Heroínas Anónimas: Leyre López

"He dado con la llave mágica, el Movimiento 261wm", nos cuenta Leyre
Leyre López -
Heroínas Anónimas: Leyre López
Heroínas Anónimas: Leyre López

Soy una persona alegre y activa, en continuo esfuerzo por mejorar cada día. Desde pequeña he sido muy deportista, esto viene de familia. Mis estudios y vida profesional también están ligados al deporte, vivo rodeada de él.

Mis padres siempre fomentaron en mi hermano y en mí la práctica deportiva como prioridad ante otras actividades. Estoy muy orgullosa de ellos, valientes, feministas, y adelantados a sus tiempos.

Nacimos y vivimos en Bilbao, pero a finales de los 80, yo tenía unos 4 años, mi madre tomó la decisión de abandonar la ciudad, escogiendo Madrid como destino. Eran tiempos muy difíciles en el País Vasco y ella, aunque no tenía nadie aquí, cogió a “sus pequeños” y se vino sola, para que crecieran en un entorno seguro y tranquilo. Un año después nos juntamos de nuevo los 4 y fueron años más felices.

 

Yo era una niña muy activa, “demasiado movida”, como diría mi madre.

En el nuevo colegio, teníamos un gimnasio, muy bien equipado, en el que entrenaba el equipo Municipal de Gimnasia Artística. Mis padres trabajaban, por cercanía y, como vía para canalizar toda mi energía, escogieron para mí esta actividad extraescolar. Tenía 6 años y comencé a entrenar dos días en semana, me lo pasaba muy bien con mis compañeras, realizando todo tipo de ejercicios en los que podía dar rienda suelta a todo mi movimiento.

Lo que comenzó como un juego divertido, con el paso de los años, se fue convirtiendo en algo duro, de mucha disciplina, control y competitividad. 

Sin darme cuenta estaba ya entrenando todos los días, en otros deportes, esto sucede a edades más avanzadas, en gimnasia, sólo somos niños. Estaba sumergida en un ambiente cargado de tensión, miedo e incluso vejaciones. Los niños tienen que practicar deportes que fomenten valores y les ayuden en el desarrollo físico y personal. Pero, ¿qué niña de 10 años es consciente de que se puede practicar deporte jugando, en un ambiente divertido y relajado, si no ha conocido otra forma más que esa en la que se ha encontrado inmersa durante tanto tiempo?

Con 11 años, realicé viajes internacionales para realizar competiciones amistosas, viví experiencias en París y Nueva York, que nunca olvidaré. En realidad, era una niña inexperta, pero con cualidades, para despuntar en un futuro próximo, según comentaban mis entrenadores y estas vivencias, me prepararían para las situaciones reales de la competición.

 

Cuando regresé, a los meses, me harté, ya no aguantaba más, era el entorno, el pasar horas encerrada para realizar ejercicios preestablecidos en los que lo que más valía, era alcanzar la perfección a la hora de ejecutarlos. Dentro del gimnasio, era una niña sin vida, una soldado, donde, no me sentía realizada. Además, mis compañeras ya no estaban, ninguna había aguantado allí, yo no sé cómo aguanté tanto. Un día después de pasar un mal trago, me armé de valor y tomé la decisión de lo que para algunos fue de “abandonar”, para mi significaba comenzar de nuevo a vivir.

No frené del todo mi actividad, tiempo después comencé con la danza contemporánea y después a atletismo, estaba en plena adolescencia y en las pistas, no había apenas niñas de mi edad, pero yo quería seguir haciendo deporte. Tenía fuerza y potencia, era rápida y sumado a mis habilidades gimnásticas comencé a hacer salto con pértiga.

Recuerdo que entrenaba sola y era aburrido, ya era adolescente, pero sin el control estricto, el orden y la disciplina que había vivido durante tantos años, no me lo tomaba en serio.

Recuerdo muy bien que algunas tardes no iba a los entrenos, cogía mi bici, me iba a un supermercado y me compraba un refresco y el bollo más grande que encontraba, a continuación, buscaba un banco al aire libre y me sentaba en él viendo el atardecer. Era mi manera de reivindicar mi libertad, tener una tarde de no hacer nada, para comer lo que me diera la gana y sin controles de ningún tipo.

 

Años después, decidí estudiar Ciencias de la Actividad física y el deporte, y pude ser consciente de todo lo vivido, quise reivindicar que existía otra manera de hacer las cosas, evitar que otras personas pasaran por lo que yo había pasado.

He seguido haciendo deporte, a veces, cuanto más arriesgado mejor, mi gran dificultad ha sido encontrar chicas con las que practicarlo. A pesar de insistir en adecuarme al nivel de ellas siempre me he encontrado con comentarios pesimistas tipo: “te vas a aburrir conmigo”, “sí claro, para que me tengas que esperar todo el rato”, “uy, no que muero, como voy a ir yo contigo a… estás loca”.

 

Actualmente, sigo haciendo ejercicio sola pero también lo hago acompañada. He dado con la llave mágica. El Movimiento 261 wm, una llave que abre un mundo en el que todas las mujeres tenemos cabida, en el que todas sumamos, en la que ninguna es mejor que otra, en el que simplemente somos nosotras mismas. Un mundo fuera de lo estricto, de lo establecido, en el que no tengo miedo o sienta que tenga que huir.

He animado a mi madre y a mi “Abu”, a mis tías y primas, a amigas con hijos, amigas solteras, amigas casadas.

Mi "Abu" a sus ochenta y pocos años, nos ha ayudado a organizar una Quedada en Ezcaray, el pueblo donde nos juntamos siempre la familia. Ha convocado a más de 80 mujeres, ha ido a la radio a anunciarlo, ha contactado con periodistas y lo más importante ha participado en toda la actividad con nosotras. Gracias Abu.

 

En este Movimiento, he vuelto a coincidir con las que fueron mis compañeras de gimnasia en aquel momento tan abstracto como recuerdo y verificar que sí, que no fue una pesadilla, que todas pasamos por lo mismo y aquí estamos. Y de verdad, poder hablar de esto abiertamente no ha sido fácil durante años.

He encontrado mi sitio incorporando, motivando y ayudando a otras mujeres a que se animen a moverse disfrutando, jugando y pasándolo bien. 

Hoy puedo decir que pertenezco a un grupo de mujeres maravillosas en el que cada una aporta cosas diferentes y valiosas. Nuestra máxima es que otras mujeres rompan sus miedos y se muevan con nosotras. Hoy puedo decir que mi esfuerzo va dedicado a ellas, a animarlas, a convencerlas de que se unan a nosotras, a recordarlas que sí pueden, que pueden romper barreras autoimpuestas, porque con el tiempo he aprendido que los demás pueden marcarte límites pero que es una misma quien tiene que quebrar esos techos de cristal.

Estoy muy orgullosa de pertenecer a este equipo, de poder actuar aportando granitos de arena cada día, porque actuar no es siempre hacer algo, actuar es también tu actitud y cómo te manejas. Y en este equipo la cohesión que existe, lo que aportamos cada una y la ilusión y energía que transmitimos es innata, es pura y es lo que hace de éste un movimiento tan gratificante para mí.

¡Gracias amigas del Movimiento 261wm!

 

Gracias Leyre por abrirnos tu corazón y mostrarnos esa valentía para afrontar y superar situaciones complicadas.

Estamos seguras de que esa fuerza y pasión se la transmites a todas las mujeres del 261wm para que sueñen en busca de sus objetivos, sobretodo a encontrarse bien consigo mismas.

Te recomendamos

El nuevo Peugeot 508 apuesta por cambiar tu concepto de berlina...

Análisis con cifras y datos en busca de la hidratación perfecta para el corredor...

Ricochet y Bedlam se unen a la familia ...

Así es la nueva Storm Viper de Joma: una zapatilla para hacer kilómetros en carretera...

Más ajuste, más estabilidad y más amortiguación sin añadir peso. Así es lo nuevo de S...