También puedes hacerlo mejor, si quieres

"En esta nueva forma de competir todo incita a la diversión, pero nada incita a la competitividad; ni se incita, ni se exalta, ni siquiera se nombra", afirma la atleta Marta Pérez
Marta Pérez Miguel -
También puedes hacerlo mejor, si quieres
También puedes hacerlo mejor, si quieres

En estos últimos años han sido muchas las personas que se han enganchado a correr, siendo un amplio porcentaje mujeres. Es una grandísima noticia para nuestra sociedad, una inyección de salud y felicidad, de amor por el deporte. Como atleta me siento agradecida, afortunada por poder estar formando parte de ello. Y sin embargo, en ocasiones, tengo la sensación de estar haciéndolo sólo como espectadora. Me sorprende ver cómo en un deporte que considero “tan mío” me siento, a veces, tan tremendamente desubicada.

Sobre el papel tendría que definirme como atleta profesional. Correr es lo que sustenta mi relación con Hacienda, mi profesión. Lo que marca la diferencia fundamental entre ser profesional y popular depende de tu nivel deportivo, por supuesto, pero también de tu sociedad, del país y la época en la que vivas, de lo mediática que sea tu prueba... ¿No sería yo popular en Kenia? ¿O en Estados Unidos? Era atleta o corredora con 20 años. Y sigo siendo la misma ahora. Aunque esté más cerca de las que corren más rápido.

No son los segundos de menos, ni las horas invertidas de más lo que hacen que me sienta alejada de una parte de este nuevo atletismo popular. Es el enfoque. La falta de competitividad.

 

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No quiero menospreciar otros valores como el compañerismo, el respeto, el esfuerzo…que por supuesto son fundamentales y están presentes en cada segundo de cada entrenamiento. Pero me sorprende que una vez dentro de una carrera y con un dorsal en el pecho la competitividad quede tan relegada al último de los planos que no se pueda llegar ni a intuir. Pasa en ambos sexos, pero en el caso de las mujeres me parece aún más acusado. Para la mayoría de las corredoras el resultado no es ni mínimamente importante. Y es que tampoco lo parece para organizadores, anunciantes, prensa o empresas relacionadas. En esta nueva forma de competir todo incita a la diversión, pero nada incita a la competitividad; ni se incita, ni se exalta, ni siquiera se nombra.

Ha habido una transformación, útil y necesaria por otra parte, en la que se han añadido un sinfín de complementos que le dan color a la fiesta. Pero por el camino nos hemos dejado la esencia de la competición. Hemos llegado a un punto en el que tras algunas carreras la galería de fotos tiene una prioridad indiscutible sobre la hoja de clasificaciones. Ese en el que a falta de pocos kilómetros para la meta te encuentras un cartel que dice “sonríe a la cámara” Cuando lo más probable, si eres como yo, es que ni seas capaz ni te des cuenta siquiera de hacerlo.

 

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No se trata de criticar a nadie ni de plantear que algo sea más o menos meritorio. No hay cuestión más personal e individual que esa. Sino de abrir el abanico de posibilidades. Si constantemente se presentan como retos el hacer más kilómetros, o el hacerlos por primera vez, ¿por qué no se plantea como tal el hacerlo mejor? ¿Por qué no nos interesa el desafío de hacerlo más rápido, de cruzar un poco antes la línea de meta?

Estoy segura de que es emocionante terminar a toda costa un maratón, cosa que no he hecho. Pero os aseguro que mejorar tu tiempo 10 segundos en 5 kilómetros también hace que te dé un vuelco el corazón, aunque con ello no te den una medalla al llegar.

Creo sinceramente que independientemente del nivel es bonito enfocar las carreras con objetivos deportivos, y concretamente con ese tan simple y esencial que es correr de verdad todo lo que puedas. Olvidarte de saludar, de las fotos, de la conversación durante la carrera, de ir pendiente de las compañeras para entrar juntas en meta…y disfrutar intentando sacar tu mejor versión. Porque sí, así también se disfruta. Esa es mi única intención desde aquí; transmitir mi pasión por esto, animaros a que probéis a competir de otra forma, a que descubráis lo gratificante que es vaciarse en carrera. Porque vosotras, al contrario de lo que os he oído decir más de una vez, desde el momento en que os ponéis en la línea de salida también estáis compitiendo.

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Y quizá luego no os guste. Pero confío en que alguna descubráis lo divertido que es intentar ganar. Al reloj, a tu yo de hace tres meses, o a tu vecino del cuarto. Lo motivante que es luchar por quitarle segundos al cronómetro o por restarle puestos a la clasificación. La satisfacción y el orgullo que produce saber que has hecho todo lo que podías hacer. Que, por otra parte, es mucho más de lo que creéis.

 

Soy una enamorada del deporte en cualquiera de sus formas. Pero para mí llevar un dorsal en el pecho marca la diferencia. Y me encanta.

 

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