Heroínas Anónimas: Ana Olivo

“Correr es mi medicina natural”, afirma Ana
Ana Olivo -
Heroínas Anónimas: Ana Olivo
Heroínas Anónimas: Ana Olivo

Me llamo Ana Olivo y tengo treinta y seis años, mamá de un niño de siete años y felizmente casada. ¡Ah! Y adicta a los abrazos de más de seis segundos.

Mi relación con el running comenzó de una manera especial… Un día de consulta, con mi tratamiento de quimioterapia ya terminado, mi oncóloga me animó a formar parte de un grupo de running de pacientes oncológicas dispuestas a dar sus primeras zancadas. Desde entonces no he dejado de correr. Tuve la suerte de tener en mis entrenos al rey de las carreras populares, el gran Ramiro Matamoros.

 

Publicidad

Actualmente estoy en el club de atletismo, que se hace llamar “Los espartanos de Talavera” y casualidades de la vida, o caprichos de esta, voy a seguir siendo una espartana. Con ellos estoy preparando mi primer trail de montaña, iré a Galicia a estrenarme.

He participado en varias carreras populares de asfalto, teniendo en cuenta mis secuelas, las de una menopaúsica con treinta y seis años. Dolor de articulaciones, linfedema, sofocos…etc. Las que padecemos cáncer hormonal, nos inducen una menopausia precoz, con la que tenemos que aprender a convivir como mínimo durante diez años a base de pastillas e inyecciones.

Eso es un hándicap, un lastre a la hora de practicar ciertos deportes o tareas cotidianas, pero un mal menor. Lo mejor de todo es que estoy viva y puedo contarlo.

 

Publicidad

Me detectan cáncer de mama un mes de julio del 2013, fecha que llevo grabada en mi retina, junto al nacimiento de mi hijo y mi clave del teléfono móvil.

El momento de dar la noticia a mis padres, ese fue el más duro de mi vida, jamás pensé que pronunciar dos palabras “tengo cáncer” tuviese las peores consecuencias para la salud de mi familia. Procesar la información, cambiar mis planes, mejor dicho, tirarlos a la basura y empezar a una nueva vida, totalmente diferente.

Una mañana te despiertas, tu mente está en blanco, lo único que tu boca consigue articular es la palabra “cáncer”, ¡me tocó! Hablas muy bajito con tu yo interior, para que nadie se entere y piensas, como afrontar esta desconocida, larga y dolorosa etapa que me dejará débil, sin fuerzas, para prácticamente nada. Pero ahí, es cuando mi fuerza interior interviene, cuando ordeno cada cajón, cada archivo de mi esquema mental, para no sufrir demasiado, para no caer de golpe, en un abismo que solo puede ser superado por una actitud positiva y unos cuantos chutes de quimioterapia. Borré de mi cabeza cualquier pensamiento negativo que me restase fuerza. Cambié lágrimas por sonrisas, palabras por abrazos, noches llenas de sueños por nauseas descontroladas y altas subidas de temperatura. Parecería algo descabellado pensar que pudiese sacar algo positivo de esta enfermedad, pero sorprendentemente saqué muchas cosas positivas que hoy en día forman parte de mi nueva vida.

El cáncer, para bien, ha cambiado mi manera de ver el mundo y a las personas. Mi camino se llenó de florecillas que ahora forman parte de mi vida y las que tenía me demostraron muchísimo más. Me ha convertido en una persona resiliente, capaz de transformar mi dolor en fuerza motora y eso es una magnifica preparación para superar cualquier obstáculo.

 

Ya metida en el tratamiento hasta el cuello, cada veintiún días ese líquido al que llaman quimioterapia, azotaba mi débil cuerpecito, me zarandeaba, pero jamás me derrumbó, no dejé que lo hiciese, cada día sacaba unos gramos de energía, dosificaba mi fuerza, para ir al baño, para incorporarme, para estirar la sonrisa, para llevarme las pastillas a la boca, para calmar a mi familia.

Mi aspecto era enfermizo obviamente, perdí el pelo, kilos, apetito, las uñas de los pies, tres piezas dentales y el rubor de mis mejillas, pero todo eso, no me hizo perder la sonrisa. No me sentía fea, mis ojos no me dejaban verme así, un brillo nuevo se apoderó de ellos, el de las ganas de vivir, ese brillo que el cáncer te regala para siempre.

Me sometí a diecisiete ciclos de quimioterapia y veinticinco de radioterapia, una mastectomía radical, una lifadenectomía axilar más todas las pruebas y perrerías que eso conlleva. Añadiendo el sentimiento de culpa de los daños colaterales.

Es decir, me ha quitado una teta con pezón incluido y unos cuantos ganglios de la axila. Me han reconstruido como si fuese un muñeco de Lego, ahora mi teta es mutante, me han vuelto a poner en su sitio la teta que el cáncer me quitó. Después de muchas intervenciones quirúrgicas, vuelvo a ser yo.

 

Publicidad

Una de las experiencias que más me marcó fue la capacidad de preparar cuerpo y mente para cada ciclo, esa capacidad que tenía escondida me sorprendió sobremanera. Hubo un momento que me marcó, el día de la mastectomía, el cirujano me pintó el pecho con su rotulador, el símil puede ser perfectamente similar a una armadura, la antesala de la última batalla. Me sentía como una gladiadora a punto de salir a luchar.

Afortunadamente tuve a mis personas talismán que me ayudaron en el camino: mi familia no me dejó ni un segundo y por supuesto mi hijo que fue el mejor estímulo, mi fuerza, mi resorte de cada mañana con sus abrazos de más de seis segundos, las caricias que viajaban en forma de energía por todo mi sistema nervioso. Los abrazos que me daba mi familia como medicina alternativa para para paliar los efectos de la quimioterapia. Mi marido se empeñó en que cada día tuviese besos de película.

 

Publicidad

Y después de este derroche de valentía y lucha, me apunto a la aventura de mi vida. Si ya he tenido poco, quiero más, pero en este caso quiero un reto que yo elija, no quiero un reto impuesto por una enfermedad. Nada más y nada menos que una expedición al Polo Norte. Doscientos kilómetros de travesía y remo en kayak entre icebergs, en el inmenso desierto blanco de Groenlandia, bajo condiciones extremas, temperaturas bajo cero. Sin ayuda exterior, porteando treinta kilos a la espalda. Una de las experiencias más gratificantes de mi vida, que volvería a repetir con los ojos cerrados.

Cinco valientes mujeres pacientes de cáncer nos cargamos la mochila y emprendemos el viaje de nuestras vidas. Reto Pelayo Vida confío en nuestra fortaleza, si hemos superado un cáncer también seremos capaces de cruzar el Ártico.

 

Publicidad

Además, esto que me tenía preparado la vida me ha llevado a mi actual profesión, soy escritora, con dos libros publicados (Libro autobiográfico de mi experiencia con el cáncer de mama contada en clave de humor “Yo fui agente secreto” y mi primera novela “No me des caviar dame amor y alitas de pollo”) También colaboré en un libro escrito por Juan Ramón Lucas, “Diario de vida”. Ahora estoy a punto de lanzar mi tercer libro autobiográfico de mi última aventura en el Polo Norte, mi diario de bitácora al que titularé “Encordadas”

 

Publicidad

Gracias al deporte me encuentro mejor anímicamente y mentalmente, me hace sentir sana. El deporte forma parte de mi vida. Salir a correr hace que libere endorfinas en cantidades industriales. Me hace sentir libre, desconectar de mis cargas mentales y disfrutar de la naturaleza. El running me hace sentir mas dinámica, más fuerte, disminuyo mi efectos de la menopausia y eso es muy bueno. En definitiva, correr es mi medicina natural. Está comprobado y estudiado que hacer deporte aumenta las hormonas de la felicidad y con ello el aumento de las defensas.

Animo a todas aquellas personas que estén decaídas en sus camas, a que salgan, que empiecen andando, pequeños paseos, hasta que lleguen las primeras zancadas. Y cuando logren hacer su primer kilómetro sentirán una satisfacción absoluta de superación. Pero cuidado que el running engancha.

 

Muchas gracias Ana por abrirnos las puertas de tu corazón y enviarnos esta bomba de energía, de lucha y coraje a través de tu historia, nos has dejado las emociones “a flor de piel”.

¡Hasta el Polo Norte se te ha quedado pequeño! Y es que con esa energía desbordante y tu infinita pasión por vivir no habrá reto que se te resista, tu primer trail será un paseo del que disfrutarás cada zancada, cada kilómetro que conquistes.

Sin duda, el mundo está hecho para los valientes, y tú eres una de ellas.

Publicidad
Te recomendamos

El DS 7 Crossback es el primer coche desarrollado desde cero por la marca premium fra...

Ricochet y Bedlam se unen a la familia ...

Así es la nueva Storm Viper de Joma: una zapatilla para hacer kilómetros en carretera...

Asics celebra el 25° aniversario de la querida y muy conocida GEL-KAYANO con algunos...

Más ajuste, más estabilidad y más amortiguación sin añadir peso. Así es lo nuevo de S...