¡Vence el “no puedo más”!

Trucos mentales cuando seguir corriendo cuando tu cabeza te pide parar
Brad Stulberg -
¡Vence el “no puedo más”!
¡Vence el “no puedo más”!

Si deseas correr una carrera lo mejor posible, no hay manera de evitarlo: algo vas a sufrir. La capacidad de sufrimiento controlada, al final es lo que te permite hacer la mejor carrera posible. Llevar un poco más allá tus límites es lo que te hará progresar para que tu cuerpo se vuelva más eficiente.

Las investigaciones demuestran que el cerebro puede “apagar” tu cuerpo cuando todavía tienes mucho más que aportar: En los estudios de la Universidad de Ciudad del Cabo en Sudáfrica, se les pidió a los los participantes realizar ejercicios de alta intensidad durante el mayor tiempo posible. Cuando se rindieron, los investigadores estimularon sus músculos que se contrajeron con gran fuerza.

Samuele Marcora, director de investigación de la Universidad de Deporte y Ciencias del Ejercicio en Inglaterra, dice que mientras corremos, el cerebro equilibra “nuestra percepción del esfuerzo con nuestra motivación para tener éxito.” Si cambiamos la forma en que percibimos el esfuerzo y / o aumentamos la motivación, podemos rendir más

 

Recuerda los sacrificios que has hecho para llegar hasta ahí

Cuando el dolor aparece realmente en el ultrarunner Dylan Bowman, él cambia su enfoque y “tira de motivación.” Lo hace pensando en todos los sacrificios que ha hecho para llegar: privarse de esas ricas cenas de pizza en abundancia y cerveza, restar tiempo a su pareja con el fin de entrenar, gastar sus ahorros en viajar al lugar de la carrera. “He terminado carreras que no creía que iba a terminar por pensar en todas las cosas que he renunciado”, dice Bowman. “Es una locura cómo responde mi cuerpo cuando hago esto.”

También ayuda a ver lo preparada que estás el recordar todos los entrenamientos realizados antes de la carrera, así verás las ocasiones en que te has arrastrado a ti misma fuera de la cama o mientras estabas cómodamente en el sofá. Recordar esos momentos cuando empiezas a sufrir en carrera provocará en tu cuerpo el efecto contrario al agotamiento. Una estrategia similar puede ayudarte también en los entrenamientos duros.

 

Siéntete una privilegiada

Karl Meltzer, quien el año pasado estableció el récord de velocidad para el medio-senderismo el sendero de los Apalaches, nos cuenta que su secreto para el manejo el dolor está “en pesar lo afortunado que soy de estar aquí haciendo esto “. A lo largo de su caminata, Meltzer agradeció deliberada y repetidamente a su equipo de apoyo. “Siendo agradecido”, dice, “siempre salen las cosas mejor”.

Meltzer está en lo cierto: De acuerdo con Emiliana Simon-Thomas, directora científica de la Universidad de Ciencias de California en Berkeley, cuenta que el agradecimiento es eficaz porque “ayuda a las personas a pasar de estar excesivamente concentrados con un punto de ansiedad a un estado más optimista y contenta”. Y el optimismo, dice, “abre la posibilidad a un resultado positivo, que de por sí es muy beneficioso.”

De hecho, dos estudios publicados recientemente encontraron que la realización de actos de agradecimiento y reflexión sobre todo lo que tienes que agradecer da lugar a cambios positivos en cómo los sujetos experimentaron esfuerzo y sacrificio.

Cuando las cosas se ponen difíciles, reflexiona sobre las personas o las circunstancias que han contribuido a estar ahí en ese momento. Por ejemplo: tu pareja, porque él o ella cuida de la familia mientras estás entrenando; tu cuerpo, porque te permite realizarlo; tu entrenador, porque se preocupa por ti cada día. Aún mejor, cuando pases por los puestos de avituallamiento de la carrera, sonríe y agradece a los voluntarios, Simon-Thomas dice que la gratitud es más potente cuando se comparte verbalmente con los demás.

 

Medita

Hay un creciente evidencia que sugiere que la meditación de sólo ocho semanas puede inducir cambios estructurales en la parte del cerebro relacionada con la autorregulación. Esto ayuda a gestionar nuestra respuesta a estímulos altamente emocionales, como el dolor. Brandon Rennels, un maestro de la meditación en el Instituto de Liderazgo en San Francisco, dice que la meditación ayuda a distinguir entre las molestias físicas y su respuesta emocional a ella. “El dolor es bastante malo, pero la ansiedad unida al dolor, a veces, puede ser aún peor.”

Para ver cómo sucede esto, los investigadores de la Universidad de Wisconsin escanearon los cerebros de los novatos y expertos meditadores mientras se aplicaba una sensación de dolor de sus piernas. Al principio, ambos grupos experimentaron un aumento de la actividad en la ínsula anterior, una parte del cerebro vinculada a la percepción del dolor. A continuación, se mantuvo la actividad cerebral aumentada en las ínsulas anteriores de los meditadores novatos, mientras que disminuyó rápidamente en las de los expertos. Era como si los meditadores expertos eligieron no participar en los patrones de ansiedad que a menudo hacen que el dolor se sienta peor.

Rennels recomienda que los principiantes en meditación comiencen con un minuto al día y poco a poco aumenten la duración, llegando hasta 15 a 20 minutos al día. El tiempo lo es menos importante que la consistencia. Medita, siéntate cómodamente en un lugar tranquilo, ponte un despertador para la duración deseada, y céntrate en la sensación de la respiración. Si te surgen pensamientos, dirige tu atención de nuevo a tu respiración.

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