Heroínas anónimas: Irene Garrido

“Apenas pude recorrer unos metros, pero supuso uno de los cambios más importantes de mi vida”, nos cuenta Irene
Irene Garrido -
Heroínas anónimas: Irene Garrido
Heroínas anónimas: Irene Garrido

Sería de muy mala educación comenzar este post sin presentarme, ¿no? Me llamo Irene Garrido y tengo 33 años.

No me avergüenza reconocer que siempre fui una niña rellenita. Nací en Valdepeñas, un “pequeño” pueblo de Castilla la Mancha hasta que me trasladé a Madrid para estudiar arquitectura. Con 18 años no sabía lo que era el deporte y aún me pasaría algún añito más sin saberlo.

La carrera de arquitectura era dura y muchas veces con la excusa del “no tengo tiempo” mi alimentación no era precisamente la más acertada. Me sobraban algunos kilos pero en mi mente no existía la palabra DEPORTE.

El primer giro importante que dio mi vida tuvo lugar cuando comenzaba mi proyecto fin de carrera. Pasaba noches sin dormir trabajando y lo cierto es que mi vida social se había reducido bastante. En una de esas noches de trabajo interminable, parece que aquellas zapatillas Nike Pegasus, nuevas y sin apenas desgaste, me hicieron un guiño que me hizo cambiar el chip. Esa noche decidí calzarme las zapatillas y descubrir aquella pista a escasos 10 minutos de casa y dónde siempre me encontraba con gente caminando o corriendo.

Una pista de un kilómetro exacto. Solo quería desconectar. Y caminar. Entonces no conocía esa sensación: “la gente tira de ti”. Y tras un par de vueltas caminando pensé: ¿y por qué no intento trotar un poco? Sin saber qué significaba supinador o pronador y sin tener ni idea de técnica de carrera comencé a correr. Apenas pude recorrer unos metros pero supuso uno de los cambios más importantes de mi vida.

Tras ese primer contacto con las zapatillas y unos cuantos días más caminando y corriendo, un día casi sin quererlo, me apunté a mi primera carrera: la Carrera de la Mujer en Madrid. Seis kilómetros que se me hicieron eternos. Crucé la meta jurando y perjurando que jamás correría más de 5-6 kilómetros del tirón. Con eso me era suficiente. (Ilusa de mí…)

Años más tarde mi vida volvió a dar un giro de 180 grados y dejé atrás mis años en Madrid para trasladarme a la que hoy se ha convertido en mi ciudad de adopción, Vigo. Aquí descubrí la pasión por el deporte.

Supongo que como nos ha pasado a casi todos comencé por apuntarme al gimnasio y poco después comencé en un club de running. Por aquel entonces aquellas Nike Pegasus ya eran historia y por mi vida habían pasado ya unas cuantas zapatillas. Ya sabía que pronaba muchísimo el pie y que necesitaba urgentemente una buena dosis de técnica de carrera.

Pero me encantaba correr. Sufría como una auténtica condenada. Pero me solucionaba todos los pequeños problemas del día a día.

No corro rápido. Yo siempre voy a #miritmoSlow. Pero ¿quién dice que no se puede disfrutar corriendo a un ritmo lento? Yo no corro para ganar sino para competir conmigo misma, pero por encima de todo para DISFRUTAR.

 

Y así, poco a poco y con una buena panda de compañeros aficionados a la zapatillas como yo, tras mucho esfuerzo y sacrificio, tres años después ya había perdido la cuenta de las carreras de 10 kilómetros que había corrido y contaba con 3 medias maratones a mis espaldas. Y eso que dije que yo nunca correría más de 5-6 kilómetros…

Con el paso de los años he aprendido a alimentarme de forma mucho más saludable (sin perdonar las cañitas del fin de semana con los amigos), he bajado unos cuantos kilos y he mejorado mi salud notablemente. El deporte para mí es sin duda alguna: VIDA.

Los que me conocen saben que soy muy cabezota y mis ganas de superarme a mí misma, nunca descansan. En 2014 descubrí el maravilloso mundo de la montaña. Descubrí mi amor por correr en el monte y supe que había encontrado por fin mi disciplina. Poco después me enfrentaba a mi primer trail de montaña y desde entonces he vuelto a perder la cuenta de cuantos he corrido ya.

 

En 2015 volví a la carga enfrentándome a mis miedos y saliendo de mi zona de confort: correría una maratón de montaña un año después. ¿Estaba loca? Por supuesto que no. Siempre he sido consciente de mis limitaciones y sabía que tenía que trabajar mucho y entrenar duro porque si de algo estoy segura es de que las cosas, hay que hacerlas bien y saber escuchar a un profesional y sobre todo a mi cuerpo. ¿Lo conseguiría?

Un año más tarde terminaba los 48k de los 101 peregrinos en algo más de 7 horas y quedaba en posición 21 de las 68 mujeres que corríamos y en cuarta posición de mi categoría de 21. No estaba nada mal, ¿verdad?

 

Y entonces mis amigos y familiares me decían: bueno...ya está, ya puedes parar y seguir disfrutando del deporte tranquilamente. ¿Qué fue lo que pasó entonces? Decidí que había llegado el momento de seguir entrenando duro para probar una disciplina nueva: triatlón.

Puede que estuviera loca… o no. Yo sencillamente siento que el deporte me recarga de vida cada vez que lo practico. Es algo sin lo que a día de hoy, no puedo vivir. A veces los entrenamientos son duros y compatibilizar la vida laboral y social con ellos, es complicado. Pero aquellos que te quieren terminan entendiendo que forma parte de ti y lo respetan.

El deporte me ha dado tanto que incluso cambié mi trabajo como arquitecto y me pasé al mundo de la comunicación. Hace 4 años que trabajo como Social Media Manager especializada en el ámbito deportivo y soy inmensamente feliz con lo que hago.

 

Por si os estáis preguntando si llegué a realizar aquel triatlón, he de deciros que...¡lo terminé! Y hace concretamente un par de semanas, fue uno de distancia sprint, con 750 metros de mar, 20 kilómetros en bici y 5k corriendo.

Se me hizo eterno, tragué agua, la pendiente en la bici fue horrible y llegué última a meta acompañada por la moto de la policía pero, ya tengo mi propio neopreno y ayer me compré mi propia bici. El año que viene, ¡pienso repetir! ;)

Gracias por leer mi historia.

 

Carreras de asfalto, maratones de montaña, triatlón… ¡nada se te resiste Irene! Muchas gracias por compartir nosotros tu historia.

Ya estamos deseando leer tus próximos retos y aventuras, porque si algo hemos aprendido leyéndote es que los límites nos los marcamos nosotros mismos.

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