Heroínas Anónimas: Amaya Álvarez

“La fuerza de mis hijos, hace que en cada carrera o entrenamiento en el que pienso que no podré, que no voy a llegar, continúe adelante porque lo que yo hago, al lado de lo que mis hijos viven cada día, no es nada. Ellos me dan la fuerza que necesito”, nos cuenta Amaya
Amaya Álvarez -
Heroínas Anónimas: Amaya Álvarez
Heroínas Anónimas: Amaya Álvarez

Cuando cuento mi historia de cómo empecé en esto de correr, siempre digo que pasé de no hacer nada de deporte a correr carreras de 10, 12, y 20 kilómetros. Pero eso no es del todo cierto, hay otra parte que no suelo mostrar. Esa parte estaba llena de complejos, miedos y limitaciones auto impuestas; llegó un momento en el que incluso llegué a abandonar mis sueños sin dejarles tomar forma. Quién sabe por qué.

Pero no penséis que era infeliz, al contrario, era muy feliz. En el momento concreto del que estoy hablando disfrutaba de mis dos hijos con todos los sentidos, eran el centro de mi vida, siguen siéndolo. Aprovechaba cada minuto que tenía libre para leer o disfrutar de una peli y si ésta podía ser compartida con ellos mejor. En el año 2012 todo cambió, ese fue el año en el que se hizo evidente que a mi hijo mayor, entonces con 5 años, le pasaba algo. En abril la neuróloga nos daba el diagnóstico: Síndrome de Gilles de la Tourette. El diagnóstico de mi hijo pequeño llegó el año pasado. Entre ambos pasaron años muy difíciles en los que tuvimos que adaptarnos a muchas cosas, tuvimos que aprender a convivir con el Tourette y a aceptar que estaría toda la vida con nosotros.

Junto con una grandísima persona y hoy amiga pusimos en marcha AFESTTA, la primera asociación en el País Vasco para afectados por Síndrome de Tourette. Me divorcié, me mudé, perdí mi trabajo, encontré otro y lo perdí de nuevo, me volví a mudar, comencé una nueva relación, personas a las que quería muchísimo se han marchado para siempre y he conocido a personas increíbles. Supongo que simplemente la vida ha continuado su curso.

 

Recuerdo muy claramente el momento en el que corrí por primera vez, tras varias noches, acompañando a unos amigos que entrenaban para un mundial de artes marciales y ver como antes corrían para calentar, un día animada por ellos busqué unas zapatillas por casa y algo parecido a ropa deportiva y allí me planté, en la pista, a las 20:00 de la noche y sin haber corrido en mi vida.

Creo que aquella primera vez no supere los veinte minutos de trote, tranquila y más pendiente del resto de corredores de la pista y gente que sentada en la grada esperaba a que sus hijos saliesen de entrenar.

Después de aquella primera vez llegaron muchas más, en la misma pista y siempre a la misma hora y con las mismas personas. Para cuando me animaron a correr mi primera carrera, la Herri Krosa de Bilbao, una carrera popular de 10k en la que cada año participan miles de personas. Ya me había comprado mis primeras zapatillas para correr pero desde luego no me imaginaba todo lo que estaba por llegar. No llegué la última pero posiblemente sí entre las diez últimas, con mi hijo pequeño en brazos, había ido a verme con su hermano y su padre y sin pensarlo salió para agarrarme de la mano y acompañarme. Tanto ruido y gente le asusto y paralizó así que le cogí y abracé con fuerza para que pudiese cruzar conmigo la meta, enormemente feliz y orgullosa de mi misma por haber conseguido terminar.

 

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Correr no era solo correr, me hacía sentir bien, me sentía más tranquila y sorprendentemente más feliz. Después me di cuenta de que me ayudaba a sacar todo el estrés y angustia que sin saberlo estaba acumulando dentro de mí. Era un medio de escape, cuando terminaba de correr sentía que había dejado por el camino un peso que ni siquiera sabía que llevaba. Supongo que ya estaba empezando a “engancharme”.

La primera vez que fui a una carrera de acompañante, la Bilbao Night Marathon, fue la que sin duda terminó por conseguirlo. El ambiente que había, ver a los corredores calentar, la música, las risas y rostros de concentración, los nervios de la salida y la emoción de la llegada. Ver la felicidad de quienes cruzaban la meta, el esfuerzo y el cansancio también, pero sobre todo el orgullo. Sin darme cuenta ya había una idea rondándome por la cabeza aunque no llegó a tomar forma hasta un que participé en la primera edición de los 20k Bilbao en los que tuve la opción de poner un nombre en mi camiseta y me dije a mí misma “¿Por qué no pongo el nombre de la Asociación?” y eso hice, la chica encargada de estampar las letras de AFESTTA nunca sabrá la importancia de aquel gesto.

Aquella carrera ya no la corría por mí y desde luego que no la corrí como las demás. No me escondí entre la multitud ni de los fotógrafos, quería que me viesen, que leyesen mi nombre, quería que se preguntasen que significaba esa palabra y por qué la llevaba impresa.

Cuando mi participación en carreras comenzó a hacerse más constante me di cuenta de que necesitaba una preparación, de que si de verdad quería continuar corriendo necesitaba ayuda y consejo. Hablé con un amigo que corría y andaba en bici, (hace dos días terminó quinto su primer Ultraman y lleva a sus espaldas 11 Ironman), sus consejos, ayuda y apoyo fueron fundamentales para que todo lo que estaba por llegar fuese posible.

 

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Entre todas esas increíbles personas que la vida me ha puesto delante está Ángela, cuando la conocí era la presidenta de la asociación de Tourette de Madrid y tenía un reto por el que gracias a la bici daba a conocer la enfermedad que nuestros hijos padecían.

Ambas teníamos la necesidad de hacer algo juntas y la respuesta parecía fácil, ella andaba en bici y yo corría, ¿por qué no un duatlón? Yo no sabía andar en bici y ella no podía correr pero eso no nos iba a parar, cuando encontró un duatlón por equipos en Madrid no lo dudé, y sin saberlo, “Un paso más” comenzó a tomar forma en mi cabeza. La idea comenzó a crecer, a tomar vida propia y el nombre estaba claro, parecía algo inevitable.

 

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Me puse en contacto con el Gimnasio Elexalde y apenas empecé a contarles todo lo que me rondaba por la cabeza se ofrecieron a ayudarme, y gracias a ellos a día de hoy, puedo seguir una rutina de entrenamientos que han diseñado para mí con hipopresivos, spinning, máquinas y cualquier cosa que pueda necesitar, además de contar con su apoyo y consejo constante. Por mi situación actual no hubiese podido acceder a algo así. Nunca me cansaré de agradecerles su apoyo.

Una de las cosas más difíciles para mí y que no sé si alguien sabe, fue el momento de salir a correr sola, y es que a pesar de todo lo que me gustaba y aportaba correr, no me sentía capaz de salir en solitario. La idea me ponía nerviosa y me angustiaba pero sabía que no tenía otra opción. Había decidido dar un paso enorme, Sergio un amigo diseñador me había regalado el logo de nuestro reto, Richard se preocupada y me aconsejaba entrenamientos para ponerme en forma y prepararme para el duatlón y todo lo que estuviese por llegar y yo solo disponía del tiempo en el que mis hijos estaban en el colegio para salir a entrenar así que no tenía otra opción que comenzar a correr a sola. Cuánto miedo, vergüenza e inseguridades dejé tras de mí aquel día. Me até las zapatillas y sin darme ninguna opción salí de casa sin tener nada claro si sería capaz de comenzar a correr. Anduve bastante tiempo, primero buscando el lugar adecuado y después esperando a que no hubiese nadie… entonces pensé en mis hijos, en quienes de verdad me importaban y por quienes había comenzado este reto. Ellos cada día salen de casa, van al colegio, me acompañan a comprar y a hacer recados, cada día se enfrentan a miradas y muchas veces a cuchicheos simplemente por ser como son, cada día de su vida saldrán de casa y vivirán sabiendo que hay quien les mira y juzga sin saber nada de ellos, ¿de verdad yo no iba a ser capaz de simplemente comenzar a correr por miedo a lo que dijesen o pensasen de mí? Que absurdo era incluso pensarlo… Ese pensamiento, la fuerza de mis hijos, hace que en cada carrera o entrenamiento en el que pienso que no podré, que no voy a llegar o que simplemente estoy tan cansada que quiero abandonar, continúe adelante porque lo que yo hago, al lado de lo que mis hijos viven cada día, no es nada. Ellos me dan la fuerza que necesito.

 

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El duatlón fue durísimo pero también una de las mejores experiencias que he vivido jamás y el primer gran paso de este reto. Después han llegado muchas más carreras. Todas y cada una de ellas han sido importantes para mí y me han ayudado de alguna manera. He ido marcándome objetivos y cumpliéndolos.

Gracias a Tuga tengo una camiseta por la que muchos corredores me reconocen, es ya mi uniforme y por ella me han parado antes de una carrera para saludarme y darme ánimos, me han animado en la Behobia y me han esperado en la línea de salida para abrazarme y felicitarme por todo lo que estoy haciendo. Una de esas personas fue César, que aún con su propio “equipaje” a cuestas, habló conmigo y me animó a continuar con lo que hacía. Sigue apoyándome en cada carrera, escribiéndome y animándome. Forma ya parte de este reto.

 

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Gracias a César pude conocer a Begoña Beristain gran periodista y corredora, y a Imanol Loizaga que tras una entrevista en Onda Vasca se ofreció a ser mi entrenador para ayudarme en mi sueño de llevar nuestra camiseta y nuestro reto a la meta de una maratón.

 

Cómo ha cambiado todo desde aquella tarde en la que por primera vez salí a correr. Correr forma parte de mi vida y ha hecho que muchos de esos miedos y complejos que me retenían desaparezcan. Hay quien me pregunta por qué corro y siempre me falta tiempo para hablarles de como “Un paso más” ha hecho que mi vida y la de mis hijos sea mejor. La solidaridad y el apoyo de todos esos atletas y corredores anónimos que en cada carrera miran nuestra camiseta, sienten curiosidad y preguntan, apoyan nuestro reto compartiéndolo en redes sociales y comprando una camiseta, la organización de carreras como la Herri Krosa incluyendo nuestro folleto en su bolsa de la carrera o la EDP Bilbao Night Marathon hablando de nosotros en su revista.

Lo que llamo la “solidaridad del running” ha hecho que este reto y yo volemos. Durante un año incluso conté con el patrocinio de JIorings una empresa de Galdakao gracias a la cual pude imprimir miles de folletos para repartir antes de las carreras e incluso participé en muchas de ellas incluyendo la Behobia.

 

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Me preguntan a veces si no me canso, si me encuentro bien con todo lo que corro y entreno y mi respuesta es clara. Sí, claro que me canso, pero me encuentro muy bien, mejor que bien, en forma y desde que hago deporte a diario mi salud física y mental ha mejorado muchísimo. Lo cierto es que si me paro a pensarlo hace mucho que no voy al médico o me pongo enferma. Me siento más activa y positiva, con ganas de hacer y descubrir cosas nuevas. Pero sobre todo me ha ayudado a afrontar la vida de otra manera, a enfrentarme a mis miedos, a probarme a mí misma que yo puedo, que soy más fuerte de lo que jamás creí y que puedo y debo marcarme objetivos y luchar por mis sueños porque con esfuerzo y trabajo, puedo conseguirlos.

 

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Cuando creía que no podía hacer nada más por ayudar a mis hijos, este reto me demostró que estaba equivocada, que gracias a mi participación en carreras, con la difusión que hacemos en redes sociales con los entrenamientos y pequeños pasos y todas las grandes personas que estoy conociendo, puedo hacer mucho aún.

Dar a conocer el Tourette, explicarle a todo el que quiera escuchar en qué consiste esta enfermedad rara que acompañará a mis hijos y a mí toda la vida, pedir que se continúe investigando, que la sociedad aprenda a aceptar y respetar a los que son diferentes. Al inicio del reto, cada euro recaudado, bien en la venta de camisetas, con donaciones de personas que querían colaborar y ayudarme, fue destinado por medio de la Asociación a investigación y difusión. Ahora estamos inmersos en un nuevo proyecto, y todo lo recaudado será para que “Blue”, el primer perro de asistencia en España adiestrado para ayudar a una persona con Tourette, llegue cuanto antes a casa con mis hijos. Y es que aún hay mucho por hacer y “Un paso más” me ayudará a continuar luchando.

Hay días en los que salgo a correr a las cinco de la mañana, sola, acompañando la salida del sol y escuchando solo mi respiración. En esos momentos no solo entrena el cuerpo, la mente también lo hace y esa es la parte más dura, más difícil. Pero volver, ducharme, levantar a mis niños y ver su cara de admiración cuando contesto a sus preguntas y les cuento cuánto tiempo he corrido o cuánta distancia y les digo que carrera estoy preparando , ver su cara de orgullo y sus sonrisas, hacen que todo valga la pena.

Saben que esto es por ellos, que no luchan solos, que siempre lo haremos juntos.

 

¡Menuda lección de amor y fuerza Amaya! Muchas gracias por acercarnos tu preciosa historia, por emocionarmos al leer sobre tus hijos y la energía e ilusión que te transmiten, a la vez que eso se multiplica hasta llegar a ellos.

Estamos seguras de que el camino en los comienzos fue muy duro, durísimo, y ahora batallas cada día... aunque siempre con una sonrisa. Tu positividad es desbordante, das voz a una enfermedad desconocida para muchos... ¡y te queda ese gran reto del maratón que conseguirás con creces! Y después de ese, vendran muchos más...

 Desde aquí te mandamos todo nuestro cariño, ¡eres enorme campeona!

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