Heroínas Anónimas: María Ortells

“Me atrevería a decir que me quiero más a mi misma y por tanto soy mejor persona desde que un día decidí ponerme a correr”, afirma María
María Ortells -
Heroínas Anónimas: María Ortells
Heroínas Anónimas: María Ortells

Jamás de los jamases habría podido imaginar que iba a correr un maratón y, sin embargo, ya llevo dos.

Siempre me había gustado andar, y andar a ritmos vivos, pero correr fondo nunca me llamó la atención, ni tan siquiera de adolescente cuando entrenaba atletismo de velocidad. Eso era para otros, demasiado cansado y sacrificado.

Recuerdo cuando empecé, ya en la madurez y tras haber tenido a mis dos hijos. Mi marido corría y yo decidí ponerme a ello sólo por hacer algo de deporte, sin mayores pretensiones y, la verdad, con poca vocación de permanencia. "No sé lo que duraré", pensaba.

Al principio corría a ratos mientras otros andaba. Corría sin apenas levantar los pies del suelo, despacito. Ni podía ni me hacía falta más. Y fue así hasta que a los meses decidí apuntarme a mi primera carrera popular cogiendo de la oreja a mi marido para que me acompañara. Aún recuerdo como en el previo de la carrera que no llegaba a 7km, no quería ni calentar por no cansarme y el corazón me iba a mil del ataque de nervios que llevaba. De aquella carrera recuerdo llegar a meta emocionada, recuerdo la inyección de autoestima que me supuso y las ganas de volver a correr.

 

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En aquel entonces quería seguir avanzando. Quería seguir sintiendo la serenidad que me embargaba durante y, sobre todo, después de correr, pero para ello debía lidiar con mi inseguridad. ¿Sería capaz de progresar yo sola? Por suerte decidí que no iba a ser capaz, y fue cuando me incorporé al equipo de atletismo de una compañera de colegio, Marta Fernández de Castro, que en ese mismo momento y tras años como profesional, comenzaba como entrenadora para amateurs y corredores populares.

Aquella decisión fue dar un gran paso adelante pues no sólo tenía planificados mis entrenamientos por una profesional meticulosa y experimentada, sino que además salía a correr con más gente de lo más variopinta pero unida por una misma pasión. Siendo como soy, un animal social, encontré el perfecto equilibrio y el acicate adecuado para seguir avanzando en mi superación física y mental.

La superación a la que me refiero nada tiene que ver con correr más rápido y hacer mejores marcas. Esa superación va íntimamente relacionada con seguir disfrutando cuando corro, con conseguir metas que creía para otros, totalmente inalcanzables para mí, con demostrarme a mi misma que si quiero, puedo.

 

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Es cierto que cuando salgo de mi día a día y decido preparar una carrera como el maratón, con la familia, el trabajo y todos los quehaceres normales, que son muchos… todo parece cuesta arriba ya que tengo que sacar tiempo de donde antes no parecía posible, pero lo es; y durante el camino compensa.

Al final, en la carrera, te invaden un sinfín de sentimientos, antes desconocidos, que culminan en la meta cuando la emoción te impide reprimir el llanto. En mi primer maratón sólo con ver a mis hijos buscándome ilusionados entre la multitud de corredores y animando sin parar ya me hizo llorar como una tonta.

 

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En todos estos años que llevo corriendo, que no son tantos (unos seis), he podido sentir en mis propias carnes eso que me contaban de que todo el mundo que comenzaba a correr con determinación, terminaba enganchándose... Y es totalmente cierto, por un motivo u otro, cada uno tiene los suyos.

En mi caso no sólo resulta una actividad física que hace que me mantenga en buena forma, en mi caso tiene un plus que ha sido determinante, y es que contribuye a mi equilibrio y autoestima de manera decisiva y me atrevería a decir que me quiero más a mi misma y por tanto soy mejor persona desde que un día decidí ponerme a correr.

 

Muchas gracias María por compartir tu historia con nosotras. Cada una tenemos motivos totalmente dispares sobre lo que nos empujó en su momento a comenzar a correr, en cambio lo que hemos obtenido a base de perseverar es muy similar, habrá muchas razones personales pero con un fondo común, nos hace felices.

A seguir disfrutando al máximo cada kilómetro que sumes como hasta ahora. La recompensa no solo está en el resultado, enorme en tu caso con dos maratones a las espaldas y los que te quedan... si no, en aprender del camino.

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