Heroínas Anónimas: Pilar Pérez González

"Todo en esta vida cuesta un esfuerzo", nos cuenta Pilar que siempre le inculcaron sus padres
Pilar Pérez González -
Heroínas Anónimas: Pilar Pérez González
Heroínas Anónimas: Pilar Pérez González

Mi nombre es Pilar Pérez González, tengo 29 años, nací en Terrassa en el seno de una familia aragonesa. Tengo dos hermanas mayores y una tercera que es mi hermana melliza. Desde pequeñas, en casa nos inculcaron la idea de que TODO en esta vida cuesta un esfuerzo. Esta idea nos ha marcado tanto nuestra vida profesional, como la deportiva.

Al igual que mis hermanas, el baloncesto fue el primer deporte que practiqué; después de una breve experiencia en el mundo del Waterpolo, inicié con mi hermana la práctica del running.

 

Estoy escribiendo este relato justo partiendo a mi primer viaje a Estados Unidos para correr la maratón de Nueva York, el próximo día 5 de Noviembre.

¿Cómo he llegado hasta aquí? Con la perspectiva del tiempo pasado, todo ha sido muy rápido. Soy esa niña morena, con gafas, flequillo y gordita. Así me describo cuando enseño a los amigos algunas de esas fotos familiares que me hacen recordar mi infancia.

 

 

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Empecé a jugar al baloncesto en el colegio, como actividad extraescolar. Recuerdo aquellos primeros partidos donde disfrutaba jugar con mi hermana, ella jugaba de base y nuestra compenetración era total; ya se sabe, las mellizas…. En seguida dejamos el deporte escolar y pasamos al federado. De esta forma recorrí la geografía catalana, partido tras partido y temporada tras temporada, hasta la categoría senior. En este momento, cierto cansancio y los estudios me hicieron replantear mi actividad deportiva.

Pronto sentí la necesidad de “hacer algo de deporte” y estuve entrenando con un equipo de waterpolo. Me acordaré siempre, un sábado bajé a nadar a la piscina del club que tenía en frente de mi casa y un señor me paró mientras nadaba felicitándome por mi técnica y me invitó al entrenamiento del equipo de waterpolo de aquel club. Mis padres como siempre me animaron y al día siguiente ya estaba entrenando con el primer equipo de waterpolo del club.

Pasaron dos años y por trabajo y estudios tuve que dejar mi etapa deportiva.

 

Al dejar el deporte, todo lo que mi cuerpo tenia de músculo se iba quedando flácido; además, mi dieta alimenticia no disminuyó y las consecuencias de no quemar tantas calorías son fáciles de imaginar.

Hablé con mi madre y a los dos días me acompaño a una dietista nutricionista. Me puso rápidamente a dieta, me recomendó beber mucha agua y, sobre todo, me convenció de que tenía que buscar tiempo de donde fuese para volver a hacer deporte. Me hizo ver que hacer deporte me aportaba más de lo que creía.

En aquel momento, tenía claro que no podía practicar deporte en equipo ya que no me podía comprometer a una rutina fija de entrenamientos. En ese momento me enteré de un grupo muy heterogéneo formado por personas que tenían diferentes ocupaciones y horarios y que salían a correr.

Siempre me acordaré el primer día que me calcé las zapatillas… me costaba la vida, me costaba dar dos pasos, me ahogaba, no podía, llegué a casa diciendo que lo dejaba, que no podía ser, que eso del running no era para mi y que buscaría otra manera de “hacer deporte”. Al día siguiente los dolores musculares reafirmaron mi idea.

Pero, a los dos días, estaba en casa y me vino a la cabeza la frase que mi padre siempre nos decía desde bien pequeñas, “todo en esta vida cuesta un esfuerzo”. Al recordarlo, me levanté rápido, me calcé de nuevo las zapatillas y lo volví a intentar. Lo conseguí, me costó muchísimo pero aguanté un buen rato sin parar. Llegué a mi casa ilusionada, sabía que con esfuerzo lograría ir alcanzando metas. En seguida me apunté a una carrera de 5km, para mí era un reto que significaba mucho, y lo volví a conseguir. Ya no era conseguir los 5 km corriendo, sino que conseguía perder peso, estar más ligera y con mayor autoconfianza en lo que estaba haciendo.

Poco a poco fui aumentando la distancia. Participé en varias carreras de 10k, me sorprendía yo misma porque todo aquello que me proponía lo conseguía y “con nota”, ya que en algunas de estas carreras había llegado entre las tres primeras…. Ya os podéis imaginar lo que significaba eso para mí. Me daba igual la medalla o la copa pero, después del sacrificio que estaba haciendo con la dieta alimenticia y con los entrenamientos, subir al podium era una sensación increíble, un reconocimiento a todo ese sacrificio que estaba haciendo.

 

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Vivía en Castellar del Vallés, salía a correr en dirección a las pistas de atletismo y siempre que pasaba por allí me paraba y me fijaba en la técnica de aquellas chicas que daban vueltas por la pista. Me preguntaba siempre: ¿yo podré llegar a correr como ellas? Nunca he llegado a correr como ellas, pero sí que llegué a conseguir la misma actitud con la que ellas entrenaban.

Una tarde, quedé con mi hermana melliza, Cristina porque tenía una sorpresa para mí. La sorpresa consistía en irnos las dos juntas a un Campus de Running y de Triatlón, en ese momento me dio mucho miedo pero a la vez estaba muy contenta de poder vivir una experiencia con ella.

Nos lo pasamos pipa, y fue desde entonces que a partir de aquel momento empezamos a correr juntas. Ahora los objetivos eran dobles, eran compartidos, eran únicos… Lo único que nos importaba a las dos era llegar juntas a meta, sin importarnos el tiempo, podernos abrazar y decirnos una a la otra: lo hemos conseguido. A partir de allí, las dos, juntas, empezamos a correr, a marcarnos objetivos más grandes.

Entrenamos duro para afrontar nuestros primeros 21k, y lo conseguimos. Nos compramos nuestra primera bicicleta y nos preparamos para hacer alguna prueba de triatlón. Pero siempre queríamos más, hasta que nos planteamos hacer nuestro primer maratón: el maratón de Sevilla, y lo volvimos a conseguir. Seguidamente ya pensábamos en nuestro segundo maratón y nos inscribimos al maratón de Barcelona y lo volvimos a conseguir.

 

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Ahora voy a por mí tercer maratón, el de New York. Un maratón muy especial que lo único que quiero es salir a disfrutar y llegar a meta con mi pareja. Será el colofón de todo lo que he conseguido con esfuerzo y sacrificio.

Y… ya han pasado unos días y quiero terminar mi historia desde Nueva York, Desde el jueves que llegué, me ha dado tiempo a todo, sobretodo de poder decir que lo volví a conseguir. He conseguido cruzar la meta de una de los majors y qué mejor manera que hacerlo con la persona que comparto mi vida; mi pareja Juanan.

Qué os voy a contar… espectacular, impresionante lo vivido, sin palabras… aún lo recuerdo y se me eriza la piel.

 

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La verdad que todo lo que me he prospuesto lo he conseguido y una cosa he aprendido, en el running no se compite, se participa.

Y ahora toca pensar en otros retos, objetivos, porque lo único que quiero es volverlo a conseguirlo, porque QUIEN QUIERE, PUEDE.

 

¡Pues a seguir cosechando éxitos Piluka! Está claro que puedes con cualquier reto que te propongas, y estamos seguras de que aún te quedan muchos sueños por cumplir.

Muchas gracias por compartir tu historia con nosotras y contagiarnos ese espítiru incansable.

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