Gira tu pantalla para ver Runner´s World

Hernán Silván: "la medicina manual está muy desarrollada en otros países"

Correr no es de cobardes.
Hernán Silván: "la medicina manual está muy desarrollada en otros países"
Hernán Silván: "la medicina manual está muy desarrollada en otros países"
22/11/2013 - Alejandro Calabuig

Fue un brillante atleta capaz de correr un medio maratón en una hora y tres minutos, pero decidió apostar por la medicina deportiva en lugar de seguir la estela de algunos de sus compañeros de generación, que acabaron siendo olímpicos en el maratón de los juegos de Barcelona '92. Las espaldas de miles de personas agradecen hoy esa sabia decisión del doctor Hernán Silván, un médico prestigioso que en 2010 recibió el premio Hans-Heinrich Reckeweg, el mayor reconocimiento mundial dentro del campo de la medicina biológica. Silvá acaba de publicar su libro “Correr no es de cobardes”, demostrando (una vez más) que es un hombre polifacético y sorprendente. El éxito ha llamado a su puerta tras veinticinco años de carrera profesional y Runner’s World quiere mostrarte este mes la cara más oculta del genio de Almorox.

Hernán, aunque eres muy conocido en el mundo del atletismo, comenzaste a hacer deporte practicando fútbol, como tantos chicos en España. ¿Qué imágenes perduran en tu mente de aquellos años?

Recuerdo que en 1976 trajeron unas porterías de fútbol a mi colegio, para que jugáramos al fútbol 7 y así comencé a hacer deporte. Fue todo un acontecimiento en mi pueblo, Almorox (Toledo). Yo tenía doce años. Jugaba al fútbol y al baloncesto, pero nunca había corrido. Un día, mi profesor, don Manuel Maroto, me dijo que necesitaba dos chicos para completar el equipo de cross que iba a acudir al campeonato comarcal. Corrí en Portillo y gané, aunque yo iba en calidad de sustituto proveniente del fútbol.

¿Qué tal te defendías con el balón?

En fútbol 7 jugaba de defensa central, era el capitán, y vivía tranquilo. Mis problemas surgieron en fútbol 11, ya que yo era lateral y siempre estaba corriendo la banda, muy adelantado, y nadie cubría mi zona en defensa. En partidos contra equipos de pueblos cercanos, con los que había mucha rivalidad, nos metieron varios goles por culpa de mis trastadas. Mi profesor, a la primera oportunidad que tuvo, me apuntó a un cross. Para mí fue una sorpresa ganar, porque no había corrido jamás. Sí que había caminado mucho de pequeño por prescripción médica, tras unos problemas de salud, pero no esperaba un triunfo corriendo sobre el barro.

¿Y en qué momento te enganchas a correr más en serio?

Después de la victoria que te comentaba fui al campeonato provincial de campo a través, en Torrijos, y quedé tercero. Un profesor de la Escuela de Magisterio de Toledo se acercó a  preguntar por mí a uno de los maestros de mi pueblo, ya que quería proponerle a mi padre que yo ingresara en su escuela de atletismo. Este profesor era Martín Velasco. Mi padre aceptó y me llevaba los sábados por la mañana a la Escuela Central de Educación Física de Toledo. Allí aprendí las nociones básicas del atletismo, gracias a Martín Velasco, que nos entrenaba de manera desinteresada, por amor al atletismo. Como agradecimiento, mi padre, que tenía frutería y pescadería, me daba el mejor pescado y yo se lo llevaba a Martín, que se enfadaba porque decía que él no quería nada a cambio. Era una persona muy íntegra que transmitía unos valores especiales.

¿Con qué atletas coincidiste gracias a Martín Velasco?

El más importante fue José Luis González. También conocí al que ahora es el mejor entrenador de España, Antonio Serrano, discípulo de Martín, y que ha afinado perfectamente su método. Cuando yo estaba estudiando primero de Medicina en el Colegio Mayor Cisneros, Martín manda a Antonio a Madrid, para que entrene conmigo. Hacíamos muchos rodajes juntos. Conmigo aprendió a rodar más rápido.

Aunque corríais tanto o más que los deportistas de hoy en día, vuestro atletismo era mucho más amateur, ¿no?

Sí. Cuando yo estaba en el grupo de Martín, los grandes (Romera, Montero, Ortega, Gaytan) no tenían mánager. El cambio lo dio Miguel Ángel Mostaza, que empezó a representar a José Luis González.

Sigue contándonos tu evolución en las categorías juvenil y júnior…

En 1978, en un cross en Getafe, me encontré con unos amigos de Toledo que me dijeron que estaban haciendo un equipo, el Club Atletismo Toledo. Querían que yo corriera con ellos, pero mi padre había contactado con un amigo pescadero que le dijo: “Tu hijo tiene que entrenar con el entrenador de mis hijas: Luis González Cabanach”. Luis era una persona muy metódica, un genio, y yo durante unos años no fui fiel a Toledo y me quedé en el equipo de Móstoles. Allí conseguimos proclamarnos subcampeones de España de cross dos años seguidos y aprendí mucho. Por cierto, ese amigo de mi padre era el padre de Dunia Martín, la magnífica entrenadora de Ángel David Rodríguez “El Pájaro”. Con ella mantengo una buena amistad desde esos años.

¿Conseguiste ser campeón de España de cross más tarde?

Sí, de júnior de segundo año volví al Club Atletismo Toledo y quedamos campeones de España de campo a través, por delante del Valencia de José Manuel Albentosa, Antonio Pérez Perales, Paco Ribera, Cruañes, etc. En mi equipo, en categorías inferiores, estaban Julio y Fernando Rey. Yo era el único del club que entrenaba con Martín Velasco.

¿Combinabais el cross con la pista?

Claro. En categoría júnior, en los 5.000 metros, el mejor era Albentosa seguido por Pere Arco. Luego había un grupo, en el que estaba yo, y todos rondábamos los 14 minutos. Para que os hagáis una idea del nivel, Pere Casacuberta estaba un escalón por debajo de nosotros y al año siguiente se proclamó campeón del mundo de cross, en 1983.

¿También corríais en pruebas de ruta?

Yo hacía básicamente cross, y cuando acababa el campo a través, de abril a julio, hacíamos pista. Luego había una parte clandestina, que era la ruta. Nuestros entrenadores nos prohibían participar en ese tipo de pruebas que tenían lugar entre mediados de julio y mediados de septiembre, ya que querían que en verano descansáramos, trotáramos suave, practicáramos otros deportes e incluso que acudiéramos a alguna concentración en Gredos.

Imagino que no hacíais ni caso a estas prohibiciones…

Efectivamente, todos corríamos pruebas populares. La ruta no existía en esa época, salvo en los pueblos. Había carreras que iban de los cinco a los siete kilómetros, aunque las llamaban “maratones populares”. Recuerdo que el 15 de agosto siempre coincidían varias pruebas. Un año gané en tres sitios el mismo día, en Escalona, Almorox y Sotillo de la Adrada. Otro año gané en Almorox y en Sotillo y fui segundo en Pelayos de la Presa. Las carreras eran a las nueve, las once y la una. Corríamos, pero se lo ocultábamos a los entrenadores.

¿Había premios en metálico en las populares?

No, tenías la honrilla de ganar al del pueblo de al lado y te llevabas una copa. Mi gran rival era Carlos García, de Cadalso de los Vidrios, que ganaba en mi pueblo y yo en el suyo. Carlos era un magnífico atleta, capaz de ser noveno en un campeonato de España de cross, tras Prieto, Esparcia, Álvarez Varela y compañía. Además es una persona estupenda y un amigo. Ahora entrena a chicos junto con la hermana de Luis Miguel Martín Berlanas, y realiza un excelente trabajo.

Fue un brillante atleta capaz de correr un medio maratón en una hora y tres minutos, pero decidió apostar por la medicina deportiva en lugar de seguir la estela de algunos de sus compañeros de generación, que acabaron siendo olímpicos en el maratón de los juegos de Barcelona '92. Las espaldas de miles de personas agradecen hoy esa sabia decisión del doctor Hernán Silván, un médico prestigioso que en 2010 recibió el premio Hans-Heinrich Reckeweg, el mayor reconocimiento mundial dentro del campo de la medicina biológica. Silvá acaba de publicar su libro “Correr no es de cobardes”, demostrando (una vez más) que es un hombre polifacético y sorprendente. El éxito ha llamado a su puerta tras veinticinco años de carrera profesional y Runner’s World quiere mostrarte este mes la cara más oculta del genio de Almorox.

Hernán, aunque eres muy conocido en el mundo del atletismo, comenzaste a hacer deporte practicando fútbol, como tantos chicos en España. ¿Qué imágenes perduran en tu mente de aquellos años?

Recuerdo que en 1976 trajeron unas porterías de fútbol a mi colegio, para que jugáramos al fútbol 7 y así comencé a hacer deporte. Fue todo un acontecimiento en mi pueblo, Almorox (Toledo). Yo tenía doce años. Jugaba al fútbol y al baloncesto, pero nunca había corrido. Un día, mi profesor, don Manuel Maroto, me dijo que necesitaba dos chicos para completar el equipo de cross que iba a acudir al campeonato comarcal. Corrí en Portillo y gané, aunque yo iba en calidad de sustituto proveniente del fútbol.

¿Qué tal te defendías con el balón?

En fútbol 7 jugaba de defensa central, era el capitán, y vivía tranquilo. Mis problemas surgieron en fútbol 11, ya que yo era lateral y siempre estaba corriendo la banda, muy adelantado, y nadie cubría mi zona en defensa. En partidos contra equipos de pueblos cercanos, con los que había mucha rivalidad, nos metieron varios goles por culpa de mis trastadas. Mi profesor, a la primera oportunidad que tuvo, me apuntó a un cross. Para mí fue una sorpresa ganar, porque no había corrido jamás. Sí que había caminado mucho de pequeño por prescripción médica, tras unos problemas de salud, pero no esperaba un triunfo corriendo sobre el barro.

¿Y en qué momento te enganchas a correr más en serio?

Después de la victoria que te comentaba fui al campeonato provincial de campo a través, en Torrijos, y quedé tercero. Un profesor de la Escuela de Magisterio de Toledo se acercó a  preguntar por mí a uno de los maestros de mi pueblo, ya que quería proponerle a mi padre que yo ingresara en su escuela de atletismo. Este profesor era Martín Velasco. Mi padre aceptó y me llevaba los sábados por la mañana a la Escuela Central de Educación Física de Toledo. Allí aprendí las nociones básicas del atletismo, gracias a Martín Velasco, que nos entrenaba de manera desinteresada, por amor al atletismo. Como agradecimiento, mi padre, que tenía frutería y pescadería, me daba el mejor pescado y yo se lo llevaba a Martín, que se enfadaba porque decía que él no quería nada a cambio. Era una persona muy íntegra que transmitía unos valores especiales.

¿Con qué atletas coincidiste gracias a Martín Velasco?

El más importante fue José Luis González. También conocí al que ahora es el mejor entrenador de España, Antonio Serrano, discípulo de Martín, y que ha afinado perfectamente su método. Cuando yo estaba estudiando primero de Medicina en el Colegio Mayor Cisneros, Martín manda a Antonio a Madrid, para que entrene conmigo. Hacíamos muchos rodajes juntos. Conmigo aprendió a rodar más rápido.

Aunque corríais tanto o más que los deportistas de hoy en día, vuestro atletismo era mucho más amateur, ¿no?

Sí. Cuando yo estaba en el grupo de Martín, los grandes (Romera, Montero, Ortega, Gaytan) no tenían mánager. El cambio lo dio Miguel Ángel Mostaza, que empezó a representar a José Luis González.

Sigue contándonos tu evolución en las categorías juvenil y júnior…

En 1978, en un cross en Getafe, me encontré con unos amigos de Toledo que me dijeron que estaban haciendo un equipo, el Club Atletismo Toledo. Querían que yo corriera con ellos, pero mi padre había contactado con un amigo pescadero que le dijo: “Tu hijo tiene que entrenar con el entrenador de mis hijas: Luis González Cabanach”. Luis era una persona muy metódica, un genio, y yo durante unos años no fui fiel a Toledo y me quedé en el equipo de Móstoles. Allí conseguimos proclamarnos subcampeones de España de cross dos años seguidos y aprendí mucho. Por cierto, ese amigo de mi padre era el padre de Dunia Martín, la magnífica entrenadora de Ángel David Rodríguez “El Pájaro”. Con ella mantengo una buena amistad desde esos años.

¿Conseguiste ser campeón de España de cross más tarde?

Sí, de júnior de segundo año volví al Club Atletismo Toledo y quedamos campeones de España de campo a través, por delante del Valencia de José Manuel Albentosa, Antonio Pérez Perales, Paco Ribera, Cruañes, etc. En mi equipo, en categorías inferiores, estaban Julio y Fernando Rey. Yo era el único del club que entrenaba con Martín Velasco.

¿Combinabais el cross con la pista?

Claro. En categoría júnior, en los 5.000 metros, el mejor era Albentosa seguido por Pere Arco. Luego había un grupo, en el que estaba yo, y todos rondábamos los 14 minutos. Para que os hagáis una idea del nivel, Pere Casacuberta estaba un escalón por debajo de nosotros y al año siguiente se proclamó campeón del mundo de cross, en 1983.

¿También corríais en pruebas de ruta?

Yo hacía básicamente cross, y cuando acababa el campo a través, de abril a julio, hacíamos pista. Luego había una parte clandestina, que era la ruta. Nuestros entrenadores nos prohibían participar en ese tipo de pruebas que tenían lugar entre mediados de julio y mediados de septiembre, ya que querían que en verano descansáramos, trotáramos suave, practicáramos otros deportes e incluso que acudiéramos a alguna concentración en Gredos.

Imagino que no hacíais ni caso a estas prohibiciones…

Efectivamente, todos corríamos pruebas populares. La ruta no existía en esa época, salvo en los pueblos. Había carreras que iban de los cinco a los siete kilómetros, aunque las llamaban “maratones populares”. Recuerdo que el 15 de agosto siempre coincidían varias pruebas. Un año gané en tres sitios el mismo día, en Escalona, Almorox y Sotillo de la Adrada. Otro año gané en Almorox y en Sotillo y fui segundo en Pelayos de la Presa. Las carreras eran a las nueve, las once y la una. Corríamos, pero se lo ocultábamos a los entrenadores.

¿Había premios en metálico en las populares?

No, tenías la honrilla de ganar al del pueblo de al lado y te llevabas una copa. Mi gran rival era Carlos García, de Cadalso de los Vidrios, que ganaba en mi pueblo y yo en el suyo. Carlos era un magnífico atleta, capaz de ser noveno en un campeonato de España de cross, tras Prieto, Esparcia, Álvarez Varela y compañía. Además es una persona estupenda y un amigo. Ahora entrena a chicos junto con la hermana de Luis Miguel Martín Berlanas, y realiza un excelente trabajo.


¿Cómo era el material deportivo en los ochenta?

El primer chándal que me regalaron fue de la marca Jucundiano, la marca que precedió a Joma en Portillo. En esa época las marcas eran estas dos y Ferva, todas españolas. Más tarde, cuando estaba en el Móstoles, me calcé unas Karhu que tenían un puntito fosforescente atrás. Para mí eran como un Rolls-Royce. En cuanto a zapatillas de clavos, comprábamos una marca española, Mates, y otra extranjera, Munich. El que tenía una zapatilla de clavos de Munich era especial. Con el frío llegábamos a entrenar con jersey de cuello alto de lana. Y en carreras populares de pueblos corría gente con zapatos o con las zapatillas de tela Tórtola, que eran como una imitación de las Converse.

¿Cómo vives el salto de Almorox a la capital?

Con dieciocho años salgo del pueblo y cambio radicalmente de ambiente por algo especial: el Madrid de los ochenta, el de la movida, con Felipe González de presidente del gobierno y Juan Pablo II de Papa visitándonos. Era una ciudad multitudinaria que me superaba, porque yo vivía en un pueblo de 2.000 habitantes. Empiezo a estudiar una carrera dura, que es Medicina, y comienzo a entrenar por teléfono. En el INEF de Madrid me junto con gente que está en la misma situación que yo. Cada uno llega con su papelito con los entrenamientos y formamos una especie de cooperativa de atletas que nos auto-entrenábamos, comenzando a ser bastante anárquicos. Fidel González, un alumno de Educación Física de León, que se hace llamar entrenador de atletismo, organiza todo nuestro grupo. Ahí están Antonio Serrano, Chema Fernández Atienza, José Pallarés “El Maño” y Pepe Ruano. Al lado teníamos a José Antonio Valledor, Luis Miguel Calderón, etc. Fidel nos trae también a Rodrigo Gavela y formamos una cuadra de atletismo, en la que también está el triatleta Carlos Santamaría. Las otras cuadras eran las de Ballesteros, Julio Bravo, Paco López y Pascua Piqueras. Nosotros éramos el grupo de los desarrapados.

En ese momento comienzan a surgiros las ofertas, ¿no?

Mariano, el dueño de la tienda de deportes Ferrari 44, quiere que llevemos su publicidad en la camiseta y en 1987 formamos un club. En función de nuestros resultados vamos ganando material deportivo e incluso dinero, y cuando surge el Circuito adidas de carreras de 20 kilómetros los miembros de nuestro grupo heterogéneo comenzamos a participar en ellas y a tomarnos la ruta en serio. En mi caso, gracias a los entrenamientos duros en pista que me mandaba Fidel González, pude correr estas pruebas a tres minutos por kilómetro. En 1989 gané los 20km adidas de Zaragoza con 1:01:34, y en los 20km adidas de Madrid no pude ganar porque en el kilómetro dieciséis tuve que pararme a hacer mis necesidades. En los 20km adidas de Barcelona hice mi marca personal, 1:00:10. Me adapté muy bien a la ruta, igual que otros compañeros. De ese circuito tenía que salir el futuro equipo olímpico de maratón de Barcelona ’92.

¿En qué carreras, de las que aún se celebran, participaste con éxito?

Un año quedé segundo español, y quinto absoluto, en la Jean Bouin. En Canillejas llegué a ser tercer español y sexto de la general. En la Carrera del Agua fui segundo, tras Rodrigo Gavela. En la San Silvestre Vallecana Popular quedé segundo tras José María González. Gané dos años las Seis Millas de Tekes, una prueba que ahora es la Carrera de San Antonio de la Florida. Aunque mi carrera favorita de ruta era la Media Maratón Universitaria, prueba que conseguí ganar, igual que el Cross Dólico. Estas dos pruebas eran muy especiales para mí, me sentía corriendo como en casa.

¿Cuándo decides dar el salto a la medicina deportiva?

Para un chico de 24 años es muy bonito ganar carreras. Para poder correr 20 kilómetros a 3:00 cada 1.000, hay que hacer muchos miles a 2:35, recuperando dos minutos, y muchos cuatrocientos a 58, recuperando 30 segundos. Eso genera unas endorfinas particulares, te da un poder, te sientes joven y fuerte, pero tienes que ver más allá. Para mí la medicina era una vocación desde muy pequeñito y decido apostar por ella cuando tenía 25 ó 26 años. Por mi marca de 1:03 en medio maratón estaba en disposición de disputar el primer Mundial de Medio Maratón, en enero de 1991. Luis Miguel Landa habló conmigo tras las pruebas selectivas (las carreras de Canillejas y el CSIC). Había otros atletas muy buenos que también optaban a ir, como Toni Peña o Alberto Juzdado, pero sólo había una plaza. El 8 de enero de 1991 soy yo el que va a ir al primer Campeonato del Mundo de Medio Maratón, en Yibuti, pero tengo la mala suerte de que se suspende cuando George Bush declara la primera Guerra del Golfo. Yo me quedé muy cortado con la preparación y mi grupo de anarquistas del atletismo me propuso que corriera el Maratón de Madrid. Acepté. La primera media la hice en 1:08, bastante tranquilo, y la segunda en 1:18, sufriendo mucho en la parte final, hasta que llegué a meta, mareado, en 2:26. Mi preparación era para medio maratón, nunca había corrido más de 1 hora y 28 minutos seguidos.

Si no te hubieras decantado por la medicina y hubieras preparado a fondo las pruebas de maratón, ¿podrías haber estado al nivel de Rodrigo Gavela y Diego García en los 42,195 kilómetros?

Probablemente sí. Con el que más podía compararme era con Rodrigo Gavela, ya que teníamos un nivel parecido. Siempre corrí al nivel de Rodri, así que es posible que yo hubiera podido estar con ellos.

Afortunadamente para la salud de muchas personas te centraste en la medicina manual. ¿Cómo empezaste la especialización en este campo?

En un curso de masaje conozco a Juanjo Magaña, el masajista de Sandra Myers. Él me anima a profundizar en el tema manual. Yo estaba estudiando Medicina y elijo la especialidad de rehabilitación. Cuando llevo seis meses en Rehabilitación, el jefe del hospital me manda a estudiar a París porque ve que tengo buenas manos y considera que en España no está desarrollada la recuperación funcional activa. Cuando regreso empiezo a tratar a deportistas y llegan los Juegos de Barcelona ‘92, en los que estuve trabajando con atletas olímpicos y paralímpicos. Al año siguiente de los Juegos ya tenía bastante clientela.

¿Y cuándo nace tu Centro de Recuperación Funcional?

El 16 de enero de 1988, en Villa del Prado, en formato gimnasio. Allí iba la propia Sandra Myers. Yo la traté desde 1989, de cara a los Mundiales de Tokio ´91. La recuperé de sus dolencias musculares y tendinosas y consiguió la medalla de bronce en los 400 metros lisos. Era la primera medalla para una atleta española en un campeonato del mundo. En 1994 me vine a la Plaza de España, al Edificio España, en Madrid.

Llevas 25 años trabajando con deportistas. ¿Cómo han evolucionado tus pacientes?

Empecé con deportistas, pero ellos les cuentan a sus familiares y amigos que hay un médico que trabaja con las manos y que recupera a la gente, así que pronto se me llena la consulta de personas de todo tipo. Hoy en día tengo un 50% de deportistas en mi consulta. El otro 50% no practica ningún deporte.

Tus manos son la clave del éxito y desde que comenzaste el tratamiento manual has demostrado su valía. ¿Consideras que has creado una nueva tendencia en España, tras veinticinco años de trabajo?

Me alegro mucho de haber creado, entre comillas, otro concepto de rehabilitación en España. Ahora mismo tenemos un Máster de Medicina Manual en la Universidad Complutense, que va por su cuarta edición, donde formamos médicos rehabilitadores y médicos del deporte en el tratamiento manual. En 2006 la Universidad Complutense aprobó el proyecto que yo traía, con el modelo francés de estudios, y ya hemos formado a unos 180 médicos. El concepto “manos” engancha. Esto es muy antiguo. El médico de Felipe II, Luis de Mercado, enseñaba esto en la Universidad. El huesero, el “compostor”, el curandero del siglo XVI, se han transformado en el médico manual de hoy en día, igual que el barbero se ha transformado en el cirujano. Averroes, en Córdoba, en el siglo XI, le dice a su hijo, que quería ser médico: “Hijo mío, nunca hagas cirugía. Eso es cosa de los barberos”. La Medicina Manual está muy desarrollada en otros países. La recuperación de una lesión se hace con las manos y otras cosas. Aquí hemos pasado de “y otras cosas” a las manos.


Cuéntanos tu experiencia como médico del Valencia Terra i Mar. ¿En qué consistía tu trabajo?

De lunes a miércoles trabajaba en mi consulta de Madrid y el jueves me iba a Valencia y estaba allí hasta el domingo. Contactaron conmigo a través de Paco Tapia y por amistad con él comencé a trabajar en el club Valencia Terra i Mar, con Rafa Blanquer y sus atletas: Niurka Montalvo, Glory Alozie, Yago Lamela, Venancio José Murcia, Elena Córcoles, José Antonio Redolat, Concha Montaner, etc. Los entrenamientos de Rafa eran muy serios y metódicos. Yo tenía que tratar a sus atletas y recuperar sus lesiones, es decir, me encargaba del aparato locomotor y estudiaba sobre la pista posibles incongruencias biomecánicas, junto con Rafa, que tenía un magnífico ojo clínico. Disfruté y aprendí mucho. Estuve con ellos de 1997 a 2002, el año del Europeo de Munich.

¿Qué diferencias hay entre el paciente que es corredor y el resto?

La persona de la calle, en sus actividades de la vida diaria, no genera una necesidad tan grande de estar bien, de estar saludable. El corredor segrega encefalinas, endorfinas, adrenalina y testosterona, que le hacen ser más feliz. Por eso el corredor se plantea, en su fuero interno, “qué será de mí como me falte esto”. Cuanto más tiempo pasa entrenando, el corredor se vuelve más introspectivo y más se chequea constantemente. No se podría hablar de un hipocondríaco puro, pero sí en cierto modo el corredor es una persona muy preocupada por su salud.

¿Cuáles son las lesiones más frecuentes que te encuentras en la consulta?

Sin duda, las tendinopatías y sus variantes. La tendinitis de Aquiles y la tendinitis rotuliana muchas veces vienen de problemas articulares. Con Sandra Myers aprendí que las tendinitis de Aquiles pueden aparecer por problemas de tobillo, como un esguince mal curado, por ejemplo. También he aprendido que las fascitis plantares están muy relacionadas con las tendinitis de Aquiles o con las sobrecargas de gemelos o de la cadena posterior. Las tendinitis rotulianas están muy relacionadas con la desalineación de la rótula. Las deficiencias del cuádriceps hacen que la rótula no circule bien por donde debe, y esa desalineación hace que choque con los huesos posteriores, roce el cartílago y se pierda cartílago. Otra de las consecuencias es la condropatía rotuliana, el desgaste del cartílago, que es una plaga entre los corredores.

Todas estas lesiones y muchas más las has reflejado en diferentes y exitosas publicaciones. ¿Cuántos libros de medicina deportiva has escrito?

Tengo doce ediciones diferentes: cuatro del libro Dolor de Espalda y su tratamiento manual, cuatro de Estiramientos para 100 músculos y otras cuatro ediciones del libro Lesiones del Corredor.

Eres muy defensor de lo natural, de la homeopatía y de los tratamientos poco agresivos.

Hay muchos médicos que amparándose en la etiqueta de “Medicina basada en la evidencia” hablan mal de lo que no conocen. Te pongo un ejemplo. En foros muy importantes a los que asisto se dice que Traumeel es un medicamento homeopático, como pone en su caja, pero es mentira, no es un medicamento homeopático. De los catorce componentes del Traumeel en crema, doce son plantas y dos minerales. Nueve de las doce plantas van en una mínima dilución. Es un medicamento fitoterápico, con plantas poco diluidas que conservan sus propiedades perfectamente. La Homeopatía más extrema diluye tanto el principio inmediato, la planta, el mineral, que ya se pierde la molécula. Yo no utilizo ese tipo de medicamentos. Los que uso están poco diluidos y cercanos a la fitoterapia. El Árnica es Árnica y la Belladona es Belladona. Mucha gente habla sin propiedad de estos temas.

¿Puede coexistir la medicina tradicional con una visión más cercana a la fitoterapia?

Sí, de hecho coexisten. Yo mando ibuprofeno, antibióticos y lo que tenga que recetar, siempre que se respete el primer principio de la medicina, que es Primum non nocere, es decir, no hacerle al paciente más daño del que ya trae a la consulta. Los medicamentos biológicos son una herramienta más, como la Medicina Manual es otra herramienta, dentro de un nombre muy grande que es la Medicina. No todo son factores de crecimiento, toxina botulínica, ibuprofeno o Traumeel. Cada cosa tiene su aplicación en su momento.

En los últimos meses se está hablando mucho de los efectos nocivos del sedentarismo. Algunos médicos dicen que estar cinco horas sentado, sin moverse, provoca unos efectos similares a los de fumarse un paquete de tabaco. ¿Qué opinas de este asunto?

Una vez le pregunté a un famoso arqueólogo cada cuánto tiempo se produce una adaptación o una modificación en el homo sapiens. Él me dijo que cada 20.000 o 30.000 años. Es decir, perderemos el coxis, pero quizá dentro de 10.000 años. Nosotros, en los últimos 50 años, hemos llevado a cabo un cambio radical en nuestro estilo de vida. Hay compañeros médicos que dicen que correr es muy malo y yo les contesto que al menos correr está presente en el homo sapiens desde sus inicios, cuando huía, cazaba, buscaba lugares diferentes para vivir, etc. Correr es humano, pero sentarse delante de un ordenador no lo es. Según ese antropólogo, es difícil que en tan poco tiempo nos adaptemos a la postura de sentado. Mis profesores, en la facultad, me decían que el dolor de espalda es el precio que paga el humano por adaptarse a la bipedestación. Quizá es un poco duro, porque la bipedestación la tiene el humano hace muchos años. Los sumerios, los egipcios o los mesopotámicos también tenían dolores de espalda y es algo que se ve en sus tablillas y grabados. Quizá lo hemos incrementado en estos últimos 50 años, pero no sólo por estar sentados, sino por la falta de ejercicio y por la dieta. Si estamos sentados delante de un ordenador ocho horas pero corremos una hora, cinco días a la semana, ya estamos contrarrestando los efectos del sedentarismo. Correr es el antídoto perfecto para nuestro estilo de vida.

En el libro La enzima prodigiosa, Hiromi Shinya afirma que realizar mucho ejercicio puede dañar la salud, porque cuanto más ejercicio hagas, más radicales libres produces. Dice que ésa es la razón por la que vemos casos en los que una persona muere de repente de un ataque cardíaco mientras corre. ¿Estás de acuerdo con esta opinión?

Es una vergüenza que en muchas carreras de maratón no exijan un reconocimiento médico deportivo. A partir del kilómetro treinta nuestro metabolismo cambia y entramos en el terreno de la incertidumbre. Desde el punto de vista metabólico no estamos adaptados a la prueba de maratón. Por tanto, hay que controlar bien nuestra salud con un reconocimiento realizado por un profesional, independientemente de lo que comamos o bebamos o cómo entrenemos. Por otra parte, hay un grupo de médicos que se empeña en estudiar la muerte súbita como factor cardiológico o como factor estructural: “Tengo el corazón de una determinada manera, esto es familiar y me ha tocado a mí”. Esto es dar mucha más importancia a la estructura que a la función. El segregar determinadas hormonas, como la adrenalina, o el poner de manifiesto nuestro sistema simpático en unos determinados segundos cuando en plena carrera nos animan unos familiares o adelantamos a alguien y nos sube el pulso, es algo inmedible. Hay muchos factores durante la carrera a pie que hacen que cambies tu pulso, tu ritmo respiratorio, tu secreción hormonal y por tanto no estamos exentos de sufrir un ataque. Hay que tener cuidado porque el ejercicio físico es pro-inflamatorio y esa inflamación puede crearte situaciones complicadas para el sistema nervioso, el sistema cardiovascular y no sólo para el osteo-articular.

Hace un par de años te dieron el prestigioso premio Hans-Heinrich Reckeweg. ¿Qué valoración haces de este reconocimiento?

Cuando lo recogí en Baden-Baden (Alemania), aparte del agradecimiento a mis familiares y amigos, dije que dedicaba el premio a la medicina española, porque es el mayor reconocimiento mundial dentro de la medicina biológica y quería defender a ultranza la medicina española, no por corporativismo, sino porque me he formado en España y he desarrollado mi trabajo en nuestro país, donde hay muy buenos médicos y tenemos un excelente sistema de salud. Por cierto, aprovecho para decir que los españoles nunca deberíamos permitir que esto se acabara.

Además de publicar libros técnicos has escrito en diferentes publicaciones, entre ellas Runner’s World, y eres muy conocido por tus textos sobre medicina deportiva, pero acabas de publicar un libro muy diferente, Correr no es de cobardes. ¿Cómo surge la idea? ¿Qué se van a encontrar los lectores en esta publicación?

Siempre he amado la literatura y he escrito muchas cosas. Ya en mi época universitaria ganaba concursos de cuentos. Todo esto surge porque soy un gran lector. Leo entre dos y tres libros por semana, con temática bastante variada: literatura pura o de divulgación científica. Creo que escribir surge de leer. Y yo tenía una necesidad de expresar cosas que había vivido, sobre todo en los años ochenta, cuando comienzan las carreras populares y la ruta en España. Considero que puedo aportar una visión curiosa, desde dentro, de los que corríamos y quedábamos en los primeros puestos de las carreras. También me motivó mucho leer De qué hablo cuando hablo de correr, del japonés Haruki Murakami. Me sentí bastante identificado.

¿Qué autores son tus referentes?

Mi autor favorito español es Javier Marías, soy fan incondicional. Me encanta su obra Los enamoramientos, es una novela perfecta. Mi libro favorito es El Quijote, hay que leerlo una o dos veces en la vida. También me gustan mucho los clásicos de la narrativa americana: Poe, Hemingway, Steinbeck, etc. Y ahora tengo un ídolo allí al que sigo: Paul Auster. Cada año se publica un libro suyo y leo todos . El último son unas cartas con Coetzee, el Premio Nóbel. Me encanta.

En esta época tecnológica tan deshumanizada, ¿qué espacio tienen el libro y las manifestaciones culturales más tradicionales y con más encanto?

Un 30% de lo que leo es en libro electrónico, pero creo que el papel es algo mágico. El pasar la página, oir el ruido y sentir el roce con la hoja es algo único. No sabes lo que te espera a la vuelta de la hoja. El libro técnico sigue teniendo su hueco en papel y el libro literario está perdiendo mucho, pero para mí sigue habiendo algo especial y romántico en el papel.


Deja tu comentario

Avanza hasta el final para pasar al siguiente artículo
Avanza hasta el final para pasar de página

Te recomendamos

Under Amour se adelanta a Papá Noel con unos súper regalazos

La firma estadounidense abre tres nuevas tiendas en El Corte Inglés de Barcelona, Val...

El síndrome de la cintilla iliotibial

Cuando corres demasiado, o sobre terrenos muy duros, la cintilla iliotibial puede inf...

El camino que te lleva al bienestar

Las Tierras Altas escocesas son un paraíso natural perfecto para deportistas...

Lánzate al trail con la zapatilla ideal

Solo los que lo han probado saben lo que enamoran los kilómetros en la montaña....

Probamos la colección Free II de Joma

Comodidad y ajuste, sin renunciar al diseño...

Análisis / Brooks Levitate

Todo nuevo para buscar nuevas sensaciones....



Runner´s World te recomienda

Prepárate para correr temprano con nuestras 5 claves

Prepárate para correr temprano con nuestras 5 claves

Puede que tu próxima carrera te haga madrugar más de lo habitual, así que empieza a aplicar desde ya estos consejos para que todo salga rodado.

12/12/2017 | Cindy Kyzma

¿Una siesta?

¿Una siesta?

Anoche no dormiste bien y hoy tienes un entrenamiento duro a última hora del día. ¿Es una buena idea echarse una 'siestecita'?

12/12/2017 | Cindy Kuzma |

Compra aquí el libro " La Sansil", sobre la San Silvestre Vallecana

Compra aquí el libro " La Sansil", sobre la San Silvestre Vallecana

El libro oficial de la San Silvestre Vallecana

11/12/2017 | TicketSport

7 años de investigación contra el dopaje sistemático en Rusia

7 años de investigación contra el dopaje sistemático en Rusia

El Informe McLaren denunció una práctica de Estado en cuanto al dopaje de sus atletas en vísperas de los Juegos Olímpicos de Río 2016.

04/12/2017 | EFE

Utilizamos cookies propias y de terceros para facilitar y mejorar la navegación, mostrarte contenido relacionado con tus preferencias y recopilar información estadística. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Más información.