Heroínas Anónimas: Silvia Ascasíbar

"Correr nunca te quita más de lo que te da", nos cuenta Silvia
Silvia Ascasíbar -
Heroínas Anónimas: Silvia Ascasíbar
Heroínas Anónimas: Silvia Ascasíbar

Me llamo Silvia Ascasíbar, soy ortodoncista, estoy casada y tengo un hijo de 10 años. Siempre he hecho deporte; en mi casa eso de la vida saludable ha estado presente desde que tengo uso de razón. Mi madre debe ser la socia más antigua del gimnasio y mi padre lleva más de 40 años corriendo y lo sigue haciendo.

Es precisamente lo vivido en aquellos años de mi infancia y adolescencia al seguirle a él en sus carreras y animarle junto a mis hermanos y mi madre, lo que me ha llevado a mí a calzarme las zapatillas porque, aunque en esos años nunca me gustó correr, recuerdo lo emocionante del ambiente que se respiraba en las carreras en que participaba mi padre, especialmente en aquellos años de la década de los 80 y 90, cuando eran unos pocos locos. El olor a reflex, la camaradería, los preparativos, lo que debíamos llevar por si teníamos que ofrecerle bebida, vaselina o sabe Dios.

Los veíamos a él y sus amigos en la salida, en algún otro punto y en la meta. Así que mientras aplaudía y me desgañitaba junto a mi madre y hermanos diciéndoles que ya quedaba menos, me decía a mi misma: yo en algún momento quiero vivir esto.

Me atraía esa capacidad de superación, de sacrificio, esas caras desencajadas del km 30 en adelante pero con esa gran determinación de no parar hasta la meta.

 

De niña era en natación en lo que destacaba y luego en la etapa universitaria y en mi vida adulta fui carne de gimnasio. Pero correr nunca.

El caso es que yendo al gimnasio y para incluir ejercicio aeróbico en mi rutina de entrenamiento empecé a andar en la cinta y con el tiempo, el andar cada vez más deprisa se convirtió en correr.

Al principio aguantaba poco y acababa moribunda y congestionada aunque muy satisfecha. Como siempre entreno con música, cada semana probaba a aguantar una canción más. Y otra. Y otra. Y otra. Y así hasta que 45 minutos en la cinta se llegaron a hacer aburridísimos y empecé a salir a la calle para ya no volver a la cinta salvo cuando la climatología es francamente adversa.

 

El año que cumplí 40 lo celebré más de lo habitual para no entrar en crisis y allí, en el patio de la casa de mis suegros, rodeada de un montón de gente y hablando de lo que esperaba de los 40, dije: este año voy a correr el maratón de Madrid. Y 10 meses más tarde tomaba la salida del maratón de Madrid acompañada, en ese momento bautismal, por mi madre y mi padre. Recuerdo que mi madre nos hizo una foto allí, en Colón, momentos antes de la salida y yo le dije a mi padre: hay que estar un poco loco para hacer esto, ¿verdad?

Habíamos quedado en que, aparte de seguirme en un par de puntos del recorrido, él entraría en la carrera en el km 30 sabedor de que es ahí en realidad donde empieza el maratón. Así que había que llegar al 30 como fuera porque había quedado con ellos y no podía dejarlos tirados.

Me hizo una ilusión inmensa verlos allí, mi madre con cara de preocupación, mi padre listo para saltar al ruedo conmigo durante esos 12 kilómetros restantes. Iba ya cascadilla, con calambres en los gemelos y con pocas ganas de hablar. Mi padre me sacó de la Casa de Campo y me condujo hasta la meta dándome ánimos y conversación, diciéndome que mi marido e hijo, a los que ya había visto en el km 18, me esperaban en la cuesta de Alfonso XII (otro punto crítico del maratón de Madrid) y que mi madre ya se iba a la meta.

Mientras tanto, yo intentaba concentrarme en dar un paso tras otro sin pensar en mucho más que en qué momento se me habría ocurrido inscribirme en aquella prueba... Pero me enganchó.

La sensación al cruzar la meta de la mano de mi padre y reunirme después con mi madre, mi marido y mi hijo es algo que no olvidaré nunca. ¡Se siente uno capaz de cualquier cosa!

Desde aquel primero ha habido muchas carreras de 10 y de 21K y 4 maratones más: Frankfurt, Nueva York, Chicago y Valencia; y todos han sido únicos y especiales. Este año, si todo va bien, correré el de Berlín con uno de mis hermanos, con un amigo y con 40.000 personas más y viajaré arropada por toda la familia.

 

La verdad es que entreno siempre con un maratón en mente como objetivo. Por muy duro que resulte el compaginar una vida profesional y familiar, me fascinan las 16 semanas previas de disciplina y los cambios que se producen en el cuerpo. No tengo tiempo para entrenar más de 3 veces por semana, a veces 4 si se acerca un maratón, pero me engancha el reto de ser capaz de vencer a la pereza y entrenar para terminar una carrera de una distancia tan exigente como es el maratón porque correr nunca te quita más de lo que te da.

 

Me encanta viajar y aunar esas dos pasiones, correr y viajar, es algo muy gratificante. Siempre voy a los maratones y medios maratones acompañada de mi marido, mi hijo, mis padres y en ocasiones uno de mis hermanos que también corre. Así convertimos la carrera en un viaje familiar del que luego guardamos muy gratos recuerdos. Yo se lo agradezco enormemente porque seguir a un corredor normalito como soy yo, no es ninguna bicoca: madrugar, pasar horas de pie a la intemperie, escanear entre el pelotón de corredores esperando verme por unos fugaces segundos... Para mí, tenerlos cerca y saber que van estar ahí esperando es un chute muy poderoso de motivación.

Además correr es una fantástica manera de hacer turismo, me encanta correr en los sitios a los que viajo y las zapas van conmigo a todas partes.

Mi marido ha ido aficionándose y corremos juntos de vez en cuando e intento inculcarle a mi hijo un poco de interés pero sin forzar. De momento ha participado en alguna carrera infantil y en estas más familiares a las que nos apuntamos las 3 generaciones.

 

Normalmente corro sola porque mis horarios laborales son atípicos e irregulares y me he dado cuenta de que necesito ese tiempo a solas conmigo misma. Correr me sirve para encontrar mi paz, me sirve para liberar tensión, para ordenar mis pensamientos, me hace sentir fuerte y libre, me hace sentir muy bien. Correr es una forma de vida y enseña muchas cosas sobre uno mismo así como a enfrentarse a situaciones de nuestro día a día.

Mi intención es seguir corriendo hasta que el cuerpo aguante para hacer realidad eso de morir joven lo más tarde posible y me gustaría que en mi hijo fuera calando el mensaje de que el cuerpo hay que cuidarlo, que haga el deporte que más le guste pero que haga algún deporte.

 

Muchas gracias por compartir tu andadura con nosotras Silvia, ¡cuatro maratones ya en tus piernas y los que te quedan, estás hecha una auténtica campeona!

Cómo nos emociona leer vuestros retos, "esas primeras veces" tan especiales y que siempre guardaremos en la retina de las emociones, ¡hacéis que se vuelvan un poquito nuestros también!

Te seguiremos de cerca en todos los retos que te esperan y te mandamos toda nuestra fuerza para que sigas cumpliéndolos.

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