“No lo dejes, no dejes nunca de moverte”, insiste Marta Pérez

La etapa más difícil de la mujer deportista: la adolescencia
Marta Pérez Miguel -
“No lo dejes, no dejes nunca de moverte”, insiste Marta Pérez
“No lo dejes, no dejes nunca de moverte”, insiste Marta Pérez

En la última edición del Cross de Soria participaron 40 niñas de entre 14 y 15 años de edad. Chicas un poco mayores, entre los 16 y los 17, fueron 21. En Sevilla, 3 meses después y con 15 grados más de temperatura, fueron 186 niñas de entre 14 y 15 años las que tomaron salida en su Cross. En la categoría inmediatamente superior, 73. Una disminución del 50% en el número de participantes. Número que se mantiene estable en ambos sexos desde la categoría sub10 pero que sólo mantiene esa tendencia de estabilidad a partir de los 16 en el caso de los hombres.

Me niego a aceptar que esto es una casualidad. Que la mitad de esas muchachas que llevan desde los 10 años disfrutando de correr por el monte, de repente han dejado de hacerlo.

Miras esa mermada línea de salida y lo primero que te das cuenta es de que ya no la ocupan niñas. A los 16 años tu cuerpo cambia, mucho y rápido. Con una velocidad y una fuerza que parece que ya no sólo está dispuesto a usarse para eso. Y, sin embargo, no creo que este cambio tan evidente sea el más determinante. Tanto o más cambia tu concepción de ti misma, de tu imagen corporal, de tus capacidades. Te sientes pesada, menos ágil y sobretodo menos capaz. “No se me da bien”, “me da vergüenza apuntarme a jugar, soy muy mala”, “¡cómo voy a jugar con los chicos, si me van a ganar!”. Tu autoestima en este ámbito cae en picado.

 

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Como cualquier relación, la nuestra con el deporte está influida por la cultura y la educación de la sociedad en la que se desarrolla. Y si eres mujer, en ese momento en el que empiezas a definirte, hay muchos factores que contribuyen a que el deporte se vaya situando al final de tu escala de prioridades. No hay nada que te impida seguir haciendo deporte a los 16 años. Pero lamentablemente en muchas ocasiones tampoco hay nada que te incite a seguir ligada a él. Y cuando una relación se basa en la indiferencia dura poco.

En general, las adolescentes no valoramos el deporte como una actividad importante. Obviamente no tenemos en cuenta sus beneficios físicos porque en plena edad del pavo tu mineralización ósea no es lo que te quita el sueño. Pero a mí lo que me llama la atención es que tampoco le damos importancia como actividad de ocio, de diversión o de cohesión social. Podría contar con los dedos de una mano las veces que por iniciativa propia alguna de nosotras proponía un plan deportivo un sábado por la tarde.

Y puede que esto sea un denominador común en la personalidad de todas estas niñas y no haya nada más que hablar. Que ni a mi hermano ni a la mayoría de las adolescentes de este país les interese el deporte. O puede que ello esté fuertemente influido por una concepción generalizada del género femenino en la que la actividad física no tiene relevancia. Y entonces sí tenemos que hablar. Y no solo eso, tenemos mucho que hacer.

 

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A gran escala hay un menor reconocimiento social de los éxitos deportivos de nuestras deportistas, pero a pequeña escala y en la base de nuestra sociedad, esto comienza en la adolescencia. Los logros de las niñas relacionados con el deporte; ya sean a nivel de resultados, retos personales o simplemente algo tan fundamental como mantenerse en forma, no son considerados importantes. Aunque hay que reconocer que en esto como sociedad somos consecuentes; no se valoran pero tampoco se exigen. Y es que también las expectativas en torno a tus capacidades deportivas serán menores, normalizándose la inactividad como estilo de vida. De todas las tonterías que hacemos siendo adolescentes, abandonar por completo el deporte será la única que tus padres no te recriminen.

Por supuesto que la actividad académica es fundamental, ¿pero, cómo podemos caer en el error de primar una sobre la otra hasta el punto de hacerlas incompatibles?

Así, todos estos ladrillos van construyendo un muro. De tal manera que en el primer momento en el que te surja una mínima duda tengas claro que lo primero prescindible es el deporte. Todo a tu alrededor, incluida publicidad y medios de comunicación, te muestran un modelo deportivo con el que es difícil que te identifiques. ¿Por qué te vas a preocupar entonces por no formar parte de él?

 

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Muchas adolescentes van abandonando el deporte, dejando de lado toda actividad física. Si hay suerte por unos años y si no para toda la vida. Y las que se quedan se enfrentarán de pronto al último de los problemas, sobre todo en caso de practicar deportes de equipo. Escasez de compañeras, dificultades para formar equipos y organizar torneos por el bajo número de participantes, entrenamientos anulados…Un tejido de base lleno de agujeros por los que colarte.

Miro esa línea de salida aún repleta de niñas, y mientras aplaudo con todas mis ganas sólo puedo pensar: “no lo dejes, no dejes nunca de moverte”, confiando en que ese sea el día en el que una más de todas ellas se enganche definitivamente al deporte. Mi padre, profesor de educación física, me dijo ayer: Marta, “esto está poco a poco cambiando”. Y yo a mi padre le creo siempre.

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