Heroínas Anónimas: Encarni Vaquero

“Cuando crucé esa meta me sentí fuerte y libre como una auténtica espartana, le había plantado cara a la enfermedad, ¡podía hacerlo!”, nos cuenta Encarni
Encarni Vaquero -
Heroínas Anónimas: Encarni Vaquero
Heroínas Anónimas: Encarni Vaquero

Me presento, soy Encarni tengo 35 años y soy mamá de 3 preciosas hijas. Mi historia está basada en mi superación a la anorexia gracias al running.

Todo empezó cuando yo tenía 14 años, caí en esta maldita enfermedad la cual he arrastrado hasta los 30 años que me la diagnosticaron; tantos años atada hicieron que fuera muy difícil salir, estaba obsesionada con el deporte, con el gimnasio, nada era suficiente para verme bien.

Comencé con mi dura terapia para salir de ella así que dejé el gimnasio y comencé una vida más tranquila; estaba sumergida en una gran depresión así que se me presentó la oportunidad de salir a correr. Mi marido siempre ha sido corredor y yo lo veía un poco loco, con la panzada de trabajar que se pegaba, siempre sacaba ganas para salir… así que me animó, dejó aparcadas sus salidas y empezó conmigo (lo cual siempre le estaré eternamente agradecida).

 

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Reconozco que al principio me costó mucho (supongo que como a todo el mundo) pero se me sumaba la enfermedad que llevaba a la espalda, mi mente me frenaba, me llamaba gorda a mi misma y creía que todo el mundo me miraba porque mis carnes votaban. Ya sé que es una bobada pero la mente es bastante traicionera, ahora no lo veo así pero en ese momento me quería morir, así que a mitad de camino paraba y lloraba desconsolada. Mi psicóloga Soraya me recomendó salir de noche poco a poco hasta vencer esos miedos y así lo hice. ¡Empecé a disfrutar, a sentirme libre y fuerte!

Saboreaba cada kilómetro que hacía, salía sola con mi música de ADCD a toda pastilla, ¡una gozada!

A los meses me sentí un poco rara y me hice una analítica, claro estaba que todo no iba a ser camino de rosas… mi enfermedad hacía constancia de los años que había estado conmigo y tenía un anemia brutal por lo que me pusieron 3 bolsas de sangre y prohibido salir a correr hasta estabilizarme, ¡esos meses fueron larguísimos! Quien corre y hace un parón me entenderá. Al comenzar el tratamiento de hierro vía intravenosa, comencé a sentirme mejor, así que pregunté si podía salir de nuevo a correr y me lo permitireron siempre que fuera poco a poco y con paciencia y así lo hice.

Salía con mi amiga María Carmen Castillo la cual le agradezco que estuviera conmigo ya que a mí me daba miedo salir sola por si me mareaba y con mi marido siempre al pie de cañón, por supuesto. ¡Por fin volaba!

 

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Hicieron una carrera aquí en mi pueblo y la que a día de hoy es mi entrenadora y amiga, Ainhoa Pinedo, me animó y guió para hacerla. Cuando crucé esa meta me sentí fuerte y libre como una auténtica espartana, ¡y además quedé primera local, no me lo podía creer! Le planté cara a la enfermedad, ¡podía hacerlo!

 

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Y llegó otra carrera de 10k en Granada, carrera dura pero volví a cruzar esa meta, volvía a conseguir un reto, volvía a superarme, y además tercera en mi categoría. Subí al podium con Teresa Alejo la cual considero una pedazo de campeona, y ahí estaba yo subida con ella, ¡increíble pero cierto!

 

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Ainhoa me animó a participar en un cross, yo jamás lo había hecho. Pero nada es imposible, lo principal era disfrutar y con todos mis matojos de nervios allí que fui a la salida. Veía caras de atletas importantes aquí en mi ciudad, y esta vez solo éramos chicas me asustaba no refugiarme en el pelotón, pero lo conseguí. Con las voces de mis hijas y mi marido animándome, después de un duro recorrido lleno de barro donde sufrí y disfruté al mismo tiempo, logré cruzar de nuevo esa meta. ¡Los besos de mis hijas al llegar fueron la máxima recompensa! Y además segunda de mi categoría, ¡guau, otra llantina más! ¡Vessss anorexia como sí puedo! Subí al podium con una de las mejores, Cristina García, quién me lo iba a decir de nuevo ahí arriba, ¡así salgo en todas las fotos con esa cara de emoción!

 

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Así que para este 2018 intentaré seguir cumpliendo sueños, superando barreras y creando ilusiones. Chicas, ¡con esfuerzo y constancia todo se puede!

Quiero agradecer a mi marido Javier Lara Mateos por estar siempre a mi lado, te quiero; a mi entrenadora Ainhoa Pinedo por crearme tantas ilusiones y hacerme saber hasta dónde puedo llegar; y a toda la gente que he conocido en este deporte más los que siempre han estado en el gran camino de mi vida.

¡Chao anorexia! ¡Hola vida!

 

Muchas gracias Encarni por contarnos esta tremenda lucha contra una enfermedad muy complicada de superar, que hace un daño personal y familiar tremendo, pero a la que has plantado cara como una campeona, demostrándote a ti misma que puedes con lo que te propongas.

Felicidades, de corazón, por esa superación personal constante y a seguir subiendo al pódium de tu vida con cada reto y objetivo, ¡lo mejor está siempre por llegar!

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