Runners por el mundo: la costa de Francia

Este un artículo lo escribí el verano pasado, mientras vivía en París. Salía todos los fines de semana a correr o hacer senderismo de tiradas muy largas. Sola, con la mochila, un mapa y muchas ganas.
Laura Rey -
Runners por el mundo: la costa de Francia
Runners por el mundo: la costa de Francia

Bienvenidos a París!

La ciudad del… amor? Para mí, a los pocos días, se convirtió en la ciudad en la que salir a correr (si vives en Montmartre) es todo un reto que pasa por:

- Coches que se saltan los pasos de cebra

-Peatones que fuman sin cesar y, si te descuidas, te echan la ceniza encima

-Parques enanos o demasiado lejos del centro como para ir por la tarde después de trabajar

Solución? Francia es una maravilla de país! Llena de senderos con cientos de km por los que igual puedes hacer bici que senderismo o entrenar para un ultra trail! Primer destino: Boulogne sur mer. Tras mirar un poco el mapa de Francia, decido que quiero correr por la costa, para aprovechar el verano. Hago una búsqueda rápida en google para ver si hay algún sendero largo e interesante y en seguida me topo con el GR 120, que cuenta con mas de 100 km por el litoral! Para un día, me sobra sendero. Allá voy!

Me cojo el tren desde París el sábado por la mañana, llego a Boulogne sobre las 13h y me viene a recoger Jeanne a la estación. Jeanne es una mujer encantadora, la propietaria del estudio en el que me voy a alojar el sábado por la noche. Sabe que llego sola y en tren y se ha ofrecido a recogerme e indicarme rápidamente los lugares de interés del pueblo (que tengo pensado visitar el domingo; hoy QUIERO CORRER).

Llego al estudio, me cambio, lleno el depósito de agua, me pongo mi mochila a la espalda con un pequeño bocadillo dentro y LISTA! Lista? NO me he traído calcetines! Pretendo hacer unos 30 km de carrera y marcha así que los calcetines van a ser esenciales para no tener ampollas y rozaduras… Me pienso un poco qué hacer y decido que hace demasiado buen día y yo tengo demasiadas ganas de correr como para cambiar de plan, así que me pongo las deportivas con los pies descalzos y a la calle! (Y esto no es ni mucho menos una recomendación! Fue sólo fruto de las ganas que tenía de recuperar esa sensación de libertad que experimento cuando corro).

Para llegar al principio del GR120, hay que atravesar el pueblo, así que decido pasar por una calle principal esperando que haya alguna tienda abierta (son las 14h y en Francia eso significa que muchas habrán cerrado).

Al final; si las cosas tienen que salir y si tu tienes ganas de que salgan: salen. Encuentro una tienda de deporte y además tienen calcetines de correr en oferta… si es que hoy es mi día de suerte! Salgo del pueblo en dirección hacia la playa, paso la playa y aun no encuentro el inicio del sendero. Decido empezar a correr de todas maneras y cojo la carretera que sube pegada al litoral (hay una pequeña acera).

Cuando termino de subir la primera cuesta, me encuentro un pequeño camino hacia la derecha y una mujer con varios caballos en una especie de recinto cerrado de madera, le pregunto si ese es el GR120 y me dice que si… yuhu! El sendero es relativamente incómodo. Está pensado para hacer senderismo, no carrera, por lo que hay zonas muy estrechas, con terreno muy irregular y tramos con bastante arena (vamos, que puedes meter el pie hasta la rodilla fácil). Aun así, nada me quita la sonrisa de la cara. Me paro cada dos por tres para hacer fotos de la costa "No socks for me" y de toda la naturaleza que hay ante mis ojos. Después de llevar tanto tiempo encerrada en la ciudad, esto para mí es el paraíso!

Llevo casi 15 km corriendo y partiéndome de risa cada vez que me quedo enterrada en la arena y por fin llego al pueblo que me había planteado como destino. La verdad es que no he tardado mucho y aún quedan muchas horas de luz, así que me da por pensar 'pues corro hasta las 5 pm y luego ya me doy la vuelta… hoy sólo quiero correr!' y sigo. Alrededor de los 24 km, empiezo a estar relativamente cansada (he de reconocer que no he comido nada y sólo estoy bebiendo agua).

Como estoy justo llegando al siguiente pueblo, decido pararme en su playa a comer. Antes de llegar, cuando no estaba segura de si podía reírme más con mis tropiezos y ser más feliz corriendo al aire libre (POR FIN), me encuentro ESTO:

Aunque en la foto cueste verlo, es una especie de barco pirata 'casero'. Era difícil hacer una selfie y que se viera todo, pero me fue imposible no hacerme una! Decidido: esta es mi playa, la playa pirata. Me paro un poquito más abajo (para hundirme bien y de verdad en la arena), repongo fuerzas y me tumbo a leer un ratito (sí, en mi minimochila también va un libro… hoy el día va de mimarse y disfrutar!). A la hora de estar leyendo, me empiezo a quedar bastante fría (sol, lo que es sol… no hace; viento mucho), así que me pongo en marcha porque además tengo 24 km de vuelta! Y no, no soy maratoniana. Nunca he corrido una maratón, pero sí he hecho tiradas muy largas de senderismo en montaña y además no tengo ni prisa ni presión. Motivación, toda y más. 

A la vuelta, veo un sendero que se mete hacia el interior y que tiene bastante buena pinta. No tengo muy claro dónde me va a llevar pero creo recordar que lo he visto indicado cerca de Boulogne… así que la salida debe de estar ahí y yo siempre hago caso a mi intuición (y a mi mapa, que va pegadito a mí). 

Después de otros 24 km, algunos corriendo y otros andando, llego por fin a Boulogne. Perfect timing porque está empezando a llover. Me meto en casa, me doy una ducha calentita y después de mi sesión de yoga, me siento a cenar viendo una peli. Estoy agotada, me duelen hasta las pestañas y no tengo claro hasta qué punto mi locura por retarme se me ha ido esta vez de las manos… pero sobre todo, me siento mejor que nunca. Libre, exhausta, completa… siento que soy capaz de hacer lo que me proponga y además, de disfrutar del camino.

Salir a correr no es sólo salir a ponerte en forma… es mucho más. Es salir a conocerte, a saber hasta dónde puedes llegar y, muchas veces, es salir a sorprenderte y demostrarte que llegas mucho más lejos de lo que tú nunca hubieras pensado. Desde luego que siempre hay días buenos y días malos, días en los que te duele tanto algo que no puedes dar un paso más (yo en particular tengo dos roturas de fibras en los isquios y hay días en los que me duele hasta andar) y días en los que bates tu mejor marca sin darte cuenta. Pero al final lo importante no es cuantos km corras o en cuánto tiempo termines, lo importante es que para llegar hasta cualquier objetivo, hay que aprender a disfrutar del camino.

Y Sendero hacia Boulogne...? para mí hoy, el camino ha sido un regalo. Porque como digo yo: sin ladera no hay cima, así que aprovecha las vistas también mientras subes...

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