La Transgrancanaria hay que vivirla

“Los abrazos y las sonrisas de los voluntarios, en los avituallamientos, dan más energía que todos los geles de este mundo” nos cuenta Abigail
Abigail Parra | Fotografía: JCD Fotografía -
La Transgrancanaria hay que vivirla
La Transgrancanaria hay que vivirla

El último fin de semana de febrero arrancaba, en la isla de Gran Canaria, la carrera de trail Transgrancanaria® HG 2018, tercera prueba puntuable en el circuito Ultra-Trail® World Tour y primera del calendario con UTWT y WAA en la Spain Ultra Cup®.

Esta decimonovena edición contó con más de 4.000 corredores, 2.000 extranjeros llegados de 72 nacionalidades, 160 corredores de élite y 6 modalidades para recorrer la isla de forma exclusiva: Trans360º (269km), la TranGC (125km), Advanced (64km), Maratón (42km), Starter (30km) y Promo/Family (17km).

Además, tuvo mucha presencia femenina con atletas élite tanto a nivel extranjero como nacional, así como cada vez más mujeres corredoras que se plantean esta carrera como un sueño a alcanzar, sacando horas al día entre trabajo, familia y el propio ritmo de cada día para entrenar y alcanzar esta meta. (En la foto, el grupo de corredoras canarias "Run Run Girls And The Misters")

 

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La Advanced elegida por primera vez en el calendario oficial de la RFEA como campeonato de España y prueba directa clasificatoria para el campeonato del mundo, se celebró el 24 de febrero. Con 87 corredores inscritos, que recorrieron 64 km desde Arteara hasta Maspalomas compitiendo por esas tan deseadas dos plazas fijas en la selección española y sin duda fue una de las pruebas más esperadas. El leonés Pablo Villa se proclamó Campeón de España de Trail volando a meta con un tiempo de 5:07h. En la categoría femenina la catalana Mónica Vives dio la sorpresa proclamándose campeona de España, una llegada a meta muy disputada, ya que llegó a segundos de distancia de Laia Cañes, las dos con un tiempo de 6:15 h, también seguidas de muy cerca por Azara García y Teresa Nimes con un tiempo de 6:17h, sin duda fue una meta muy emocionante.

 

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Desde Runner’s World Woman tuvimos la suerte de vivir la Trangrancanaria desde dentro. El clima nos dio tregua, y las esperadas lluvias se calmaron para dejarnos disfrutar de una Starter inolvidable: 30 km con un desnivel positivo de 700 y 2.300m acumulados, desde Tunte a Maspalomas entre sus verdes barrancos.

El sábado 24 a las 8 de la mañana, con la piel de gallina mientras sonaba las notas de los Gofianes, muchas personas y un mismo sentimiento, llegar a esa meta. Pocas carreras hay que me hagan saltar las lágrimas tanto en la salida como en la llegada, pero la Transgrancanaria es una de ellas. Sabes que estás a punto de alcanzar un sueño, un sueño forjado de sudor y constancia, pero a la vez se asoma el miedo y los nervios previos a una gran aventura, por tu cabeza pasa más de un pensamiento: te acuerdas de las horas de entreno haciendo malabarismos en tu día a día, te preguntas si estarás preparada y si no te fallarás a ti misma. Y de pronto los pensamientos se funden con la cuenta atrás, con los aplausos de la gente y con los latidos de los corazones que vibran cuando arranca esta carrera.

El clima gélido nos abría paso hacía nuestra aventura, subiendo a través de pronunciadas calles de esa típica localidad de montaña, hasta llegar a un espectacular paisaje canario, una cumbre que dibuja una estela de corredores desde la cima hasta los que están iniciando la subida. De vez en cuando se oyen ánimos y vítores de corredores desde la cima y corredores desde abajo que contestan como “vamos”, “esto es nuestro” y ya te das cuenta que estas viviendo algo diferente. Cuando llegas arriba las vistas son espectaculares y no puedes evitar pararte a respirar profundo y sentir que eso también forma parte de la carrera, sentirte aquí y ahora ante tanta inmensidad.

 

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El paisaje se transforma y comienza el descenso entre paisajes típicos de vegetación canaria y pasos estrechos con árboles imponentes. Todo es bajada, y aquí empiezas a entretenerte concentrado entre técnica de bajada, kilómetro a kilómetro, con infinitos tramos de piedras, hasta llegar a la presa de Ayagaures, donde toca parar ante un festivo avituallamiento donde no falta de nada, ni siquiera los abrazos y las sonrisas de los voluntarios que dan más energía que todos los geles de este mundo.

Es el tramo más mental, ya que toca arrancar la segunda etapa de la carrera, aún nos quedarían 15 km y Canarias empieza a mostrar su ADN con una climatología más común, donde el calor empieza a calentar los cuerpos y los corazones. Dejamos atrás la presa y empezamos la última subida de esta prueba, las vistas son de una belleza extrema y nos ayudan a que la cabeza no piense en el calor, en los kilómetros que faltan, ni en si es una buena idea ser corredor de montaña.

Y esos pensamientos desaparecen cuando el paisaje canario vuelve a robarte el corazón, te diriges hacía el barranco y las altas montañas con orografía canaria dibujan una imagen impresionante que te hace sentir viva, que te hace dar las gracias por estar viviendo ese momento, de bajada alegre.

A poco menos de 12 kilómetros de la meta, todo el recorrido es entre cañas y piedras, rodeados de montañas, y aquí puedes volar, puedes sentirte libre, aunque las piedras del suelo te devuelven a la realidad cada vez que se te tuerce algún tobillo debido a la exigencia del desnivel del terreno y por el barro y las piedras húmedas y planas.

Comienzas a ver de frente la Transgrancanaria, el sol aprieta, la sed aprieta, los kilómetros pesan, las ganas de llegar aprietan, los no puedo pesan, pero pesan más los creo en mí y voy a conseguirlo. Dejo que mis ojos se pierdan entre montañas que abrazan, rodeados de cañas y con el objetivo de salir de ese barranco para estar más cerca. Los ánimos están bajos y me he caído en más de una ocasión, no consigo dominar mis tobillos entre tanta piedra irregular y mojada, y siento que me pesa el mundo, el GPS me marca menos kilómetros de los que debería, creo que se me ha detenido en algún momento… y de pronto un mini avituallamiento como si de un oasis se tratará se abre paso entre mis pensamientos. Un chico canario me da agua, me ánima y me dice que me quedan menos de 10km para llegar, que lo duro ya ha pasado y me dice con una voz súper cálida: confía mi niña, ya es tuya, la meta ya es tuya.

 

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Salgo de allí con más energía de la que creía que me quedaba y ya empieza un recorrido a través de pista, de la riera dirección a Parque Sur, y de fondo Maspalomas. Hay muchísima gente animando, y el calor se hace más llevadero puesto que es momento de volar hacia la meta. El último avituallamiento, el de Parque Sur, es una auténtica fiesta, allí toca refrescarse, ponerse bien las gafas, el pelo y beber.

Me pongo en marcha de nuevo, empiezo a sentir el dolor de las caídas, el sol y el roce de los kilómetros en la piel, pero en la cabeza hay un solo mantra: una meta, mi sueño, una meta, mi sueño… y después de pasar kilómetros rectos con algún tramo de escalera, ya ves la meta al fondo, oyes la música, y sientes como todos los dolores y pesares se van quedando de fondo. Empiezas a acelerar el ritmo hasta que aparece a tus pies la alfombra, y son segundos en los que se para el tiempo en tu interior, afuera hay personas que te aplauden, niños que te chocan las manos, Depa que va recibiendo uno a uno con su voz, con su sonrisa… Pero en tu interior avanza todo lento, solo oyes tu corazón, la mente ya no manda a las piernas, solo fluyes hacia meta, y las lágrimas también se abren paso, te inundan en ese instante en que llegas a meta: vibras, te sientes viva, te sientes capaz de todo, te sientes orgullosa de ti y de los kilómetros que has vivido para llegar a esta prueba, de los esfuerzos y las horas que le has robado a los tuyos…

Y te cuelgan una medalla, una medalla que vale oro y te tumbas en el césped de Expomeloneras junto a todos los finishers, te abrazas a voluntarios, a los organizadores, a otros atletas, todos compartimos un mismo sentimiento, hemos formado parte de una historia: la Transgrancanria®HG 2018.

 

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Canarias es un destino ideal para combinar muchas pasiones juntas: su clima, su gente, sus paisajes, su hospitalidad, su calidez, su gastronomía, sus playas, sus montañas y sus carnavales invitan a descubrir la isla de una forma única, corriendo y disfrutando de un fin de semana de ocio, de aventura tanto para corredores como acompañantes. Además de la impecable organización de Arista Eventos que convierte una carrera muy exigente en una experiencia inolvidable ya que cuida de sus corredores con todo detalle para que cada edición sea un nuevo éxito.

 

Nosotras volveremos, por supuesto, ¿te animas?

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