Heroínas Anónimas: Anna Moreno

“Cometí un error calzándome las zapatillas en busca de perder kilos lo digo porque años más tarde entendí que el problema estaba en mi cabeza”, nos cuenta Anna
Anna Moreno -
Heroínas Anónimas: Anna Moreno
Heroínas Anónimas: Anna Moreno

Odiaba correr. Lo juro. Odiaba hacer cualquier actividad física que me elevara a más de 130 las pulsaciones. Juraba y perjuraba que yo no había nacido para hacer deporte. Pero dicen que nunca digas nunca, y yo lo repetí demasiadas veces. ¿Quieres conocer mi historia en el mundo del running? ¡Vamos a ello!

Como os he comentado yo nunca había hecho deporte más allá de cursillos de natación. Y aunque me gustaba pasar rato en el agua siempre pedía ir al baño cuando tocaba hacer espalda. El agua me daba en la cara y me ahogaba, y claro… yo lo de sufrir lo llevaba muy mal. Pasaron los años y pedí a mis padres que me desapuntaran, a mi lo que más me motivaba era cantar, actuar, crear imaginar… lo dicho, el deporte no era lo mío.

Continué mi vida tan normal, nunca he sido una chica que acumule muchos kilos cuando está parada, por lo que tampoco creía que necesitara hacer deporte. Tenía una idea muy equivocada, para mi sudar era sinónimo de adelgazar y total, yo ya estaba delgada. ¿Para qué sufrir?

A los 17 años mi padre murió, un golpe muy duro que en plena adolescencia intenté afrontar como pude. A partir de ahí empecé a entrar en un circulo vicioso que no me aportaba nada positivo. Pensamientos negativos, y millones de complejos que me hicieron mucho daño. Os he dicho que nunca he acumulado kilos de más, bien, yo me miraba al espejo y pensaba todo lo contrario.

Por aquel entonces compartía mi vida con un chico maravilloso que vivía el deporte como un esencial en su vida. Era jugador de futbol, pero una lesión le llevó al mundo del running y seguidamente, al triatlón. Yo adoraba compartir sus retos con él, por lo que siempre que podía me plantaba detrás de meta para verle cumplir sus sueños. Recuerdo su primera media maratón y como me emocionó ver a tanta gente cruzar la meta, sentí un flechazo, yo quería sentir esa felicidad plena y esa satisfacción en mis propias carnes.

 

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Empecé a estudiar en la universidad y me mudé a Barcelona. Cambio de vida, cambio de hábitos y nuevas motivaciones. Ahí mi primer error, los pensamientos negativos que me nublaban la mente me hicieron calzarme las zapatillas para perder esos kilos que yo pensaba que me sobraban. Los inicios fueron duros, recuerdo la primera vez que salí a correr que realicé un kilometro en 7 minutos. Morí, literalmente. Pero poco a poco la distancia fue aumentando. 3 kilómetros, 5 kilómetros y la Carrera de la Mujer. Haber estado tanto tiempo detrás de metas que no eran mías, me animó a colgarme un dorsal. Después de ese llegaron más, y mi primera 10km, en la que crucé el arco de meta en 1 hora 12 minutos.

 

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Correr no me quitaba mis pensamientos negativos ni mis complejos, pero les empezó a ganar terreno. Ya no me apetecía saltarme comidas ni mal comer, quería mejorar mis tiempos y correr más distancia por lo que tenía que cuidarme. El cronometro fue recortando minutos y mientras me enamoraba de recorrer las ciudades a golpe de zapatilla me olvidaba de todas aquellas cosas que no me gustaban de mi cuerpo.

 

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Un día me planté y decidí que correr no era suficiente, yo quería sentir la emoción de cruzar la meta de un triatlón. Me parecía imposible, creía que solo lograría hacer uno en mi vida. Pero me compré una bici y me apunté a un gym con piscina. Me caí muchas veces, literal y metafóricamente hablando. Pero un 8 de agosto logré cruzar la meta del triatlón de Tarragona y ese día lo entendí: si está en nuestras manos, es posible.

 

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Después de ese triatlón vinieron más, y medias maratones, y pruebas que ni yo ni mi familia se creía que estaba consiguiendo.

Cuando digo que cometí un error calzándome las zapatillas en busca de perder kilos lo digo porque años más tarde entendí que el problema estaba en mi cabeza. Por suerte todas las emociones que me estaba regalando el running compensaron los pensamientos negativos, y aunque no negaré que mi cuerpo cambió, lo que más cambió fue mi mente y empecé a verme fuerte y capaz de conseguir todo lo que me propusiera, y eso era mucho mejor que verse delgada. Era libre.

 

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Cuando alguien me dice: “Uy, es que yo no estoy hech@ para correr” siempre les contesto: ¡Si yo he podido tú también! Y no es porque infravalore todo lo que he conseguido, sino porque a voluntad no debería ganarnos nada, y el running y el triatlón me han aportado tanto que muchas veces maldigo las veces que repetí en mi cabeza “no puedo”.

No se lo que vendrá a partir de ahora, se que gracias a este deporte he conocido gente fantástica, he crecido muchísimo como persona y que ahora me siento más fuerte y más poderosa; capaz de conseguir todo lo que me proponga.

Nadie debería decirnos que no somos capaces de conseguir algo en nuestra vida. Demuéstrate que tú sí que puedes, que eres fuerte, valiente, preciosa… las verdaderas guerreras se despiertan los domingos muy pronto, se cuelgan un dorsal y disfrutan de lo que más les apasiona: correr.

 

¡Y cada una de nosotras somos una de esas guerreras que tú bien describes! Muchas gracias, Anna, por hacernos ver que nada es fácil, que nada se regala; que se necesita fuerza, ganas, pasión, persistencia, continuidad… para dar un giro a la mente y hacerle ver que podemos con todo lo que nos propongamos.

Tú hoy nos ha enseñado que se puede, ¡y tanto que se puede! Y tienes por delante infinitos retos que irás consiguiendo campeona.

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