Road to New York, mi primer Maratón

Yo NO nací para correr, mi cuerpo diría que está más diseñado para el sofá que para el running, pero me acabo de enfrentar a mi primer Maratón.
Rocío Martínez -
Road to New York, mi primer Maratón
Road to New York, mi primer Maratón

Cuando leas estas líneas, yo acabaré de convertirme en maratoniana… espero. Seguro que has visto alguna imagen del maratón más espectacular del mundo, el de Nueva York que se ha celebrado el 1 de noviembre. Pues bien, en medio de esa impresionante marea de 50.000 corredores estaba yo, al menos en la línea de salida. La Gran Manzana fue el lugar que elegí para luchar por el reto deportivo de mi vida, correr un maratón.  Como igual es el único, que sea a lo grande, me dije, ¡a Nueva York! A punto de volar hacia allí, escribo estas líneas. Si tienes curiosidad por saber si he logrado mi sueño y me he colgado la medalla de finisher en Central Park, vete al final de este texto, espero tener aún un poquito de fuerza para contaros mi experiencia. Pero mientras, os cuento cómo ha sido para mí preparar la lucha por conquistar mi primer Maratón.   

Yo NO nací para correr, mi cuerpo diría que está más diseñado para el sofá que para el running, pero oye, en 2011 me subí a unas zapatillas y ya no me he podido bajar de ellas. Y aquí estoy, con una figura que dista bastante del modelo clásico maratoniano (yo tiro más a mullidita y lo de bajar de peso es misión imposible) a las puertas de afrontar el gran desafío deportivo de mi vida... ¡CORRER UNA MARATÓN! Y es que entre que no tengo muchas virtudes atléticas y que en 2014 me informaron de que mis dolores de rodilla se debían a que no tengo así como mucho cartílago, dije, pues, tiene que ser pronto y a lo grande, así que, el 1 de noviembre, ¡a conquistar la Gran Manzana!

¿Y por qué? Pues eso mismo me pregunto yo aproximadamente uno de cada dos días de entrenamiento: Rocío, ¿quién te manda a ti meterte en este berenjenal con lo a gustito que estás corriendo un par de medias al año, entrenando tus treinta y pico kilómetros a la semana, saliendo a correr sólo cuando te apetece...? porque ahora, son casi 60km, cuatro días, sí o sí, y uno más al gimnasio, ¡ay, el gimnasio, qué poco me gusta...pero chicas, es un must! Y lo confieso,  TENGO MIEDO, miedo a no terminarlo, miedo al post maratón, miedo al sufrimiento, al dolor, a lesionarme antes de llegar, a querer abandonar... básicamente a todo, pero LA ILUSIÓN es mucho más fuerte que el miedo.

 

Y es que por muchas dudas que tenga, sé por qué estoy embarcada en esta aventura y no me la perdería por nada del mundo. Porque cruzar algunas líneas de meta forma parte de los mejores recuerdos de mi vida. Por ejemplo, la San Silvestre Vallecana de 2011, mi primer 10K. Sólo llevaba cuatro meses corriendo, y aquel día descubrí que mi amor por el running iba a ser eterno. Yo, que durante la primera mitad de mi vida (tampoco hace falta concretar la cifra, pero ya no soy una niña:) no tenía ni chándal, más allá del de la clase de gimnasia, me creía incapaz, pero lo logré. Y fui feliz y decidí que quería más.

Y en 2013 en la Rock 'N' Roll Madrid Maratón terminé mi primera media maratón y recuerdo aquel momento entrando en el Retiro y aplaudiendo después a los maratonianos como uno de los más felices de mi vida. Y no exagero. Conseguir algo que para mí dos años antes hubiera resultado impensable me dio autoestima, confianza en mí misma. Y aquel día tomé la decisión, algún día intentaría emular a Filípides. Y ese día está a la vuelta de la esquina. Y  mis piernas me siguen diciendo muchas veces que dónde voy, que esto no es lo mío. Y lo sé, conozco mis limitaciones, infinitas, y tengo dolores, y muchos días me cuesta entrenar, pero también sé que he conseguido retos que ni soñé, que ahora, aunque malísima, SOY DEPORTISTA.

Y a punto de afrontar el desafío deportivo de mi vida, echo la vista atrás y ya no recuerdo esas mañanas de madrugón, esos días en los que me costaba calzarme las zapatillas, días en los que despertarme y pensar que tenía que entrenar y después ir a trabajar te agotaba sólo de pensarlo. Hoy, todo ese esfuerzo me hace sentirme orgullosa de mí misma, de mi fuerza de voluntad. El camino hacia el maratón forma parte de él y a pesar del esfuerzo, puedo decir que lo he disfrutado.

La gran duda del aspirante a convertirse en maratoniano es responder a una pregunta: ¿cuántos kilómetros tengo que entrenar cada semana? Confieso que creo que llego justa de kilómetros. En los tres meses previos al maratón habré hecho una media de 55 a la semana. La semana que más, 65, y mi tirada más larga, 28, en tres horas por la Casa de Campo. A este dato añado que es un ritmo de terminar el maratón en 4:30. Porque otra cosa que debo contar es que me he pasado los últimos tres meses haciendo cálculos de ritmos y de tiempo para terminar el maratón.  Aunque la verdad es que no me importa la marca, sólo quiero cruzar esa línea de meta, en el tiempo que sea. Porque a veces dudo, tengo miedo, tengo amigos que entrenan 90 o 100 kms y muchas veces pienso que no he entrenado lo suficiente. Como guía de entrenamiento, he seguido, más o menos, el plan que cada dos semanas me enviaba SportTravel, la agencia con la que voy al maratón de NY, y los consejos de mi chico, él ha terminado cuatro maratones y me insiste en que así lo estoy haciendo bien.

Lo que he hecho se resume en un día de series de 1.500 o 2.000, unas cuatro aproximadamente, con calentamiento previo y post, dos días de rodaje entre 10 y 15 kilómetros y el domingo tirada larga, para mí en torno a 20-21. Sólo dos veces he pasado esta distancia. Cuatro semanas antes, 28 y otro día, 23. El quinto día es para el gimnasio, las sentadillas y yo nos hemos hecho muy amigas y creo que ha merecido la pena. Pido perdón a las abdominales porque sé que no les he prestado la atención que merecían, pero mis rodillas exigían unos cuádriceps dignos y en ellos me he centrado. Durante un tiempo mi estado de whastapp fue “Operación cuádriceps de acero, Road to NY” En cuanto a la alimentación, nada especial, tan sólo intentar comer bien, de todo, apenas probar el alcohol y poco más. La verdad es que no he hecho muchas renuncias en este sentido, aunque sí me he cuidado un poco más de lo habitual. Pero bueno, que tampoco me gano la vida corriendo y a mí, comer, pues oye, me gusta.

Con esta preparación he logrado mi primer objetivo, no llegar lesionada. Estaré en la línea de salida del que es, como dice mi amigo Alberto Hernández, el mayor evento deportivo del mundo en el que puedes participar siendo deportista popular. Veo imágenes y leo cosas de la maratón de Nueva York que me ponen los pelos de punta, toda una ciudad volcada animando a los corredores. Y voy a intentarlo, con todas mis fuerzas, con mis incipientes cuádriceps (después de cuatro años corriendo, empiezan ahora a dibujarse) con mis miedos, con mi esfuerzo, con mis dudas, con mis miedos (¿o esto ya lo había dicho?) Y a pesar de que es duro, porque no nos engañemos, lo es, el camino está siendo apasionante, y que me perdone la gente que me conoce, porque me paso el día hablando de la maratón de Nueva York. No es fácil estar al lado de una aspirante a maratoniana pero sé que me quereís tal y como soy.

Pase lo que pase, sólo el hecho de intentarlo me hace sentirme muy orgullosa de mí misma (sé que esto ya lo he dicho, pero así me siento). Veo la admiración en los ojos de la gente a la que le cuento mi reto, ponerme un dorsal e intentar correr 42,195 kms, y especialmente en los ojos de quien me conoce y sabe mi historial no-deportivo.  Yo verlo, lo veía todo, pero practicar, pues no era lo mío. Y mírame ahora, convencida de que el deporte cambia vidas, la mía la ha cambiado… a mejor.

Siempre digo que los beneficios de correr son más importantes a nivel psicológico y anímico incluso que a nivel físico... que, ojo, también. Físicamente me siento mejor que nunca y, dentro de mis posibilidades, hasta me veo más guapa. Correr  me ha dado felicidad, y ha traído a mi vida a muy buena gente, como los Drinking Runners, con algunos de ellos comparto reto neoyorkino. Con uno de ellos, Víctor, comparto kilómetros… y vida. Y es que por traerme, el running me ha traído hasta el amor. Porque en este Road to NY él se cruzó en mi camino. De alguna forma pienso que haber tenido la valentía de intentar correr un maratón ha hecho que la vida me premie con el mejor regalo. Y estaba claro que tenía que ser runner. No puedo describir lo que significa para mí compartir esta pasión con él, lo que ha significado tenerle a mi lado en los entrenamientos, marcándome el ritmo, animándome,diciéndome que lo voy a conseguir y hasta viniéndose conmigo a Nueva York para estar a mi lado en el reto deportivo de mi vida. Sólo diré que escribo estas líneas con lágrimas en los ojos y no puedo parar. Preparar un maratón es algo muy emocionante. Desde luego, y a pesar de este cuerpo más diseñado para el sofá que para el running, lo voy a intentar con toda mi alma, quiero esa medalla y voy a luchar por ella. Sólo intentarlo me ha hecho sentir tantas cosas, que ya ha merecido la pena.

Pues sí, lo he conseguido, soy maratoniana!!! finisher del maratón de Nueva York y eso me hace pensar que soy capaz de conseguir cosas que ni soñaba estaban a mi alcance. Una lección que voy a intentar aplicar a cada faceta de mi vida. Para mí este maratón era mucho más que una carrera, era una prueba de confianza en mí misma. Hoy soy más fuerte, así me siento. Y emociona recibir tantas felicitaciones de tu gente y de los desconocidos con los que me cruzo por NY con mi medalla al cuello. No sé si alguna vez volveré a sentir corriendo la emoción que sentí recorriendo las calles de una ciudad volcada con su maratón. Gracias neoyorkinos. Fueron muchos los momentos en los que las lágrimas de emoción afloraban a mis ojos. Pero descubrí que no se puede llorar y correr al mismo tiempo, así que lo dejé todo para el final, para cuando crucé la línea de meta de la mano de mi maratoniano, mi amor, Víctor, que no me dejó sola ni un metro, que me animó en los momentos duros, que siempre confió en que lo conseguiría. Y lo logré, y me acordé de los kms de entrenamiento, del miedo a no poder, de mis padres, que me enseñaron que con trabajo todo se logra, y de mi hermana Leticia, siempre ahí y de la fuerza que tenemos las mujeres. Y rompí a llorar de FELICIDAD. Y si yo he podido , tú también puedes. Y no te engañaré, los últimos 7 kilómetros fueron duros, los últimos 3 muy duros, pero los ánimos de la gente de NY y los que llevaba conmigo me dieron energía para terminar. Un día después, de cintura para abajo me duele casi todo pero ando orgullosa con mi medalla, feliz por compartir esta aventura con un grupo de gente maravillosa, los Drinkingrunners, con mi gran amiga Lourdes, también finisher y con el amor de mi vida.  4:41:20 horas que recordaré siempre como algunas de las horas más felices de mi vida. 

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