Maratón del Sáhara en mi vida de corredora. Hasta ahora siempre había dicho que no compito contra nadie, que mi reto soy yo. Esta vez fue distinto. Tenía con quién competir y no era una rival cualquiera.

La organización de la maratón se había encargado de colocarme entre las favoritas para el podio junto a Silvia Grisel, una ultramaratoniana uruguaya acostumbrada a distancias de cien kilómetros y a subirse a los cajones. A mí me pareció casi una broma verme entre las mujeres con posibilidades de hacer una gran carrera, pero es cierto que empecé a soñar.

Así que llegó el momento de demostrar si el trabajo realizado hasta ahora para preparar esta carrera daba o no sus frutos.

Desde el sábado hasta el martes, día de la carrera, descanso irregular, alimentos diferentes, calor y cansancio. Habíamos viajado desde Bilbao a Madrid en coche, de Madrid a Tindouf en avión, de Tindouf a los campamentos en un autobus de los que ya no usamos aquí pero que allí les vienen de lujo,  recorrido cientos de kilómetros a través del desierto en un jeep destartalado para entregar las medicinas de nuestro proyecto solidario en la farmacia central y habíamos descansado muy poco en nuestro saco sobre las alfombras de la habitación. La comida no es precisamente abundante por allí y las posibilidades de hacer bien la hidratación antes de la carrera, tampoco. No son las mejores condiciones para afrontar una maratón pero no había otras.

 

Solo 95 participantes: 77 hombres y 18 mujeres.

El recorrido establece una conexión simbólica entre tres campos de refugiados: Smara, Aoserd y ElAyoun. El camino en autobús desde Smara, nuestro campo, hasta ElAyoun te va dando una idea de lo que te vas a encontrar. Nada que no hayas imaginado ya. Kilómetros y kilómetros de desierto. Arena y rocas.

 

Pistoletazo de salida. Había ganas ya.

Comienza la fiesta. Yo a lo mío, prudente y conservadora. Busco a la famosa uruguaya y veo q viene pegada a mí, por detrás pero pegada. Y así nos pasamos los 34 kilómetros siguientes. Ella a rueda. Es bastante más bajita que yo con lo que todo el viento de cara durante la carrera me lo comí de lleno. E hizo mucho viento, mucho. Digo bien lo de me lo comí porque el viento en el desierto levanta un polvillo que se te mete en la nariz y la garganta y te la deja seca como la mojama.

 

Hasta el km 21 es bastante llevadero el terreno y se puede correr. Eso sí, pasada la media maratón la cosa se complica porque empiezan las dunas y las rocas. Esos diez kilómetros duros son los que más me hicieron disfrutar. Me sentía libre subiendo y bajando dunas. Descansaba con una subida lenta y me dejaba caer en las bajadas. La uruguaya seguía detrás. Pegada.

Las dos confiábamos en que solo había otra chica delante con los que una u otra nos aseguramos en segundo y tercer puesto. Pero no. En el kilómetro 32 me dicen las médicos del Samur que han venido a cubrir la carrera que hay dos chicas delante con lo que yo soy la tercera y Silvia la cuarta. Me pongo en modo “yo subo al podio sí o sí” y en el avituallamiento del km 34 decido intentar meterle distancia. Tiro y le voy dejando atrás. Han empezado los kms más duros de la maratón, estoy muy cansada y hace un calor tremendo, pero yo quiero ese podio así que me digo que puedo mantener mi ritmo y sigo tirando. La uruguaya se va quedando atrás. No más de medio kilómetro, pero esa es la distancia suficiente como para que psicológicamente decaiga. Ve que me estoy yendo y no se siente con fuerza para recuperar terreno. Las dos estamos igual de cansadas y con poca fuerza pero en esta ocasión yo he jugado mejor mis cartas.

 

Los últimos kilómetros son una agonía. Entras en Smara, donde está la meta, pero aún faltan cinco kilómetros de terreno seco y árido. Estoy que no puedo con mi alma, tengo algún calambrazo en los tobillos y voy más sola que la una. Hubo un momento en el que incluso grité porque me despisté del recorrido pero no había nadie que pudiese escucharme.

Miro hacia atrás. No veo a Silvia. Se que tengo la tercera posición al alcance de mis pies. Pienso que nunca voy a hacer nada tan grande como subirme al podio de una maratón. Sigo a un ritmo suave y llego a la meta.

 

Tercera en una de las maratones más duras del mundo. ¡Me siento poderosa!

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