Heroínas Anónimas: Ana Sempere

"La recompensa al esfuerzo llega y te sentirás plenamente realizada, dándolo todo por y para ti”, nos cuenta Ana
Ana Sempere -
Heroínas Anónimas: Ana Sempere
Heroínas Anónimas: Ana Sempere

Mi relación con el running es una historia de odio que se convirtió en amor. Parte de mi infancia y adolescencia las dediqué jugando al tenis. Recuerdo la parte “física” del tenis, la de fuera de pista, esa que nunca me gustaba nada, ¡correr! Odiaba correr, lo odiaba tanto que cuando llegaba ese momento de escuchar las vueltas que tocaba darle al club empezaba mi tormento particular. Corría con flato, corría fatal. Me intentaba esconder en cualquier rincón y unirme a la última vuelta con el resto de mis compañeros. Mi entrenador llegó a acompañarme en bici en varias ocasiones para asegurarse que así sí hacía mi entreno.

Después, de “mayor”, salí a correr dos veces y ya tuve suficiente. Era más de bici, y aún sigo unida a ella.

Hace 7 años que empecé a correr con constancia, fue en un mes de octubre con dos personas importantes para mí (Nuki y Crisol). Quedábamos los lunes y los miércoles a las 20.30h. Dábamos una vuelta al río aquí, en Elche, mi ciudad. 5- 6 kms. Teníamos un pacto entre nosotras, aquella que faltara pondría un euro y cuando tuviéramos recaudación suficiente nos iríamos a tomar unas cañas (nunca fuimos).

En noviembre nos apuntamos a nuestro primer 10k, y fue genial. Después, yo añadí un día más de correr a mis entrenos y siguiendo un plan de mi compi Tarí, en enero, crucé la meta de mi primera media maratón en Santa Pola. Fue increíble esa sensación de cruzar la meta, de haber roto todos mis esquemas, de haberme equivocado por prejuzgar este deporte.

 

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Con 16 años tuve un accidente de moto en el que mi rodilla derecha, entre otras partes del cuerpo, se llevó un buen golpe. Me operaron y tuve que hacer una larga temporada de rehabilitación. Aún recuerdo a mi tía (fisio) cogiéndome la pierna y dando ese primer pasito a mi lado después de quitarme las muletas. Desde entonces el dolor de rodilla era frecuente, pero pude seguir jugando al tenis y haciendo muchos otros deportes.

A partir de esa meta en Santa Pola los dolores se esfumaron, fue como un renacer, y llegué a casa diciendo: “si he sido capaz de hacer una media maratón soy capaz de hacer cualquier cosa en la vida”.

Poco después de aquello, empecé a tener contacto con Pedro Esteso, y me metí en el grupo de corredores que junto a su hermano, JuanCar, lideraban. Ese año corrí 4 medias más (Elche, Murcia, Benidorm y Valencia) y una maratón y media de montaña junto a Tarí, en la que durante 12 horas y 65 kms pude aprender todos esos otros valores del deporte que desconocía hasta entonces.

 

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En noviembre empecé a buscar algún maratón “llanito” y cerca de casa y en diciembre vi que había uno en Castellón, me apunté y me fui a la tienda donde trabajaba Pedro y le dije “es un secreto, pero me he apuntado al Maratón de Castellón”. Supongo que lo de “ser secreto” fue querer ocultar que estaba muerta de miedo por si no era capaz de aquello y a la vez muy ilusionada por las ganas que tenía. Le pedí ayuda a Pedro y se puso manos a la obra. Me entrenó esas dos últimas semanas que le di de margen y ahí fue donde empecé a conocer los geles, las cargas de hidratos, la importancia de la alimentación y todas esas cosas y donde corrí 30km por primera vez.

El viernes me fui a Castellón yo sola con mi coche, y pasé un finde muy tranquila y muy concentrada en lo que quería hacer el domingo. Corrí el maratón y me vine a casa súper feliz. Me había puesto como objetivo bajar de 4h, y logré hacer 3:41. Creo que ha sido el mejor maratón que he corrido, aunque no fuera el más rápido. Quizás en aquel entonces eché de menos no haber podido celebrar ese sueño con nadie allí presente, que sí lo hice al regresar a Elche de nuevo. La experiencia fue brutal, indescriptible e inesperada.

 

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Después de aquello, seguí entrenando para otro maratón con el objetivo de mejorar tiempo, y así lo hice. Esta vez en Barcelona. Luego seguí corriendo, y me enganché a las carreras de montaña, volví a ese lugar que conocí gracias a Tarí, mi querida MIM, y durante dos años pude cruzar meta. Ahora, desde que es por sorteo, aún no he tenido posibilidad de volver.

 

Continué corriendo (maratones, medias, y lo que surgiera) y también saliendo en bici, que es una de mis grandes pasiones; y haciendo locuras y más locuras hasta que un día un chico falleció de muerte súbita haciendo deporte y aquello me impactó. Le cogí miedo a correr, a hacer deporte, a que mi corazón latiera deprisa o incluso dejará de latir. Empecé con crisis de ansiedad y me costaba mucho salir a la calle, o no tener ni un sólo día esa sensación que antes siempre había tenido. Dejé de competir, de entrenar y cada vez que lo hacía esperaba ese momento de “pasarme algo”. A partir de un chequeo médico, de hacerme una prueba de esfuerzo, de decirme los profesionales que mi corazón y mi cuerpo estaban bien, empecé de nuevo a retomar el deporte, muy cuidadosamente, y con la paciencia y ayuda de mi familia y de un psicólogo.

 

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Después, me apunté a un club de triatlón porque quería probar los tres deportes juntos, y conocí a una persona que entendió a la perfección mis miedos, mis debilidades, mis angustias y me enseñó a hacer deporte sin miedo y de la que aprendí todavía más valores del deporte y de la vida, ¡gracias!

 

Y a día de hoy, sigo disfrutando del running y de toda esa buena gente que ves en las carreras, en el día a día, superándose a sí misma y cumpliendo sus sueños. He tenido la suerte de animar a gente a correr, de ayudarle a cruzar metas en su primer 5k, 10k o media maratón, a hacer cosas en las que no se creía capaz de hacer, he visto a personas muy queridas felices de cruzar metas muy importantes para ellas, y he compartido muy buenos momentos con todas ellas. Aún me sigue poniendo los pelos de punta ver a esa persona llegar a meta dando todo su esfuerzo y sonreír porque lo ha logrado, haya tardado el tiempo que haya tardado, y tenga la edad que tenga.

 

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El running también tiene esa parte negativa que son las lesiones y que llegan cuando menos te lo esperas y sin avisar. Son tan poderosas que son capaces de romper en mil pedazos un sueño por el que llevas mucho tiempo sacrificándote. Contra ellas poco puedes hacer, oír los buenos consejos de los profesionales y nunca perder la ilusión por empezar de nuevo. Hay una frase de Pedro que siempre recuerdo en los malos momentos: “la ilusión nunca se lesiona”. Aun así, soy una persona muy afortunada que aunque en su día tuve que convivir con alguna leve lesión, el disfrute siempre ha estado por encima del dolor, y si no es así, ya no lo recuerdo de otra manera.

Antes de despedirme quisiera agradecer a todas esas personas que he conocido en el mundo del deporte, y en especial, en este deporte, por todo lo que me han enseñado. A mis amigos y amigas que empezaron conmigo, a los que hice en el camino, a mi familia al completo y a  mis entrenadores, responsables de ayudarme a conseguir mis retos. Y también a esas personas desconocidas que me han brindado, en un momento puntual, su ayuda de forma desinteresada.

 

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Animo a todas aquellas mujeres que quieran empezar a correr que no les pare nada. El running es un deporte apto para cualquier edad, para cualquier físico, para cualquier ritmo, que no juzga a nadie, y que cualquier esfuerzo, cualquier distancia, cualquier tiempo es valorado como lo más grande que pueda pasarte. No tienes más que calzarte unos deportivos y salir a la calle. La recompensa al esfuerzo llega y te sentirás plenamente realizada, dándolo todo por y para ti.

 

Nos unimos a esos ánimos para todas las mujeres que nos estén leyendo, y que aunque los comienzos sean malos, incluso de “odio” como en tu caso, has logrado perseverar para invertirlo y disfrutar de ello cada día.

Muchas gracias por contarnos tu historia, tus grandes logros y todo los que quedan por llegar; por contagiarnos tu energía y demostrarnos que con voluntad y ayuda de los “nuestros” podemos superar los baches del camino.

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