Lo echo tanto de menos

"Que eche de menos una cosa no quiere decir que no valore enormemente la otra. Simplemente que no puedo evitar sentirlas como cosas diferentes", nos cuenta la atleta internacional Marta Pérez
Marta Pérez Miguel -
Lo echo tanto de menos
Lo echo tanto de menos

Hace ocho años llegué a Madrid para estudiar. Desde el primer momento busqué también un entrenador y un grupo con el que continuar mi vinculación con el atletismo, pero el objetivo primordial entonces era la universidad. Fue bastante después cuando cambiaron las prioridades.

Me convertí rápidamente en una de esas niñas que, sin serlo todavía, comparten las pistas del centro de alto rendimiento de Madrid con los atletas de alto nivel. Pero sobretodo, me convertí en una parte más de un grupo de chicas jóvenes llenas de inquietudes que cada tarde disfrutaban enormemente de la rutina de entrenar. Tuve la inmensa suerte de encontrarme, desde el primer día, con un ambiente idóneo para que me enganchara definitivamente al atletismo.

Lo echo tanto de menos

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En Soria, en mi casa, yo siempre había entrenado con Ramón Zapata; con quien supe entenderme siempre a la perfección, y con un grupo, en su mayoría chicos, en el que hice verdaderos amigos. Ambas cosas las encontré en Madrid; con la diferencia de que la mayoría de mis compañeras eran ahora mujeres de mi mismo nivel, lo que hizo que fuera más fácil compartir series y ritmos.

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Con tiempo, paciencia y más ilusión que certeza, Antonio, mi entrenador actual, ha ido haciendo de mí una atleta a tiempo completo. Me he ido profesionalizando y en el camino estoy constantemente rodeada y aprendiendo de gente maravillosa. Pero el ambiente a mi alrededor inevitablemente ha cambiado.

Por distintas circunstancias, algunas de mis compañeras cambiaron de rumbo, de ciudad, o de entrenador. Otras afortunadamente siguen aquí, pero las lesiones han hecho que dejemos de ser inseparables por unos meses. Y en el día a día en la pista, las echo muchísimo de menos. Echo de menos la complicidad que teníamos, las interesantes charlas durante los rodajes, los debates, las series acompasadas, el consenso en las cariñosas quejas grupales a Antonio, los silencios compartidos, el apoyo incondicional cada vez que necesitabas parar para coger aliento.

No quiero ser injusta. Tampoco ahora entreno sola. La mayoría de las sesiones las hago rodeada de compañeros, y bajo la mirada atenta y cómplice de nuestros entrenadores. Casi siempre hay alguien con quien comenzar el rodaje, alternarme en los ejercicios del gimnasio o comentar las competiciones del fin de semana. Más aún, muchas veces alguno de mis compañeros me ayuda en mis series, haciéndome el trabajo infinitamente más fácil. Creo que nunca podré agradecer esto lo suficiente. Que eche de menos una cosa no quiere decir que no valore enormemente la otra. Simplemente que no puedo evitar sentirlas como cosas diferentes.

Lo echo tanto de menos

Lo echo tanto de menos

Hay algo especial cuando sientes que compartes el trabajo, pero también la ilusión y la motivación por los objetivos ajenos. Que en cada zancada os une un ansia de mejora, pero asimismo un cariño, una admiración y la certeza de que, independientemente de dónde logréis llegar, ya habéis ganado algo que merece la pena.

Veo a las chicas algo más pequeñas del grupo y me hace ilusión ver que entre ellas han creado algo similar. Que mientras ruedan como un pack indivisible hacen constantemente bromas y se preguntan por sus exámenes o por sus últimos viajes. Que cuando van a por material lo hacen siempre pensando en plural y que cada tarde que consiguen coincidir todas se hacen ilusionadas alguna foto de recuerdo.

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Hay mil formas de hacer deporte, y seguro que alguna de vosotras prefiere entrenar en soledad. Pero también habrá quien agradezca haberse apuntado a un grupo de entrenamiento, o haber encontrado en una quedada gente afín con la que ha acabado formando un grupo de amigos. Creo que es algo que te ayuda cuando tu fuerza de voluntad flaquea, pero que sobretodo puede convertir esto en una actividad más interesante. Es gratificante compartir con aquellos que queremos nuestra ilusión por el deporte, por nuestros progresos y objetivos. De la misma manera, coincidir en este mundo con alguien a quien te hace ilusión hacer partícipe del resto de facetas de tu vida, es maravilloso.

Sin duda influyen muchas cosas en nuestra forma de mirar. En mi caso, durante estos años en el atletismo he tenido la suerte de encontrarme con gente que me ha aportado mucho, convirtiéndose en un apoyo muy importante para mí, aunque ahora sea desde la distancia. Y quizá por eso yo casi siempre he preferido hacer deporte acompañada que sola. Sé que cada persona es un mundo, pero espero que en este camino os encontréis a muchos amantes del deporte que, además, encajen bien en el vuestro. Que, junto con la salud, las satisfacciones personales y las fuertes emociones os llevéis del deporte mucha gente a la que echar de menos.

Lo echo tanto de menos

Lo echo tanto de menos

Las cosas cambian, y nosotros también. Y es inevitable que tras ocho años sienta que tanto el ambiente a mí alrededor como yo lo hemos hecho. No es dramático, simplemente sé que he crecido y que el nivel de implicación al que he llegado en este deporte es difícil compartirlo con mucha gente a mi alrededor. Pero estos últimos meses he sentido más que nunca la soledad del corredor de fondo. Y me he dado cuenta de cuánto echo de menos a mis amigas en la pista.

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