Heroínas Anónimas: María Ángeles Blasco Alemañ

"Comencé a correr como válvula de escape en mi particular lucha diaria a nivel emocional y psíquico con la fibromalgia", nos cuenta Mari Ángeles
María Ángeles Blasco Alemañ -
Heroínas Anónimas: María Ángeles Blasco Alemañ
Heroínas Anónimas: María Ángeles Blasco Alemañ

Soy María Ángeles Blasco Alemañ tengo 50 años y soy madre de 3 hijos, Saray, Ismael y Andrea.

Hace 8 años recibí una noticia relacionada directamente con la palabra fibromialgia; una enfermedad que se caracteriza por un dolor muscular crónico de origen desconocido acompañado de sensación de fatiga afectando a distintas partes del cuerpo y que a partir de ese día ya iba a formar parte de mi vida.

Uno de los consejos médicos fue que realizara actividad física, decidí asistir a la Asociación Ilicitana de Fibromialgia para obtener más información y tras pasar una tarde con los asistentes profesionales y recibir una charla informativa, tomé una decisión muy clara y era que esta enfermedad no iba a poder conmigo y debía hacer algo.

Estaba dispuesta a todo para enfrentarme con fuerza y mucha voluntad a esta nueva etapa en mi vida para convivir con fases de dolor, pero teniendo muy claro que el ejercicio físico iba a ser mi mejor medicina.

Había días que incluso no podía levantarme de la cama, ya que las molestias musculares no me permitían apenas estirar las piernas o incorporarme a la vida normal, literalmente me arrastraba pero me negaba a quedarme viendo la vida pasar tumbada rabiando de dolor en casa. Tuve que abandonar mi jornada laboral y cuando me encontraba con algún momento en el día que no había tantos dolores, salía a andar y tras frecuentar esta rutina de andar, notaba que mi cuerpo se sentía algo más fuerte para empezar a alternarla con la carrera a pie.

A su vez, me di cuenta que correr me empezaba a generar mejores sensaciones físicas, pero sobre todo era una válvula de escape en mi particular lucha diaria a nivel emocional y psíquico, ya que durante el tiempo que estaba corriendo aparecían las palabras distracción y desconexión en mi vida. Era como dar un portazo a las preocupaciones de la palabra fibromialgia y dar la bienvenida a las buenas sensaciones de estar realizando actividad física sin excesivos dolores.

Llegó el momento de avanzar en mi particular “carrera de fondo diaria” y junto a unas amigas fui a una carrera de 10 kilómetros, me gustó la sensación de superación durante la prueba, ya que mi lucha particular no era ni contra el cronómetro ni con los participantes, en mi mente y en mi cuerpo estábamos librando una batalla personal por la disminución de dolores y poder volver a una cierta normalidad en mi vida. Y ese día, más bien en ese cruce de meta, casi sin darme cuenta, me había convertido en corredora y que quería seguir superándome y creciendo en este deporte que tanto alivio y alegría me estaban generando.

Encontré un gran compañero de entrenamientos en mi zona, David Demetrio, salíamos a correr incluso lloviendo, hacíamos series, íbamos mejorando y asistiendo a pruebas deportivas. En una de ellas en El Campello, quedé segunda con esa bonita satisfacción de notar evolución física, incluso algunos días sin muchos dolores musculares ni esqueléticos. David fue quien empujaba y tiraba de mí, me notaba con más fuerza e ilusiones, estaba totalmente enganchada a correr.

En Mayo de 2011 fui a comprarme unas buenas zapatillas para que me ayudaran a seguir entrenando y conocí a Juan Carlos y Pedro Esteso, quienes me invitaron a formar parte de su club de corredores, Urban Runners Club Elche. Me uní a este grupo donde combinamos los entrenamientos con un ambiente familiar lleno de maravillosas personas con las que compartimos afición y en muchos casos de ellos se han convertido en parte de mis grandes amigos.

Con el paso del tiempo, mi pilar fundamental en la vida, mi marido Ismael Tarí, se animó a acompañarme a las carreras y a los entrenamientos y juntos hemos vivido experiencias muy bonitas en este deporte que se ha convertido en una forma de entender la vida. Mi evolución física era muy progresiva, incluso conseguí vencer en varias pruebas de la zona e ir mejorando mis tiempos. Siempre me he sentido muy arropada, animada y apoyada por todos mis compañeros igual que siempre he sido consciente y he prestado toda mi ayuda a todas las personas que se han querido iniciar en la carrera a pie por la gratitud y beneficios que siempre me ha aportado a todos los niveles tanto físicos como psíquicos.

Llegó el momento que muchos corredores de larga distancia esperan como es el dar el paso a la preparación de la prueba de maratón. Era algo que tenía en mente y como soñaba convertirme en maratoniana, pero sabía lo que implicaba y conocía el respeto que le tenía tanto al periodo de entrenamientos al que me iba a enfrentar, como a la incertidumbre y cierta fragilidad muscular teniendo en cuenta mi enfermedad.

Me embarqué en el proyecto del maratón de Valencia 2014 junto a una gran cantidad de compañeros del club, aparecieron molestias y días de dolores insoportables durante un par de meses previos a la prueba, empezaron a formar parte casi de mi entrenamiento semanal las sesiones de fisioterapia con Alfredo Pérez, que más que fisioterapeuta es mi reparador personal y opté por bajar la intensidad y cantidad de sesiones de entrenamiento para poder llegar en las mejores condiciones valorando mi rutina y lucha contra la fibromialgia.

Fue una decisión arriesgada, pero lo que más claro tenía es que iba a ser maratoniana sí o sí, había cierta preocupación en mi entorno más cercano pero tanto mi marido como mi entrenador, Pedro Esteso, no dudaban en ningún momento de que lo iba a conseguir.

Llegó el día esperado y si de alguna manera tuviera que definir cómo fue el maratón de Valencia para mí, fue un sufrimiento por las condiciones en las que estaba porque ese día la fibromialgia corrió junto a mí, me acompañó, en algunos momentos me recordó lo cruel y dolorosa que puede llegar a ser y en otros me hizo sacar esa versión luchadora, cabezota, resistente y fuerte que llevo dentro.

Siempre recordaré esos últimos kilómetros, esa mezcla de alegría y sufrimiento, dolor y placer, felicidad y  esa rabia por no haberla podido hacer mejor, pero sí lo conseguí y esa meta maratoniana fue mía venciendo a algo más que una distancia épica y todo lo que suponía dejar a un lado de nuevo tantas molestias físicas diarias cuando me colgué la medalla del maratón.

 

La resaca maratoniana me hizo plantearme de nuevo que quizás no necesitaba sufrir ni entrenar tanto, pasé un tiempo donde lo veía todo muy oscuro e incluso se barajaba la posibilidad de abandonar esta práctica deportiva.

Bajé mi nivel tanto de cantidad como de calidad en los entrenamientos, debía buscar el equilibrio entre cómo influye mi enfermedad en mi cuerpo y esas dosis de correr que me siempre me han venido tan bien, pero que no podían generar tanto impacto ni sobrecargas musculares añadidas.

Me di otra nueva oportunidad maratoniana, ya que es muy fácil decir no voy a volver a correr otro maratón, pero muy difícil no volver a hacerlo. Conseguí mejorar, encontrar ese equilibrio entre asimilar entrenamientos y no excederme en las cargas para llevar una mejor preparación y esa segunda maratón de Valencia en 2015 fue bastante distinta, mucho más disfrutada y finalmente compartida con mi marido, algo que nunca podremos olvidar.

 

Actualmente, sigo conviviendo con esas fases donde la fibromialgia hace estragos en mi cuerpo y otros momentos donde todo fluye y parece que se ausenta casi para siempre, pero hay fases que toca la puerta y las dos nos quedamos en casa. Y así es cómo me lo tomo, en cierta clave de humor pero también de optimismo junto a esa mezcla de experiencia y algo de veteranía en la vida para llegar a saber combatir la fibromialgia junto a mis entrenamientos semanales como parte de esa medicina, locura, pasión, aventura y experiencia enriquecedora como es la de salir a correr sin más, porque así fue como empezó todo.

 

Me gustaría aprovechar y agradecer esta oportunidad que me brinda Runner’s World Woman para enviar un mensaje a las personas que se puedan sentir identificadas con mi caso que no hay que rendirse, sé que es difícil y hay que tener mucha fuerza de voluntad y que si yo lo he conseguido…¡TÚ PUEDES!

 

Muchas gracias a ti Mari Ángeles por acercarnos tu entrañable historia de esfuerzo y superación, además de tu mensaje de positividad y energía que traspasa las líneas y, estoy segura, llega al corazón de nuestras lectoras.

En tu club te conocen cariñosamente como “La Motoreta”, por esa fuerza de voluntad y capacidad para moverte siempre, y razón no les falta.

A este deporte le hacéis grande corredoras como tú, ¡mucho ánimo y a seguir sumando experiencias vitales!

Te recomendamos

El DS 7 Crossback es el primer coche desarrollado desde cero por la marca premium fra...

Ricochet y Bedlam se unen a la familia ...

Así es la nueva Storm Viper de Joma: una zapatilla para hacer kilómetros en carretera...

Más ajuste, más estabilidad y más amortiguación sin añadir peso. Así es lo nuevo de S...