Sonia Bejarano ¿Por qué empecé a correr?

Sonia Bejarano Sánchez nos cuenta por qué empezó a correr. Es atleta internacional en 10.000m, 5.000m y cross. Ha sido más de 20 veces internacional con RFEA, 6 medallas internacionales, 8 medallas nacionales absolutas, recordwoman nacional sub-23 en 5000m.
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Sonia Bejarano ¿Por qué empecé a correr?
Sonia Bejarano ¿Por qué empecé a correr?

¿Por qué empecé a correr?

Con 8 años ya sabía que me gustaba correr. No me preguntéis por qué. No creo que ningún niño de esa edad necesite razonar y argumentar por qué le gusta hacer una actividad. Simplemente le gusta hacerla y la hace. Así, yo corría alrededor de las pistas de tenis mientras mis padres jugaban, hasta que un día mi padre me llevó a la pista de atletismo de Cáceres para entrar en un grupo de entrenamiento. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me comunicaron que era aún muy pequeña para seguir entrenamientos dirigidos y tendría que esperar al menos, un par de años. A pesar de mi acentuada timidez durante mi niñez, me atreví a presentar oposición ante tal decisión señalando y explicando que veía a otra niña de mi edad con un grupo que entrenaba en la pista. No hubo excepciones y la vuelta a casa la hice cabizbaja. Por un tiempo me olvidé del tema aunque seguía practicando deporte y saliendo a la montaña. Con 11 años, en esa edad crítica donde las niñas empiezan a madurar, yo no lograba entender actitudes y comportamientos de mis amigas y así sin más, mientras volvía a casa antes del toque de queda, decidí que haría algo por mí misma, sin tener que adaptarme a  planes que no me gustaba seguir y sin tener que convencer a una mayoría para poder hacer algo interesante. Así fue como me propuse y decidí firmemente empezar a correr y, con una sonrisa, me sentí satisfecha, pues era una decisión que solo dependería de mí.

Por supuesto, la decisión tomada no sería tan fácil de ejecutar. Tenía 11 años y una hermana mayor y una madre que se preocupaban mucho por mí. El único en el que podía apoyarme para salirme con la mía, era mi padre que trataba de que me dieran algo de vía libre. Quizás fuera algo raro que, con esa edad tan temprana, aprendiera a gestionar el tiempo como nadie. Recogía rápido los libros después de clase, iba a casa casi sin entretenerme con mis amigas y me cambiaba en un santiamén de ropa para tener tiempo de salir a hacer mi circuito urbano y disponer de margen suficiente para ducharme, merendar algo e ir a clases de inglés.

Medía el tiempo con un reloj de aguja que me regalaron en mi primera comunión. Ya entonces me fastidiaba que corriera el tiempo cuando tenía que parar en los semáforos y en función de cómo me sintiera de cansada acortaba el recorrido o lo hacía completo. El completo creo que me llevaba casi 40´, 37´si tenía suerte con los semáforos y estaba inspirada y entre 25-30´ el que lo hacía acortando.

En aquella época no entendía de frío. Salía siempre con culote corto pues iba a hacer deporte. A lo sumo me ponía una chaqueta de chándal en invierno. Lo peor era cuando tenía que convencer a mi hermana de que me dejara salir. Era una época un poco alarmista entre los secuestros de niños y el bombardeo de noticias sobre anorexia, todo eso hacía truncar mis planes. Salía a correr unas 3 veces por semana y el fin de semana siempre hacía tenis, salía con la bici de montaña o iba con mi familia a caminar al monte.

Por supuesto, mis salidas en solitario solo duraron 1 año. Mi padre me apuntó a una escuela de atletismo de verano (a las que yo, ya no quería ir), sin embargo, me obligó a ir bajo la condición de dejarlo si no me gustaba; pero tenía que ir y probar. Fue entonces cuando me reuní con mi primer entrenador, Nacho Pérez, y poco a poco fui dejando más cosas para dedicar más tiempo a mi pasión, que, con el paso de los años, aún sin quererlo o tenerlo premeditado, se ha convertido finalmente en mi profesión y en la actividad prioritaria en mi forma de vida a mis 34 años. 

A partir de ahora os contaré mis experiencias y carreras en Runner´s Woman.

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